Los azafatos de Almodóvar

07 / 03 / 2013 11:12 Antonio Díaz
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Tiempo reúne a Javier Cámara, Carlos Areces y Raúl Arévalo, los tres actores que encabezan el coral reparto de la nueva película de Pedro Almodóvar, Los amantes pasajeros.

El próximo 8 de marzo se estrena en España Los amantes pasajeros, el esperado retorno a la comedia de Pedro Almodóvar. El decimonoveno filme del cineasta manchego parte de una premisa sencilla: una avería en el avión de la ficticia compañía Aerolíneas Península obliga a los pilotos, encarnados por Antonio de la Torre y Hugo Silva, a volar en círculos para agotar el combustible y a la espera de que les preparen una pista para ejecutar un peligroso aterrizaje forzoso. Mientras tanto, para evitar un motín a bordo, dan órdenes a los azafatos para que seden al pasaje de la clase turista y entretengan a los distinguidos viajeros de primera clase, una caterva de chalados entre los que se encuentran el exdirector de una caja de ahorros (José Luis Torrijo), una famosa vedette (Cecilia Roth), un asesino a sueldo (José María Yazpik), un actor reconocido (Willy Toledo), una adivina virginal (Lola Dueñas) y una fogosa pareja de recién casados (Miguel Ángel Silvestre y Laya Martí). Los tres alocados auxiliares de vuelo interpretados por Javier Cámara, Carlos Areces y Raúl Arévalo les suministran alcohol a raudales y una buena dosis de alucinógenos que suscitan pasiones desenfrenadas, confesiones íntimas y auténtico desparrame.

 

Tiempo ha reunido a estos tres actores, que encabezan el reparto más coral de toda la filmografía de Almodóvar, en el mismo despacho del cineasta en su productora El Deseo. Javier Cámara advierte a este periodista: “Estaría bien que comentara una cosa: en esta misma posición hicimos el primer ensayo y Pedro estaba sentado donde usted está sentado. A partir de este momento espero que la entrevista sea lo suficientemente high level para que esté a la altura de las circunstancias”. Comentado queda.

Javier es la tercera vez que trabaja con el director (después de Hable con ella y La mala educación), pero es la primera vez para Carlos Areces y Raúl Arévalo. ¿Impresiona reunirse con Pedro Almodóvar por primera vez en este despacho?

Carlos Areces: No, para nada. ¿Ver a Pedro por primera vez por un tema profesional? Vinimos muy relajados –dice sarcásticamente y mira con complicidad a Arévalo–.

Raúl Arévalo: Miras para otro lado para no aguantarle la mirada y te encuentras con un Bafta.

C.A.: Un Goya por allí, otro por ahí. Pero a mí, tengo que reconocer, lo que más me impresionó fue la Barbie Penélope Cruz en Volver [señala a la escultural muñeca, con el pelo teñido de moreno y vestida con una rebeca de punto que está en un estante].

Pero los Oscar no los tiene aquí, ¿no?

C.A.: No, están a buen recaudo.

 

Una de las labores de los auxiliares de vuelo es la de ser el canal de comunicación entre la cabina de mando y el pasaje. Almodóvar, desde hace mucho tiempo, da contadas entrevistas a los medios. En esta promoción de la película, ¿tienen la sensación de ser los portavoces del comandante?

R.A.: No, porque nunca nos han dicho lo que tenemos que decir. No hay ningún tipo de pauta. Pedro concede entrevistas más puntuales y nosotros nos comemos bastantes entrevistas, pero cada uno habla por sí mismo y no por él. A veces nos hemos venido muy arriba y he pensado: “¿qué pensará Pedro de que contemos esto?”.

C.A.: Yo lo que sí he pensado a veces es que Pedro pensará que qué bien tener un reparto tan coral para poder escudarse un poco en nosotros, porque imagino que hacer entrevistas después de treinta años no tiene ningún aliciente. Además, le suelen preguntar lo mismo siempre. Si fuera una película con un protagonista solo o algo así, él tendría que dar más la cara.

 

Cuando salió a la luz el tráiler, Almodóvar formuló la siguiente pregunta en su blog: “¿No tienen mogollón de pluma Cámara, Areces y Arévalo?”. ¿Qué pautas les dio para sus personajes?

