13 de abril de 1987

26 / 01 / 2018
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Suárez rompe su silencio.

Adolfo Suárez y Nativel Preciado durante la entrevista

El expresidente del Gobierno Adolfo Suárez rompió su silencio tras los comicios de 1986 con una entrevista en TIEMPO, en la que cargó duramente contra Felipe González, jefe del Ejecutivo por entonces. Suárez quería volver como fuera al palacio de la Moncloa, pero nunca más lo consiguió. La periodista Nativel Preciado firmó la conversación.

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Adolfo Suárez, para no ser prisionero de sus palabras, quiere ser dueño de su silencio. Estas son las primeras declaraciones en exclusiva que realiza tras las elecciones generales de 1986. Cuatro largas horas en su despacho de la calle Antonio Maura. El líder del CDS remonta el vuelo. Se siente mejor que en sus mejores tiempos. A sus 54 años está dispuesto a comerse el mundo. Las encuestas le son favorables. Su partido crece y los socialistas empiezan a considerarle un peligro.

P_ ¿Le gusta que le llamen “duque”?

R_ Es un título que llevo con orgullo por la persona que me lo otorgó y por los motivos por los cuales lo hizo, pero desde muy pequeño estoy acostumbrado a que me llamen Adolfo o, en todo caso, señor Suárez.

P_ ¿No es algo utópico soñar con volver a La Moncloa?

R_ Puede que encierre una dosis de utopía, pero a estas alturas lo veo como una posibilidad muy real y, sobre todo, necesaria para la democracia española.

P_ ¿Se puede construir un partido contra los estadounidenses, la banca y el resto de los poderes fácticos?

R_ Yo no estoy contra todo; lo que no estoy es de rodillas ante nadie. Ni ante la banca ni ante los americanos. Llevar a la práctica los principios de la libertad, la igualdad y la solidaridad que figuran en nuestra Constitución implica, muchas veces, enfrentarse con sectores poderosos.

P_ ¿Cuándo se dio cuenta de que era usted de izquierdas?

R_ No, yo soy de centro. Yo aspiro a que el centro exista ideológicamente, que sea una definición filosófica del hombre, la sociedad y el Estado. Se nos llena la boca de libertad, justicia y solidaridad. Vivimos en una sociedad injusta y eso hay que cambiarlo.

P_ ¿Le hubiera gustado ser Felipe?

R_ No, en absoluto. Felipe es Felipe. Yo soy yo. Cada uno tiene su propia historia.

P_ Si hubiera nacido en Sevilla, en vez de en Ávila, y fuera hijo de un vaquero y no de un procurador de los tribunales...

R_ Los nacimientos marcan y nacer en una ciudad de profunda tradición cultural es una ventaja. Sin embargo, nacer en un pueblo, donde el primer impacto cultural que recibes es un pasodoble tocado por la banda municipal, supone una limitación. Tengo muy pocos puntos de contacto ideológicos y de carácter con Felipe González.

P_ Usted parece más un profesional del poder que de la política.

R_ No. Soy una persona que sabe ejercer el poder; pero el poder es para gobernar, no para mandar.

P_ ¿Felipe manda más que gobierna?

R_ Él también es producto de una biografía personal mucho más democrática que la mía, pero yo soy el presidente que trajo las libertades a este país y jamás arrinconé a nadie. Con todo, creo que Felipe González manda más que gobierna. Yo demostré ser más comprensivo, más tolerante, más dialogante. Nunca me siento en posesión de la verdad y mucho menos de la verdad política.

P_ ¿Qué ha hecho Felipe González para defraudarle tanto?

R_ Durante algún tiempo, en mi etapa de presidente del Gobierno, fui consciente de que debía construir los cimientos de una democracia sólida. Aquello del puedo prometer y prometo, ¿lo recuerda?

P_ Naturalmente.

R_ Entre mis obligaciones estaba la de hacer posibles las alternativas de poder. Fui objeto de una oposición muy dura, hubiera necesitado más consenso. Pasadas las peripecias de la moción de censura, el año 80, y con el triunfo socialista del 82, el programa de Felipe González llegó a ilusionar a muchos españoles, por eso entendí que era bueno apoyarlo y no defraudar las expectativas que había en el cambio político.

P_ ¿Le ofrecieron alguna vez los socialistas un cargo institucional?

R_ Jamás. Yo nunca hubiera formado parte de un Gobierno socialista.

P_ Felipe González se entendió mejor con Calvo-Sotelo que con usted, le ha recibido mucho más en La Moncloa.

R_ No sé cuántas veces habrá ido Calvo-Sotelo. En la pasada legislatura fui a verle en bastantes ocasiones, pero eso se rompió hace más de un año, por un motivo muy concreto: el referéndum de la OTAN. Desde entonces no he vuelto a hablar con él.

P_ ¿Por qué no se manifestó abiertamente contra la OTAN?

R_ Por sentido de la responsabilidad, yo no podía encabezar la manifestación del No. Después de ser presidente del Gobierno, uno no vuelve a ser el que era antes.

P_ ¿Le ha purificado la travesía del desierto?

R_ Creo que sí. Las limitaciones del poder te hacen ver con más responsabilidad los temas importantes, como es la política de paz y seguridad, que debe tener el máximo consenso.

