Olas perfectas en medio del País Vasco
Una empresa ha creado una tecnología que permite surfear con olas artificiales en pleno campo.
Ya no será necesario vivir al lado de la playa para hacer surf, dentro de poco se podrá disfrutar de esta actividad en lagos, lagunas, estanques o, incluso, centros de ocio cubiertos. Una empresa vasca ha creado la tecnología precisa para que esto se pueda hacer realidad. De momento, tienen firmados 18 pre-contratos y su proyecto más avanzado, que estará operativo a finales de 2014, está en el norte de Gales.
Si decimos surf, a buen seguro al lector le vendrán dos referentes a su mente: uno, Tarifa y el otro, la película Le llaman Bodhi, con un jovencísimo Keanu Reeves que se infiltra en una banda de surferos para desenmascarar a atracadores... Y, sin embargo, ambos referentes tienen poco que ver con el universo del surf. La localidad de Tarifa, a pesar de lo que pueda pensarse, porque allí no se practica surf sino windsurf. Y la película tampoco, por razones obvias: los amantes de este deporte no se dedican a ir atracando bancos... Esto nos cuenta Felip Verger, surfista y, además, responsable de comunicación de la empresa vasca que dice haber creado la ola perfecta.
Lo curioso de esta aventura empresarial no es solo que hayan creado la ola artificial perfecta, sino que esta ola, que hace las delicias de todos los puristas que ya la han probado, no está en el mar ni siquiera cerca de él, sino en medio del campo, en un lago situado no muy lejos de la localidad de Zumaia, en Guipúzcoa. Sí: son olas de interior.
Solo para empresas.
De hecho, cuando uno busca en la página web de Wavegarden, literalmente “el jardín de las olas” en castellano, no encuentra el nombre de la localidad donde se hallan sus instalaciones. ¿Secretismo, quizás? No, más bien una cuestión práctica: “Nosotros fabricamos la tecnología, pero esto no es un parque temático. Aquí tenemos nuestras oficinas y la instalación en el lago para que los potenciales clientes puedan verlo y probarlo, es un showroom, pero no está abierto al público. No se puede imaginar la de veces que se ha presentado temprano por la mañana gente con su tabla de surf pensando que es un espacio abierto al público. O que llaman y preguntan cuánto cuesta la entrada”, explica Verger.
Instant Sport, nombre de la compañía, nació en 2007 de la mano del ingeniero (y surfista) José Manuel Odriozola y de la economista especializada en deporte Karin Frisch. “Piscinas que producen olas con vistas al surf ya existían, pero tenían dos problemas: las de los parques acuáticos no producen suficientes olas y las otras para surfistas, como una que hubo en Japón, resultaban muy costosas, con lo que la entrada para el público también lo era. Por eso empezamos a trabajar en una tecnología que fuese muy buena pero que no resultase muy cara”, comenta.
Y así nació, tras diez años de estudio e investigación, Wavegarden, en la localidad de Aizarnazábal: “Buscábamos un sitio que no estuviese muy lejos de San Sebastián, porque todos vivimos allí, y que además tuviese una fuente de agua cerca”, añade. A primera vista apenas se aprecia la instalación propiamente dicha: de hecho, parece un estanque normal salvo por la tela que sobresale por las orillas. Y es que la obra civil que hay que realizar para montar la instalación es pequeña: requiere de muy poco cemento (el agua va por encima de una tela muy resistente y debajo hay tierra), por lo que resulta una tecnología muy respetuosa con el medio ambiente. La mayor parte de la obra consiste en el nivelado de tierras necesario para dar forma al fondo de la laguna. “Lo ideal es montarla al aire libre, pero funciona también en espacios cubiertos”, explica Verger.
Apoyo de surfistas.
Cuando se dieron a conocer tenían claro que, aunque el surfista no es su cliente target (aunque sí usuario final), tenían que pasar por este colectivo, ávido de imágenes, para generar el mayor ruido mediático posible. Por eso filmaron un vídeo viral en sus instalaciones: gente practicando surf en medio de prados verdes y, al final de la película, solo una palabra: “wavegarden”. El runrún no se hizo esperar: ¿se trataba de una película? ¿La campaña de una marca deportiva? Del resto se encargaron los profesionales de este deporte, como Pauline Ado, Taj Burrow o Gabriel Medina, que se han acercado hasta el País Vasco para probar la laguna de olas.
Inversores, empresas y parques de ocio son el target de la empresa, que tiene firmados 18 precontratos con compañías interesadas en desarrollar el proyecto. Uno de ellos en España, pero desde la empresa no dicen dónde. “El más avanzado, que se abrirá entre mediados y finales del año que viene, está en el norte de Gales”, explican.
El coste de la tecnología ronda los cuatro millones de euros, a los que hay que añadir el coste del terreno, la obra civil y los accesos que sean necesarios, si los hay. La laguna debe tener, como mínimo, unas dimensiones de 200x60 metros, aunque ellos recomiendan un área de 270x80 metros. No hay un límite máximo, ya que la ola mantiene su forma independientemente de la distancia. Por ejemplo, en el lago de Wavegarden la ola en forma de tubo rompe durante más de 220 metros sin perder ni la forma ni la fuerza.
La tecnología desarrollada es capaz de generar unas 120 olas por hora de las consideradas para profesionales, de 1,3 metros de altura y 18 segundos de duración, y un gran número de olas para principiantes o surfistas de nivel medio. ¿Qué quiere decir esto? Pues que gente de distintos niveles puede practicar al mismo tiempo en la laguna. La empresa tiene bien calculados los números y afirma que puede haber a la vez entre 50 y 100 surfistas en la instalación, lo que equivale a entre 500 y 1.000 sesiones de surf de una hora por día (más de 200.000 por año).
No se sabe cuántas personas practican surf en España ni existen estadísticas serias al respecto, lo que está claro es que esta instalación supone toda una revolución, ya que pone este deporte al alcance de gente que, por situación geográfica, no puede practicarlo y, además, lo desvincula de las condiciones meteorológicas. “Hay puristas que nos dicen que las sensaciones en el mar son mejores, la arena entre los pies, los olores... Indudablemente, pero nosotros no competimos con el mar, pretendemos ser solo un complemento”, finaliza Verger. Lo dicho: ya no hay excusas para no coger la tabla.