Javier Cámara: De inicio eran tres personajes muy disparatados, en contraste con todos los demás personajes, tan serios. Imagino que era en los que más confiaba. Hubo un momento en el que empezamos a trabajar la pluma y se nos disparaban las manos, y ahí sentado Pedro dijo: “Igual también vamos a plantear como que no tenéis pluma”.

C.A.: Empezó a asustarse del monstruo que estaba creando.

J.C.: Creó un monstruo de tres cabezas.

R.A.: Nos íbamos repartiendo un poco de una forma que fluía. Cuando veía que Carlos subía una mano, yo me cruzaba de brazos.

J.C.: Y a veces nos quedábamos con la misma postura los tres.

 

¿Están de acuerdo en que es una comedia ligera, como él mismo ha declarado?

R.A.: Cuando la estás viendo es una comedia muy ligera, es cierto. Tiene trasfondo, tiene acidez, tiene mala leche, tiene crítica. Pero, aunque entre la crítica, no es densa.

C.A.: La crítica que hace es tan ligera como la propia película. Es una comedia que no tiene mayor pretensión que divertir. Y todos los momentos que hay reconocibles están metidos con suavidad y no se hace especialmente sangre de ninguno.

Quizá es una lectura imaginativa, pero es significativa la decisión argumental de que la clase turista vaya sedada mientras en primera clase se monta una bacanal cuando el vuelo puede acabar de forma desastrosa.

J.C.: Una de las cosas que me dijo un amigo es que iba a ver cómo en las películas más densas y más dramáticas de Pedro le tachan de ser demasiado intenso y en esta película, que es más ligera, van a sacar conclusiones mucho más aceradas de cosas que a lo mejor él ha podido pensar, pero lo ha hecho para reírse, y le van a sacar una profundidad... Efectivamente, está pasando. Sí, puede ser: la clase turista va dormida, los jerifaltes van despiertos y se están poniendo las botas.

C.A.: Yo no sé si lo hizo aposta, pero me parece una buena lectura.

J.C.: Me parece que está trufado de situaciones absolutamente reales y que hay referencias naifs y cosas más profundas, pero me gusta que sea el cine el que cuente desde la ficción una realidad o una irrealidad o una oralidad de unos personajes que están encerrados. Evidentemente es un director español que está haciendo una película aquí y está lleno de referencias.

C.A.: Pero como se dice al principio, “es una película de ficción sin ninguna relación con ninguna monarquía parlamentaria ni ningún aeropuerto abandonado”.

J.C.: Es todo lo que se quiera sacar de quicio. Es lo bueno del cine que está hecho para divertir. ¿No es hora de reírse? ¿Podemos frivolizar un poco sobre lo que está pasando, sin dejar de tomárnoslo en serio? ¿Podemos reírnos de nosotros mismos durante noventa minutos y luego retomamos? Este crisol somos nosotros. Es nuestra monarquía, nuestro Gobierno, esta es una señora que sale en televisión, estos son los azafatos. Somos así de curiosos en este país.

 

La comedia, el surrealismo, son buenos mecanismos para afrontar la realidad, sobre todo la española.

C.A.: Yo creo que la gente no se metería a ver una cosa muy densa abordando la situación. Ya tengo el telediario en casa que me amarga lo suficiente.

J.C.: Pues yo creo que a veces el cine español está alejado de la realidad. De la realidad más actual. Necesitamos cierta distancia para contar algunas historias. No ya que sigamos contando historias de la Guerra Civil o de nuestro pasado más remoto. Pero la realidad más actual la ves en películas como No habrá paz para los malvados o Grupo 7. Sí es cierto que se cuentan historias, pero para lo más rabiosamente actual necesitamos como cierta distancia. Echo en falta películas no combativas, pero películas que expliquen cosas recientes.

C.A.: ¿Para cuándo la película de acción sobre Bárcenas? Estamos esperando ya.

J.C.: O los últimos años del socialismo más fuerte, con todas aquellas medidas que se adoptaron. O sobre el 11-M, aquella tragedia enorme y aquel batiburrillo de declaraciones, esa manipulación informativa que hubo y que sigue estando todavía. Parece como si Truman Capote hubiera necesitado que los dos asesinos murieran para escribir A sangre fría. De repente es eso: tenemos que esperar que se mueran todos para que podamos escribir la novela.

 

¿Con esta película Almodóvar ha vuelto a ser transgresor o nunca ha dejado de serlo?

C.A.: Creo que ha suavizado sus formas.

