Vox populi, vox Dei

27 / 05 / 2011 0:00 Gregorio Peces-Barba
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La victoria del Partido Popular en estas elecciones municipales y autonómicas está clara y es contundente, con un alcance y una extensión extraordinarios.

27/05/11

DICE EL VIEJO REFRÁN electoral que la voz del pueblo es la voz de Dios y como demócrata de mucho tiempo acepto la legitimidad de las mayorías. Aplicando este criterio a las elecciones municipales y autonómicas celebradas el 22 de mayo en nuestro país, está clara y es contundente la victoria del Partido Popular, con un alcance y una extensión extraordinarios. De las 13 elecciones autonómicas celebradas, solo conservamos Extremadura, si Izquierda Unida nos apoya, y hemos perdido Castilla-La Mancha, Asturias, Cantabria y probablemente Aragón. En las municipales solo conservamos cuatro capitales de provincia: Cuenca, Toledo, Soria y Lérida, es decir solo la cuarta parte de lo anterior. En Madrid hemos perdido muchas ciudades emblemáticas como Alcorcón, Leganés y podemos perder también Getafe, como ya antes perdimos Móstoles.

También podemos lamentar que los votantes hayan perdido la memoria histórica, el agradecimiento, y olvidado a quienes han trabajado siempre a favor de los más pobres y de los más modestos. Pero no valen esas consideraciones, si recordamos el viejo y único principio que, medio en broma, medio en serio, se debe aplicar también a estos casos: “Vinieron los sarracenos y nos molieron a palos, que Dios protege a los malos cuando son más que los buenos”. Las mayorías y la razón no siempre caminan juntas en las controversias y en las disputas. Ganan los que son más, aunque no defiendan la causa más decente y justa. Para eso en elecciones como estas las conquistas no son suficientes para mantener la adhesión a una idea o a un programa. Esto ha pasado en las recientes elecciones, con muchos votantes molestos y vinculados a la clase trabajadora que han dado el voto al PP. Incluso en Asturias han apoyado a Francisco Álvarez Cascos, que es un tránsfuga del PP, y que ha sido el más votado. Pero esa separación no es obstáculo para el PP. Seguramente asumirá la humillación y apoyará a Cascos como presidente. Aunque a veces encubran los intereses como principios, al final siempre afloran los intereses. Va a ser necesario sacudir, un poco, las conciencias para detener esa sangría.

Es verdad que desde 1977 el PSOE ha gobernado 22 años y el PP ocho años y que todos los progresos que han beneficiado a las sectores más modestos han venido siempre de la mano del PSOE. Así la investigación de la sanidad y de la educación, las leyes del aborto, de igualdad y de protección de mayores y enfermos con la ley de dependencia. Podemos asegurar que solo el PSOE ha apostado decididamente por esos sectores y ha gobernado para todos, pero pensando en beneficiar a los más necesitados. Ha construido una verdadera y sólida filosofía del Estado social, hoy llamado más débilmente Estado del bienestar, que es un término que no tiene el alcance del término Estado social. Ahora que hemos sido vencidos es tiempo de seguir siendo leal al concepto de Estado social y a todas las luchas en la mejor tradición socialdemócrata. Así, ganando o perdiendo elecciones debemos mantener nuestro programa socialdemócrata, con el orgullo de serlo. Tampoco en eso somos iguales al PP.

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