PESCANOVA INSTALARÁ EN COIMBRA SU SUPERPLANTA ACUÍFERA
Lo bueno sale bien... en Portugal
La movida gallega
HENKEL. Cerrará a finales de este año la fábrica de jabones La Toja, fundada hace más de un siglo y situada desde 1980 en el polígono de Alvedro en Culleredo (A Coruña). Los famosos jabones negros gallegos se fabricarán a partir de ahora en Alemania y Eslovaquia.
LECHE CELTA. En agosto pasado fue adquirida por la portuguesa Lactogal en alianza con la estadounidense Dean Foods. Con esta operación, Lactogal se ha convertido en una de las compañías líder del mercado ibérico de la leche.
ENCE. La Empresa Nacional de Celulosas tiene que poner fin a su actividad en la Ría de Pontevedra en 2018. Caixa Galicia, su principal accionista, propuso fabricar tisú en ENCE. Pero el Ayuntamiento quiere que esta empresa contaminante se traslade a otro lugar.
AUTOPISTAS DEL ATLÁNTICO. La empresa de construcción, explotación y conservación de carreteras, propietaria de la única autopista que cubre el trayecto entre Ferrol y Tui (en la frontera con Portugal), fue comprada por la constructora Sacyr el pasado mes de marzo.
CONSERVAS CALVO. La empresa colgó el cartel de “se vende” en el mes de octubre. La intermediación de la Xunta hizo que el mayor grupo conservero español, y quinto del mundo, siguiera en manos de la familia Calvo, apostando por mantener la continuidad.
UNIÓN FENOSA. El grupo constructor que preside Florentino Pérez, ACS, se ha hecho durante este año con el 40% de la eléctrica gallega.
FADESA La inmobiliaria coruñesa propiedad de Manuel Jové fue vendida al empresario madrileño Fernando Martín (Martinsa), a través de una OPA amistosa.
La empresa gallega Pescanova no se entiende con la Xunta y deslocaliza la mayor planta de rodaballo del mundo, una inversión de 140 millones de euros.
Celia Lorente
15/01/2007
El maná le ha caído del cielo a la localidad portuguesa de Mira, en forma de peces: los de Pescanova. La empresa gallega construirá en el distrito de Coimbra la mayor planta de producción de rodaballo del mundo, que convertirá a Portugal en líder del sector, con una inversión de 140 millones de euros, y creará 200 puestos de trabajo directos, además de otros cientos de empleos indirectos.
¿Por qué se ha ido Pescanova a Portugal? La compañía presidida por el empresario Manuel Fernández de Sousa tenía el beneplácito del anterior presidente de la Xunta, Manuel Fraga, para realizar esta faraónica obra en cabo Touriñán, en Finisterre, un paraje único de la costa gallega, incluido en la Red Natura de la UE. Al cambiar de manos el Gobierno, el nuevo presidente, el socialista Emilio Pérez Touriño, consideró que la instalación iba a provocar un fuerte impacto ambiental en el ecosistema y dio largas a la empresa con la promesa de que buscaría otras ubicaciones alternativas.
Retrasos
Pero pasaban los meses y tanto el permiso para la instalación como el ofrecimiento de otros posibles enclaves no llegaban. Fernández de Sousa se sintió personalmente muy dolido por esta situación. Pescanova, una empresa que presume de militar en el galleguismo, eligió precisamente la Costa da Morte como una especie de compromiso con la zona cero del desastre del Prestige, tras el cual había colaborado activamente. Pretendía que fuera la “joya de la acuicultura mundial por su tamaño, capacidad de producción y tecnología”y que estuviera precisamente allí ubicada. La empresa ha manifestado en repetidas ocasiones que contaba con informes favorables sobre impacto ambiental e incluso el visto bueno de la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona.
Mientras Touriño se lo pensaba, sus vecinos se le adelantaban. El Gobierno portugués de José Sócrates puso sobre la mesa una subvención de 45 millones de euros para la instalación de la planta de 82 hectáreas, con la promesa de que podría llegar más adelante hasta el 50% de la inversión inicial, y hacía la vista gorda sobre el espinoso tema del medioambiente. El futuro enclave portugués de Pescanova forma parte, al igual que Touriñán, de la Red Natura.
Estas navidades Manuel Fernández de Sousa se reunía con su buen amigo Mariano Rajoy, al que comunicaba que había hecho todo lo posible para que la planta estuviera en Touriñán, pero que finalmente tiraba la toalla.“Portugal es donde Pescanova ha encontrado todo el apoyo del Gobierno y de las instituciones y les agradecemos que nos escucharan y creyeran en nosotros”, decía el presidente de Pescanova el pasado día 8 en Lisboa durante la firma del acuerdo, en un elogio al país vecino que sonaba, por otra parte, a reproche local. El empresario, además, no descartaba seguir invirtiendo en el futuro en acuicultura en la costa portuguesa. El acuerdo se firmó, según fuentes de la operación,“ a pesar de las presiones de última hora por parte de la Xunta sobre Pescanova y los portugueses para que no rubricaran el proyecto”.