R.A.: Yo creo que ser transgresor ahora no tiene nada que ver con serlo hace años. Es un buen análisis de hacia dónde hemos ido moralmente. El otro día volví a ver El soplo al corazón, de Louis Malle, una peli del año 1971 que habla entre otras muchas cosas de un incesto entre una madre y un hijo. Lo trata con muchísima naturalidad. En el 71 imagino que generaría polémica y si le hubieran entrevistado, habría dicho: “Sí, bueno, son cosas que pasan, pero imagino que dentro de cuarenta años es una cosa que se podrá tratar”. Tú ahora mismo no levantas en una productora una película sobre un incesto entre una madre y un hijo. Y quiero decir, que lo que era transgresor en los ochenta...

C.A.: Creo que las películas de Pedro de los 80 serían más transgresoras ahora.

R.A.: Me refería a eso, hemos ido atrás. Átame va sobre una mujer a la que le gusta que le peguen, o el momento de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? con el dentista Javier Gurruchaga quedándose con el hijo de Carmen Maura. O en La ley del deseo, cuando en un momento dado dice Maura: “Es que me han propuesto hacer un porno con la niña, ¿tú te crees? Bueno, vamos a pensarlo”. Creo que son cosas que hoy en día escandalizarían mucho más.

J.C.: Es que ha habido una involución. Y yo creo que Pedro nunca ha dejado de ser transgresor. Es cierto que ahora le apetecía hacer una comedia más frívola, más efervescente y en cierto sentido lo ha hecho.

 

La mayor parte de la película transcurre en el avión. ¿Sintieron claustrofobia?

C.A.: Qué va. Menos de lo que pensábamos. Además, ese rollo que parece que va a ser claustrofóbico en el fondo lo que hace es más familia, porque estábamos obligados a estar todo el rato juntos en un espacio pequeño y los actores entre plano y plano lo único que podíamos hacer era chismorrear sobre el resto de actores, así que al final es muy divertido.

J.C.: Muchas veces eres espectador de tus propios compañeros y te quedas para ver cómo lo hacen. Y entonces Pedro grita “por favor, silencio”. Todo el rato le tenía que decir eso a Carlos. Y además Pedro pensaba que era yo. Bueno, a veces era también yo.

 

El monstruo de tres cabezas funcionaba también en ese sentido.

J.C.: Sí, además Raúl se unió muy fácilmente. Pensábamos que iba a ser más complicado porque era más jovencillo.

C.A.: Raúl es que las mata callando, no se le ve venir, pero cuando te das cuenta...

R.A.: Cuando pasa algo sé escaquearme bien y que se lo coma otro.

C.A.: Porque tiene esa carita de bueno, ese párpado a medio cerrar. Pero es el gatillo, el resorte que hace que todo salte, desde las sombras. Es un poco

Montoro: tira la piedra y esconde la mano.

J.C.: Sería un buen experimento, identificar qué tipo de políticos serían estos personajes.

 

Continúe...

J.C.: No, no, ni idea.

 

Saber que rodar con Almodóvar significa, entre otras muchas cosas, que la película se va a ver en muchos otros países, ¿es una presión añadida para el actor?

C.A.: Yo siento más presión con el público de España que con el público de fuera, que tiene referencias y prejuicios. Pero el público de fuera, salvo en el caso de Javier, lo que va a ver es exclusivamente lo que has hecho para esta película.

J.C.: Hemos trabajado mucho en televisión, estamos haciendo series, teatro, la gente tiene muchas referencias tuyas y te conoce. Fuera, a veces, es mucho más fresco el encuentro y a alguien le ha gustado porque no tenía referencias y le ha sorprendido. Y te sorprende a ti, porque a lo mejor no es tu mejor película. A Pedro también cada vez más le descubren países nuevos y descubren su filmografía...

C.A.: ¿A estas alturas?

J.C.: ¡Claro!

C.A.: Es que al final la peor competencia es la de uno mismo. Imagino que la gente estará expectante para comparar con las primeras comedias de Pedro. En Estados Unidos eso no creo que ocurra, porque a Pedro se le conoce más a raíz de Mujeres o de Átame.

 

Lo han tenido que pasar muy bien

J.C.: A mí me ha gustado mucho la peli.

C.A.: A mí me gustado mucho hacerla.

J.C.: Ha habido cero conflictos, a pesar de todas esas fieras encerradas con ese domador.

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