Un champán para cada plato
El champán es tendencia. Un vino que conquista el mercado nacional y cuyas ventas suben año tras año como la espuma que crean sus finísimas burbujas. Su asombrosa versatilidad le hace apropiado para cualquier hora del día, pero también como perfecto acompañante de una comida. A este respecto, una “norma de oro”: en menús armonizados con distintos champanes, la potencia de estos siempre irá de menor a mayor. Y cuidado. Hay ciertas parejas de baile predestinadas a un imposible entendimiento con el espumoso galo: escabeches, salazones y alimentos en vinagre, con ajo o lima. Por otra parte, en el caso de un menú maridado, si el dispendio de adquirir varias botellas se considera excesivo –son vinos inevitablemente caros– siempre estará la opción de utilizar un gran reserva, millesime, etcétera... vinos con crianza que se adaptarán camaleónicamente a todos los platos. Algo también aplicable a los banquetes navideños. ¡Es la magia del champán!

Tosta de trufa negra con huevo de codorniz
Dos opciones que combinan de maravilla con un blanc de blancs, los champanes más indicados para el aperitivo por su frescura, ligereza y vivacidad. En el caso de las tostas de trufa, el potente sabor del hongo se suaviza con el huevo y el blanc de blancs hará un magistral contraste limpiando la boca. Si la Tuber melanosporum fuera protagonista del plato un blanc de noirs, más vigoroso, sería el indicado.
Ruinart Blanc de Blancs
Elaborado a base de uva chardonnay, concentra principalmente los premier cru de la Côte des Blancs y de la Montaña de Reims. Ligero, fresco y sumamente armonioso, combinará también excelentemente con setas, pescados blancos y mariscos, así como con quesos suaves (60e).
Maridaje: con el jamón ibérico, la burbuja y ligereza de este espumoso es un soplo de aire fresco frente a la untuosidad del jamón y su sabor agreste. Hablamos siempre de perniles de bellota, por supuesto.










