¿Pagaría 3.000 euros por encontrar pareja?

07 / 08 / 2014 Lucía Martín
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Llega a España el matchmaking, que consiste en aplicar las reglas de los cazatalentos a la búsqueda de pareja.

Se llama Tania Troften, es sueca y lleva diez años en España. Es culta, atractiva, con una trayectoria vital y profesional interesantes y busca relación estable. Podría ser el texto de un anuncio de periódico, por ejemplo. O un reclamo para una especie de Caravana de mujeres del siglo XXI, en el que mujeres independientes, mujeres alfa, cansadas de las relaciones esporádicas que les ofrecen las páginas de dating, ponen manos a la obra para encontrar a su pareja. Manos a la obra y, sobre todo, dinero sobre la mesa, la friolera de 3.000 euros para encontrar a su media naranja. Y ojo, que no solo lo ponen ellas, también los hombres abren su cartera para dar con la chica de sus sueños.

Llega a España el matchmaking, un sistema que aplica la metodología de los head-hunters (cazatalentos a la búsqueda de ejecutivos) al plano sentimental. Su fundadora es Verónica Alcanda, con una dilatada trayectoria profesional trabajando como ejecutiva en Room Mate, Hospes, Deloitte, etcétera. “Este modelo empresarial, totalmente nuevo en España, está inspirado en Estados Unidos, donde en 2003 se fundó el Matchmaking Institute, que ya ha formado a más de 3.000 matchmakers”, explica Alcanda. Solo en 2003, este tipo de servicio facturó 300 millones de dólares (223 millones de euros) en Estados Unidos. ¿La diferencia con España? “En EEUU es el hombre el único que paga el servicio de búsqueda de pareja, las mujeres no pagan”, añade. Aquí pagan ellos y ellas.

Los matchmakers, o como podríamos denominarlos, “celestinos del siglo XXI”, se encargan de hacer un análisis exhaustivo del historial personal del cliente y de diseñarle un perfil de búsqueda lo más fidedigno posible a lo que solicita. ¿Quiénes contratan los servicios de estas empresas? “Un 75% están divorciados, y el 60% son mujeres. Tienen entre 38 y 55 años, con ingresos económicos superiores a los 80.000 euros al año y están muy cualificados (profesiones liberales, ejecutivos, aristócratas, diplomáticos, etcétera)”, explica.

¿Cómo funciona el servicio? Cuando acuden a ella, Alcanda realiza una primera entrevista al futuro cliente: trayectoria, qué busca, qué no quiere... Es quien decide si le acepta como cliente o no (el disponer de los 3.000 euros para pagar sus servicios no es suficiente): “Elijo no coger como cliente a alguien que lo que quiere es pegar un braguetazo, por ejemplo, o a estos que van buscando una fotocopia de su exmujer o de su exmarido cuando me han explicado que se separaron porque no congeniaban. Si sabemos que algo no ha ido bien, no tiene sentido buscar una réplica”, explica. Los clientes firman un contrato, la mitad de los honorarios se pagan al principio y el resto, al finalizar los 6 meses en los que la matchmaker le habrá presentado distintos perfiles.

Alcanda montó el negocio en España porque vio un claro nicho de mercado: a pesar de que cada vez hay más singles (7,6 millones de solteros), sus clientes están demasiado ocupados como para dedicar el tiempo y esfuerzo necesario a buscar una pareja. “Además, un buen porcentaje afirma haber tenido malas experiencias al buscarla online y están cansados de estos servicios”, explica.

Ahí es donde entran en juego las técnicas del head-hunting: Alcanda se reúne varias veces con el cliente para definir claramente lo que quiere y entonces se dedica a buscar al candidato/a idóneo/a. “Después de muchas entrevistas con diferentes perfiles, presentamos al cliente una lista corta de dos candidatos, en ciego (sin fotos)”, comenta. Le describe cómo son, y si les gusta el perfil, enseña una foto de cara y otra de cuerpo entero. Entonces llega el momento de la ansiada primera cita, una cita en la que sus clientes deben respetar escrupulosamente cinco reglas de oro: no se habla de dinero ni de exparejas; se apaga el móvil; no se bebe en exceso, independientemente de la hora que sea; no se expresa explícitamente ni interés ni desinterés; y, muy importante, nada de sexo en la primera cita. Nunca.

