La teoría del péndulo

17 / 08 / 2007 0:00 Alfonso Guerra
  • Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

Los resultados electorales, su explotación pública y la declaración del cese del alto el fuego por la banda terrorista ETA han creado un clima político polucionado.

De las elecciones municipales y autonómicas se pueden extraer algunas conclusiones:

- El crecimiento de la abstención adquiere un grave nivel de preocupación, muy especialmente en algunas zonas como Cataluña.

- La práctica corrupta de los cargos públicos no sólo no castiga, sino que aumenta los apoyos de los incursos en procedimientos judiciales.

- El Partido Socialista conquista algunas ciudades importantes que venían siendo gobernadas por el Partido Popular, mientras que éste sólo arrebata dos a los socialistas.

- La distancia electoral en las comunidades de Madrid y Valencia, a favor del PP, ha sido muy importante.

Basándose en la situación de estas dos comunidades, el PP ha hecho una explotación algo abusiva de los resultados proyectándolos sus dirigentes sin fundamento sobre las próximas elecciones legislativas.

No se habían apagado los fervores de los triunfos electorales cuando la banda terrorista ETA anunció el cese del alto el fuego. El presidente del Gobierno compareció públicamente para dar tranquilidad a los ciudadanos, para confirmar que la batalla la ganará la sociedad frente a los violentos y para hacer una llamada al acuerdo de todos contra el terrorismo. Esta última intención se reveló, como mínimo, poco realista en cuanto se escucharon las palabras del líder del PP, quien se olvidó del bando de ETA para recriminar al presidente del Gobierno. No era esta la primera vez que el señor Rajoy erraba la invectiva apuntando al presidente cuando la lógica hacía esperar que dirigiera su ataque a los terroristas. Pero esta vez alcanzaba una gravedad especial: sólo habían transcurrido unas horas desde que ETA anunciara que volvería a matar. No se comprende fácilmente que un dirigente político, ante la amenaza de muerte para los ciudadanos, dedique de inmediato sus esfuerzos para acusar a un presidente legítimo y democrático. A menos que se considere que forma parte de una estrategia deliberada: alcanzar el poder a cualquier precio. Es la repetición de la estrategia del señor Aznar contra Felipe González.

La continua táctica del desprestigio del presidente –que cumple ya tres años– probablemente no ha cosechado una limpia consideración de los ciudadanos acerca del señor Rajoy, pero sin duda a una parte de la población le ha podido hacer mella, le habrá hecho pensar que el presidente es más condescendiente de lo debido con los terroristas. En política la percepción es casi tan importante, a veces más, que la realidad. De tal manera que si algunos españoles perciben al presidente en un extremo del péndulo, por muy centrado que esté, si quiere disuadirles tendrá que hacer un movimiento hacia el lado opuesto. Lo que quiero expresar es que el presidente del Gobierno quizá debería hacer un esfuerzo de firmeza contra los métodos y objetivos de los terroristas para conseguir desvanecer la idea que algunos hayan podido extraer de las calumnias lanzadas por el PP (aceptación del chantaje, cesión permanente, venta de Navarra, etcétera). Sólo así logrará ser percibida con claridad la auténtica posición que ha mantenido el Gobierno: lucha contra el terrorismo sin cuartel y, si se presentaba una ocasión para exterminar para siempre la violencia, explorar las posibilidades. No ha sido así, porque los terroristas, mecidos además por la mano de los dirigentes del PP, la emisora episcopal y algunos periódicos han declarado seguir con su locura asesina. Está en la lógica del crimen; no está en la lógica de la democracia que un partido culpe a un gobierno legítimo del reino de la muerte.

Esta kafkiana situación hace necesario que el presidente, sin delegación posible en sus ministros, aproveche todas las ocasiones que encuentre para mostrar su determinación más firme contra los terroristas, firmeza en las acciones, los conceptos y las palabras. Logrará con este –injusto si se quiere– movimiento al otro lado del péndulo dos objetivos necesarios: que la inocencia de algunos ciudadanos no les haga caer en la trampa que les tiende el PP y sus adláteres, y desenmascarar la estrategia del señor Rajoy de utilizar el terrorismo para alcanzar el poder. La reciente reunión de Zapatero y Rajoy hace albergar algunas esperanzas de que el deseado acuerdo contra los terroristas pueda hacerse realidad.

COMENTARIOS

No hay comentarios

ENVIA TU COMENTARIO

  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Grupo Zeta Nexica