Los frutos de la paciencia

25 / 05 / 2007 0:00 Pilar Parra
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Es una virtud, pero carecemos de ella. Hemos fomentado el ideal de “vida intensa” frente a la vida sosegada. Queremos el éxito fácil y ya. Nos consume la impaciencia.

En nuestra cultura actual la paciencia no está de moda. Lo que cuentan son las prisas, la efi cacia rápida, la competencia que premia al que llega antes... lo dice el filósofo Xabier Etxeberria, catedrático de Ética en la Facultad de Derecho de la Universidad de Deusto. Las razones para llegar a este comportamiento pueden ser varias. “En principio la paciencia pide calma y nosotros hemos creado la civilización de la prisa, de la impaciencia. Asociamos la productividad a la velocidad: cuanto más rápidos vayamos, más produciremos. Hemos fomentado el ideal de ‘vida intensa’ frente a vida sosegada: acumular el mayor número posible de experiencias de todo tipo en el menor tiempo. En consonancia con ello hemos asociado lentitud con aburrimiento. No conseguir enseguida lo que pretendemos nos genera frustración. En el mundo de la competitividad el que no llega el primero pierde. Por otro lado, se da de la paciencia la peor de las versiones, al identifi carla unilateralmente con el aguante de todo lo que nos venga, incluso si es injusto. El paciente carecería de rebeldía, de espíritu de lucha para reclamar sus derechos”.

Infancia, adolescencia

El ambiente social en el que vivimos también tiene que ver con este tipo de patrones. Hacer cola para sacar el abono transporte se convirtió para Juan G. en una auténtica pesadilla. Parecía que en la espera perdía todos los trenes posibles para llegar puntual al trabajo. Era tal el agobio que lo que para una persona normal se repite cada primero de mes, para él se convirtió en una fobia. Su madre acabó con el problema de impaciencia de su hijo. Decidió que iba ella a la cabina del Metro. Asunto resuelto.

La incapacidad para demorar el refuerzo se observa mucho en la infancia y en la adolescencia. “Uno vive el presente de forma tan intensa que es incapaz de sacrificar algo de su tiempo en beneficio de un bienestar mayor a medio-largo plazo. Muchas veces merece la pena esperar y tener paciencia, porque el beneficio será mayor –señala la psicóloga Paloma Méndez de Miguel, de Activa Psicología (www.activapsicologia.com)–. Hoy en día los niños viven de una forma muy hedonista, consiguen todo lo que quieren sin demasiado esfuerzo. En muchas ocasiones no han aprendido a asociar la relación que hay entre el esfuerzo y el resultado (por ejemplo, si me porto bien me llevan al cine), de forma que hagan lo que hagan obtienen el refuerzo. Los niños pequeños habitualmente no tienen paciencia. Quieren algo y lo quieren ya. Es el adulto el que tiene que enseñarles a modular esto, frustrando en ocasio- nes su deseo inmediato y haciéndole ver que en ocasiones hay que esperar para conseguir las cosas. Es esencial aprender esto cuando se es pequeño para que cuando nos hagamos mayores podamos ser capaces de ser pacientes”.

Consecuencias

La impaciencia fomenta una vida de ansiedad y estrés personal y, por otro, una relación tensionada con los otros, potencialmente agresiva. Esta repercusión variará en función de la situación. “Pero en general esta impaciencia les lleva a perder oportunidades –cuenta la psicóloga Paloma Méndez de Miguel–. Les dificulta en ocasiones tener perseverancia, algo muy necesario para progresar. Por ejemplo, una persona al terminar la carrera puede continuar su formación o ser impaciente y ponerse a trabajar enseguida. Posiblemente sus posibilidades laborales y de promoción posteriores se verían facilitadas si continuase su formación, pero esa demora temporal no la aceptan. En ocasiones esto se da mucho antes, y uno deja los estudios porque quiere ‘dinero ya’. Tienen dificultades para el ahorro y para conseguir cosas que requieran sacrificio continuado”.

Lo primero que hay que hacer para ir avanzando en la paciencia es, en opinión del filósofo Xabier Etxeberria, apreciarla. “Si no se aprecia, evidentemente no se anhelará. Para apreciarla, a su vez, conviene tener una visión ajustada de la misma, para no confundirla con algunos de sus extremos. Una vez apreciada, tenemos que conocernos a nosotros mismos, nuestras tendencias temperamentales, etcétera”.

Conductas

Tratar la impaciencia es complicado, pero se pueden seguir algunas pautas. “Si uno tiende a sobrecargarse de tareas en el trabajo, es importante saber posponer las decisiones –dice Méndez de Miguel–. Si sabemos que tendemos a responder demasiado rápido hay que hacer un esfuerzo y no dar una respuesta antes de haber valorado las ventajas e inconvenientes de esa decisión. Si somos impacientes debemos tomar conciencia de ello, e intentar que esto no repercuta negativamente en nuestras relaciones con los demás. También debemos aprender a analizar las consecuencias de nuestra conducta a corto plazo y a medio-largo plazo. Puede que me apetezca mucho hacer un viaje estupendo ahora, pero sé que si lo hago los tres siguientes meses voy a tener dificultades económicas. A lo mejor sería más interesante programar un viaje para más tarde, de forma que pueda hacer el viaje y, además, no tenga problemas económicos. Creo que aprender a analizar las consecuencias a medio plazo de nuestra conducta precipitada es muy importante para no tener que arrepentirnos después de nuestras decisiones”.

Se ha estado en momentos culturales en los que la paciencia era socialmente más valorada. Pero no se trata, de todos modos, de que añoremos esos tiempos. “Tenemos que estimular una paciencia encarnada en nuestros tiempos –propone Xabier Etxeberria–. La paciencia no es una virtud mediocre ni de mediocres”. Una opinión que corrobora Paloma Méndez: “Es una gran virtud. En otros tiempos se podía confundir con la resignación. Si uno era pobre no es que tuviera paciencia para adquirir una televisión, es que no la podía comprar. Ahora muchas cosas facilitan nuestra impaciencia: los créditos, los pagos a plazos... Estamos inmersos en una cultura extremadamente consumista y competitiva. Por tanto, si mi vecino tiene una cosa que me gusta, ¿por qué no la puedo tener yo?

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