Un año de Trump

28 / 12 / 2017 Alfonso S. Palomares
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Todas las medidas de su mandato han generado tensión y polémica dentro y fuera de Estados Unidos.

Donald Trump a bordo del avión presidencial, el Air Force One. Foto: P. Martínez Monsivais/AFP

Después de conseguir que el Senado aprobara su reforma fiscal por 51 votos a favor y 48 en contra, Donald Trump levantó los brazos y corrió hacia el centro del escenario mediático mundial para reclamar la gloria de ese triunfo decisivo. Sin embargo, son muchos los analistas que consideran que puede ser un triunfo de Trump para que las élites y las empresas ricas cosechen los frutos de su política mientras el pueblo terminará asumiendo los costes. Los que tienen una renta de más de un millón de dólares son los grandes beneficiados. Es la mayor rebaja de impuestos desde la era Reagan, hace treinta años. Las sociedades pasan de cotizar el 39% al 21%. Las arcas públicas perderán 1.500 billones de dolares (1.265 millones de euros) en diez años, el 1% del PIB. Trump sostiene que esa pérdida no se producirá porque cuanto más baja es la presión fiscal, más se anima la economía y el crecimiento económico compensará la pérdida de ingresos.

En este primer año de la era Trump ha habido otras muchas decisiones tomadas por el mandatario que han sembrado tensiones y enfrentamientos en el mundo. Su lema básico, “América primero”, está derivando en muchos enfrentamientos secundarios. El repliegue de Estados Unidos está agrietando la OTAN y abandonando Europa. Uno de los problemas más serios que le está ocurriendo al planeta es el cambio climático, denunciado por la mayoría de los científicos, pero para Trump es una patraña y ha retirado a Estados Unidos de los acuerdos de París.

La paz dinamitada

Todo lo que toca es para aumentar la tensión o generarla. Recientemente ha declarado Jerusalén como capital de Israel, lo que llevará al traslado de la embajada estadounidense de Tel Aviv a la ciudad santísima. La decisión sublevó a los palestinos y los instaló en la ira de las piedras y los disparos, la rabia saltó también a la mayor parte del mundo musulmán. Esta decisión dificulta las negociaciones para un nuevo proceso de paz, aunque la aplauda la derecha judía de Estados Unidos y los más fanáticos grupos evangélicos. Trump tampoco ha querido presionar a Benjamin Netanyahu para que detenga la expansión de los asentamientos judíos en Cisjordania, que de continuar terminará por convertir en inviable cualquier proceso de coexistencia de los dos pueblos.

Obama empleó su reconocida paciencia negociadora y su habilidad diplomática para que Irán suspendiera el programa para dotarse de armas atómicas y volviera a articularse en la sociedad internacional, ahora Trump amenaza con romper ese acuerdo y no dejar que Teherán desarrolle energía nuclear con fines pacíficos. Algo análogo, aunque distinto, sucede con Cuba. Obama estableció relaciones diplomáticas con La Habana allanando el camino para la transición del castrismo a la democracia, Trump amenaza con degollar el acercamiento azuzado por los viejos exilados de Miami.

Siguiendo el eslogan de “América primero” ha resucitado el lenguaje de la Guerra Fría declarando a Rusia y China responsables de erosionar los valores e intereses americanos, lo que se contradice con la declaración de colaborar  con ellos en el desarrollo común. La lógica de la esquizofrenia. A nivel interno sigue amenazando a los sin papeles y con la decisión inquebrantable de levantar el muro con Mexico. Con el neurótico Kim Jong Un mantiene un pulso verbal incendiario que cualquier día puede convertirse en llamas. En este caso no será solo culpa de Trump, el otro locoide también se las trae. 

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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