Esperpento, farsa, intoxicación

08 / 11 / 2017 Nativel Preciado
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Me siento engañada por los que me hicieron creer que Puigdemont tenía un ramalazo heroico.

En unas cuantas horas de politización frenética hemos pasado de la euforia y la excitación, a la depresión y el hundimiento y viceversa. Soy incapaz de prever en qué situación nos encontraremos cuando estas líneas lleguen al lector. Hoy estamos pendientes de la bochornosa fuga de Carles Puigdemont a Bruselas, la querella de la Fiscalía contra el expresidente de la Generalitat, su Gobierno, la presidenta del Parlamento, Carme Forcadell, y los miembros de la Mesa, por rebelión, sedición y malversación. Puigdemont ya está siendo investigado por este último en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. La acusación pide a los querellados que depositen una fianza de más de 6 millones de euros y, en caso de no depositarla, reclama el embargo de sus bienes. Y solicita, además, su comparecencia “urgente” para tomarles declaración y valorar la adopción de medidas cautelares personales contra ellos. Vivimos casi en paralelo las continuas movilizaciones multitudinarias junto a la declaración de la república catalana, la convocatoria de elecciones autonómicas el 21 de diciembre y la precipitada precampaña electoral que se nos viene encima. Hasta el expresidente de la Generalitat, el socialista José Montilla, dice que el Govern de Puigdemont “ha engañado” a los catalanes, porque una declaración de independencia no aplicada “es un esperpento” y “una farsa”. Yo también me siento engañada por los que me hicieron creer que Puigdemont tenía un ramalazo heroico que le haría asumir su decisión hasta las últimas consecuencias.

Y es porque padecemos un exceso de politización en el ambiente. Por eso me permito dar un giro radical al argumento, porque es bueno alejarse, aunque sea de manera fugaz, de la intoxicación política y encontrar gente capaz de pensar con sosiego y presentar proyectos tan oportunos como El Estado Mental, una iniciativa más de Borja Casani, impulsor de revistas como La Luna, Sur Exprés o El Europeo, entre otras notables iniciativas culturales. Casani intenta transformar la manera de pensar y de vivir de la gente, porque lo considera el método más eficaz para cambiar la política. Está demostrado que cuando los ciudadanos se movilizan, los políticos se ponen al frente de la manifestación para no ser arrollados por los acontecimientos y terminan haciendo suyas las inquietudes de la gente. Recuerdo, una vez más, que así, de abajo arriba, se llevó a cabo la transición de la dictadura a la democracia en España. Los procesos políticos son el resultado, a medio o largo plazo, de las presiones ejercidas por la sociedad civil y nunca al contrario. Cuando los sistemas políticos se dedican a adoctrinar, en vez de educar, sus efectos no suelen permanecer demasiado tiempo. Los dogmas inoculados, en contra del sentir general, se van borrando a medida que se recupera la libertad de pensamiento. Hoy las encuestas, aunque prematuras, vaticinan un repliegue de los independentistas sobrevenidos que, como dice Montilla, han asistido a una farsa y no a la proclamación de la república catalana. Mañana, veremos.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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