La canciller eterna

24 / 01 / 2017 Andreas Kluth
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Aunque maltrecha y debilitada, Angela Merkel, probablemente, saldrá reelegida.

Años antes de que Angela Merkel se convirtiera en canciller de Alemania en 2005, le dijo a un fotógrafo que estaba resuelta a encontrar el momento oportuno para dejar la política y evitar convertirse en un “náufrago medio muerto” en el poder. Merkel tenía en mente dos líderes de su propio partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU): Konrad Adenauer se aferró al poder durante 14 años antes de retirarse en 1963 y Helmut Kohl estuvo 16 años antes de dejarlo en 1998 en medio de un escándalo de financiación ilegal de su partido. Aun así, Merkel probablemente les igualará o les superará a ambos (tiene previsto presentarse a las elecciones federales de otoño de 2017).

Y esto es así porque tiene posibilidades de hacerse con su cuarto mandato (Alemania no tiene límites para el cargo). Alemania está amargamente dividida en cuanto al abrazo de Angela Merkel a los refugiados a finales de 2015, pero el número de nuevas llegadas ha caído en picado desde entonces y será mucho más manejable, dado que las fronteras han sido, en efecto, cerradas desde Turquía a los Balcanes. Y mientras la crisis interna oscila entre integrar a los refugiados que yase encuentran en Alemania y mantener el país a salvo de terroristas, Merkel se pasará 2017 clamando que ella, y solo ella, es la adecuada para el puesto.

Pero la razón real por la que a Merkel le será difícil superarse es, irónicamente, un preocupante desarrollo del sistema de partidos alemán por el que ella, a menudo, es culpada. Durante casi una década, Merkel ha estado llevando a su otrora conservador partido a la izquierda en sus políticas sociales, económicas y energéticas, y, según sus críticos, esto ha abierto un espacio a la derecha populista que ha sido ocupado por un nuevo partido, Alternativa para Alemania (AfD), de ideología euroescéptica, antiinmigrante y, a menudo, xenófoba. En 2017, el AfD cosechará mayores éxitos en tres elecciones regionales y luego, por primera vez, formará parte del Bundestag.

Los partidos tradicionales no contemplarán posibles alianzas con el AfD, por lo que una mayoría de los tres partidos de izquierda –los socialdemócratas, los verdes y los excomunistas– es matemáticamente imposible. Esto significa que incluso una muy disminuida CDU, como la formación más fuerte de las cinco o seis que hay, formará una coalición de Gobierno. Podría, sin embargo, agruparse con los socialdemócratas, o con los verdes y los liberales del Partido Democrático Libre (un desenlace que agrada a Merkel). En cualquier caso, todos los caminos llevan a Merkel a seguir en el cargo. 

La única amenaza para ella procede de sus propias filas. Desde la II Guerra Mundial, el centro derecha en Alemania ha tenido un peculiar convenio: los demócrata-cristianos aparecen en las papeletas de toda Alemania, excepto en Baviera, donde un “partido hermano”, la Unión Social Cristiana (CSU), ocupa el lugar de la CDU. Ambos son independientes, pero concurren juntos en las federales y forman un solo grupo en el Bundestag.

Horst Seehofer, líder de la CSU y primer ministro de Baviera, solía ser afín a Merkel; ambos todavía se dirigen el uno al otro con el informal . Pero desde el histórico fin de semana del 4 de septiembre de 2015 –cuando Merkel, en un gesto humanitario, dio la bienvenida a los refugiados que estaban desamparados en una estación de tren en Hungría–, Seehofer no ha dejado de atacar implacablemente a Merkel, a la que exige un límite fijo de refugiados, a menudo, con la misma retórica populista del AfD. Puede que no respalde a Merkel en la próxima campaña electoral, o podría, incluso, presentarse él como candidato contra ella, después de comprobar que su desafío le hace popular en Baviera, que en realidad es lo único que le preocupa. En las parlamentarias, sin embargo, una ruptura perjudicaría a ambos partidos hermanos. Por eso lo más probable es que ambos partidos sigan juntos, Merkel gane y pueda construir su legado. Adenauer afianzó la República posbélica en Occidente; Kohl logró la reunificación. Angela Merkel, hasta ahora, ha sido conocida tan solo por gestionar crisis (la financiera, la de la Eurozona, la de Ucrania). La respuesta de Alemania a su mayor decisión –recibir a enormes cantidades de personas culturalmente extrañas­– es todavía un proceso en marcha. Merkel necesitará unos pocos años más para recoger los resultados.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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