“Les comento, cuando hago el coaching, que no están buscando sexo, para eso no acudirían a mí ni pagarían esta cantidad, están buscando una relación a largo plazo”, explica. Es ella quien llamará a los dos tortolitos al día siguiente para extraer conclusiones. Si se han gustado, les dará los teléfonos y ahí habrá terminado su cometido. El servicio supone seis meses, ampliables por otros seis, lo que supone 2.000 euros más.

Una aguja en un pajar.

Las búsquedas no son sencillas, de hecho esta empresaria reconoce que es como buscar una aguja en un pajar, sobre todo porque ella no funciona con una base de datos, como sí lo hacen las agencias matrimoniales, por ejemplo. “Yo hago de filtro, les ahorro tiempo y disgustos porque cuando llega el candidato responden a lo que han pedido”, comenta.

¿Qué piden ellos y qué piden ellas? “Las mujeres, suerte para ellos, son mucho menos exigentes con el físico que ellos. Buscan hombres de entre 35 y 55, atractivos, cultivados, educados, exigentes... un gentleman en muchas ocasiones”.

¿Y ellos? Pues no vayan a equivocarse, que no están a la caza de la típica mujer florero: “No, no están buscando una chica de 90-60-90, para eso no me necesitarían. Buscan mujeres alfa, guapas, inteligentes, con carácter, cultas”.

Y TaniaTroften, una de sus clientas, tiene ese perfil. Aunque nació en Noruega, se ha criado entre la India y Suecia y es una enamorada de nuestro país, aunque los españoles le resultan un tanto difíciles de entender: “En Suecia es todo mucho más fácil, si uno decide vivir en pareja, lo hace, aquí parece que tienes que pasar por casarte, tener una hipoteca... y luego las rupturas son muy dramáticas, una guerra”, cuenta.

Reconoce que nunca ha probado una página de dating y que solo una vez tuvo una cita a ciegas: “Y no me gustó porque el chico me dijo que era guapo y había mentido bellacamente”, comenta riendo. Cree que en España a los hombres les cuesta mucho comprometerse y que “te dicen lo que sea para llevarte a la cama”. Dice estar cansada de relaciones cortas y le gustaría compartir su vida con alguien. “No me importa mucho el físico, aunque es importante que sea limpio, eso sí. Busco a alguien que no me mienta, que sea fiel y que no sea agresivo. También valoro mucho el sentido del humor”, añade.

Nos cuenta que sus amigos no entienden por qué ha contratado este servicio: “No lo entienden, me dicen que no saben cómo no encuentro pareja si soy guapa, inteligente, divertida... Yo les digo que este servicio es un regalo que me hago a mí misma, hay gente que se regala bolsos caros, yo me regalo este servicio”.

Tania piensa que los hombres españoles tienen un problema con las mujeres: “En Francia gustan las mujeres. En Italia también. ¡Aquí gusta el fútbol! No sé si es que a los hombres españoles no les gustan las mujeres alfa, al final acabas dudando de ti misma. Quizás no están acostumbrados a la evolución del rol femenino, porque hasta hace bien poco la mujer no podía abrir una cuenta corriente en este país”, analiza.

Alcanda reconoce que fue la única de entre todos sus clientes que quiso aparecer en este artículo, ninguna de las españolas quiso hacerlo. “De hecho, mis clientes no suelen contarle a sus amigos que se han apuntado en mi empresa, parece que está mal visto socialmente reconocer que estás buscando pareja”, afirma la empresaria.

Algo que no sucede en otros países donde existen estos servicios, mucho más conocidos y mejor vistos. Los precios fuera de nuestras fronteras son bastantes más altos: en EEUU, Kelleher puede llegar a cobrar 250.000 dólares (186.000 euros) al hombre, en función de los servicios requeridos. En el Reino Unido, Vida Consultancy presenta a unos diez candidatos por lo que cobra entre 9.000 y 50.000 libras (entre 11.000 y 65.000 euros). Los clientes de Just Lunch, en Singapur, pagan casi 2.000 euros... Y es que la búsqueda de la media naranja puede ser vista en un primer momento como un coste, pero, ¿quién ha dicho que no vaya a ser una inversión a largo plazo?

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