P_ ¿No quiso ir contracorriente?

R_ Eso es. La mayoría del Parlamento era favorable a la permanencia de España en la Alianza Atlántica, con matices. Por tanto, una oposición a esa política era ir contracorriente. Le mandé una carta al presidente González diciéndole que nunca encabezaría la manifestación del No.

P_ Eso creó gran confusión.

R_ No dejé libertad de voto. Lo lógico es que el presidente del Gobierno no hubiera convocado el referéndum, que hubiera disuelto las Cámaras y que convocara elecciones. La negociación se hizo mal y eso creó un sentimiento anti-OTAN. Ahora estamos pagándolo en la negociación del tratado con Estados Unidos.

P_ ¿Por qué es tan antiestadounidense?

R_ No soy ni antiestadounidense ni anti-OTAN. Tampoco soy un proamericano insensato y glorioso. Creo que los intereses estratégicos de Estados Unidos, apoyados desde las bases instaladas en territorio español, pueden ser contrarios a nuestros propios intereses.

P_ ¿Si vuelve a la presidencia, se cree capaz de ser más independiente de los norteamericanos que Felipe González?

R_ No sé el grado de dependencia que él tiene. Mi idea es que la bipolarización existente debe ser sustituida por otros focos de poder. Europa debe asumir un protagonismo que histórica, cultural y militarmente le corresponde.

P_ ¿Sobran las bases en España?

R_ Evidentemente. En territorio español ya tenemos una base de la OTAN, que es Gibraltar y que es fundamental para definir cuál es la contribución española en la defensa del flanco Sur.

P_ ¿Sin consecuencias ni represalias?

R_ Puede haberlas, pero esas tensiones se producen todos los días. Estuvimos a punto de que se congelaran las exportaciones españolas de calzado a Estados Unidos por la presión de los exportadores de calzado norteamericanos. Pero en modo alguno tenemos que hacer lo que digan los demás.

P_ ¿Por qué cree que González ha logrado lo que usted no logró siendo presidente: tranquilizar a los militares, a la banca, a los norteamericanos...?

R_ No puede comparar objetivamente ambas situaciones. En aquel momento el proceso político era muy tenso. Todas aquellas tensiones han servido para que las cosas se tranquilicen.

P_ ¿Tuvo usted algún problema personal, alguna decepción con Felipe González?

R_ He sentido una gran frustración, no sé si en ella hay algún componente personal. A Felipe se le regalaron muchas cosas importantes, las obtuvo sin esfuerzo. Da la impresión de que piensa: “¿Cómo es posible que existan problemas siendo yo el presidente?”. Tengo la sensación de que le molestan las críticas.

P_ ¿De qué más le acusa?

R_ Yo le acuso, sobre todo, de no prestar suficiente oído a las críticas.

P_ ¿Le quedan muchas heridas de su paso por el Gobierno?

R_ No, no estoy conformado políticamente desde el resentimiento. No soy de los que creen que la venganza es un placer de los dioses, me parece una estupidez, una auténtica estupidez. No quiero perder el tiempo con la venganza, porque no me produce placer. Recibí muchas heridas, y supongo que yo también las causé sin pretenderlo. Pero están todas
 cicatrizadas.

P_ Tras el desastre de Unión de Centro Democrático (UCD) usted quedó reducido a cenizas. ¿Se siente ahora como el ave fénix?

R_ No me siento como el ave fénix, pero hay que valorar las cosas con realismo y creo que estamos haciendo una verdadera alternativa de poder.

P_ ¿Qué haría usted si logra una segunda oportunidad?

R_ Corregir muchos defectos. Estaré apoyado por una fuerza política más homogénea, que es muy importante, y, desde luego, no toleraré privilegios de ningún sector. Estoy convencido de que al día siguiente de ganar las elecciones el ciudadano del último rincón de España empezará a percibir que tiene más libertad, más justicia, más solidaridad y que es más protagonista.

P_ ¿Por qué quiere volver a conquistar la cima? Ya tiene un lugar en la historia.

R_ Soy un político y quiero llevar a la práctica lo que pienso. Y, además, en mi caso hay una frustración personal. Quiero ejercer el poder cuando tenga la confianza del pueblo, pero también quiero ejercer la oposición.

P_ Pues ya le hubiera gustado a usted gobernar con mayoría absoluta.

R_ No sé hasta qué punto hubiera sido mejor. Quizá hubiéramos tenido tentaciones de hacer una Constitución menos válida para todos los españoles.

P_ ¿Se siente más cerca de Nicolás Redondo que de Felipe González?

R_ Estoy más cerca de muchas de las posiciones de Nicolás Redondo.

P_ ¿Esta España es más feliz o más infeliz que la suya?

R_ No soy quién para hablar en nombre de los españoles, pero creo que esta España está menos ilusionada.

P_ Le veo feliz, señor Suárez.

R_ Nunca se acaba de estar conforme con uno mismo, pero la verdad es que me siento muy tranquilo. Estoy muy bien, sinceramente. En todos los chequeos que me hago dicen que doy de libro, aunque no está bien que yo lo diga.

SUAREZ
Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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