La Xunta desmiente
Desde la Consellería de Pesca de la Xunta niegan que a la empresa no se le hayan dado las facilidades necesarias para instalarse en Galicia: “A Pescanova no se le presentó uno, sino hasta nueve enclaves diferentes para que eligiera, de los que aceptó tres ubicaciones para plantas en Xove y Ribadeo. Además, a todas las compañías acuíferas gallegas, incluida Pescanova, se les financia el 50% de la inversión, por lo que la ayuda económica también es importante. Si la empresa, a pesar de todo, ha decidido deslocalizar e irse a Portugal, como ya se ha ido a otros países, es su decisión y la Xunta no puede hacer nada”. Emilio Pérez Touriño ha querido restar importancia a esta fuga de inversión de Galicia enmarcándola en la lógica del mercado y expresando su respeto “por las decisiones de las compañías privadas”.
“Pescanova ha tomado esta decisión motivada por las buenas condiciones que el Gobierno luso le ha ofrecido y no por negativas o impedimentos de la Xunta”, afirma Sebastián Serena, secretario de Política Industrial de UGT en Galicia.“Los portugueses no han planteado ningún problema medioambiental, eludiendo la responsabilidad social de la empresa, algo que deberían tener en cuenta. Pescanova ha crecido muchísimo en España, gracias a la colaboración de las administraciones central y autonómica, y también de los trabajadores y de los sindicatos, y debería haber sido un poco más considerada con los intereses locales”.
El responsable de Pesca de la Confederación Intersindical Galega (CIG), Xabier Aboi, va más allá y cree que todo esto “no es más que una campaña mediática de Pescanova. La multinacional se ha encargado de filtrar toda esta información para presionar al Gobierno gallego y conseguir terrenos y subvenciones. Lo único que se ha firmado en Portugal es un protocolo de intenciones que no implica realmente nada de nada”.
Plan estratégico
Sin embargo, para Francisco Vilar, secretario general de la Federación Agroalimentaria de Galicia del sindicato Comisiones Obreras, Pescanova ha preferido Portugal por la incompetencia de la Xunta.“Había un plan estratégico de la acuicultura firmado por el anterior Gobierno del PP, y al entrar el bipartito lo primero que hizo fue paralizarlo y dos años después continúa igual. La Xunta, al no dar facilidades y no desarrollar este plan, está castigando económica y socialmente a las zonas que viven de la pesca y obligando a los inversores a buscar otras alternativas. Pescanova es lógico que haya dicho ‘si me sigues poniendo problemas, me voy’y Portugal, encantado de recibirla y llamando a voces al resto de las empresas acuíferas para que se vayan también y se instalen allí”.
Al presidente de la Xunta, doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de Santiago, las empresas no le han dado precisamente alegrías desde que el bipartito llegó al Gobierno en agosto de 2005. Emilio Pérez Touriño se estrenó como presidente de Galicia con el tema de Unión Fenosa echando chispas, cuando Floren tino Pérez, propietario de ACS, da el golpe de mano comprando la mayoría de acciones de la eléctrica y dejando a las cajas gallegas, literalmente, a dos velas. Posteriormente, a finales de septiembre, Manuel Jové, propietario de la inmobiliaria Fadesa y uno de los principales motores de la economía local, confirmó que había llegado a un acuerdo con el empresario madrileño Fernando Martín (Martinsa) para venderle su participación del 54,6% en la inmobiliaria, tras una OPA amistosa.Y luego vino la conservera Calvo intentando vender la empresa, lo que provocó la intervención de la Xunta para que continuase en manos gallegas. A esto hay que añadir varias adquisiciones por parte de multinacionales de compañías tradicionalmente gallegas como Leche Celta o Autopistas del Atlántico, o el cierre de la fábrica de jabones de La Toja de Henkel.
Los empresarios piden a la administración gallega “como mínimo, las mismas facilidades que encuentran para situarse en otros lugares –dice Antonio Fontela, presidente de la Confederación de Empresarios Gallegos– para que Galicia sea un lugar atractivo y sus empresas no se deslocalicen. Hay una serie de medidas que se pueden aplicar y que son competencia de las autonomías: fiscales, económicas, administrativas, de información, I+D e infraestructuras, que el Gobierno debe propiciar.Y desde la Confederación de Empresarios estamos dispuestos a prestar toda nuestra colaboración para que puedan ponerse en marcha”.