Los peligros de Twitter

27 / 10 / 2011 11:09 Paula García Pozuelo
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Hay quien aprovecha las redes sociales para hacer apología de la anorexia y la bulimia. Salud pública frente a libertad de expresión. De momento, Twitter ha ganado la partida.

“Abro los ojos desde la cama y cojo el móvil de la mesilla. Entro en mi perfil y veo los nuevos tuits desde que lo dejé al dormirme. Se me pasa el hambre”. Lo que Miriam, de 13 años, lee cada día son mensajes escritos en la red social Twitter por enfermos, como ella, de anorexia y de bulimia; 140 caracteres que le insuflan ánimos para continuar con su carrera de torturas: abandonar la comida o vomitar todo lo ingerido. En torno al 10% de las competidoras mueren por el camino, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Más de cien millones de personas padecen estas enfermedades en el mundo. En España, dos millones, la mayoría chicas de entre 12 y 24 años.

La cuenta de Twitter @anamianamia es seguida por 3.051 personas. Son abonados a sus micromensajes, que reciben junto a los del resto de personas u organismos que la siguen. No sabemos el nombre real de su autora. En su perfil se define como una gurú de la anorexia que vive del agua, el aire y algunos besos, junto a una foto de una joven escuálida que llora sobre una báscula. No está sola, hay otras muchas cuentas que propagan dietas extremas y culto al cuerpo escuálido.

“Twitter no provoca la enfermedad, pero si hay predisposición estos mensajes sí pueden desencadenar su desarrollo”, alerta Carmen Valle, psicóloga especialista en anorexia y directora del departamento de Psicología de la Universidad CEU San Pablo. “Y si el joven ya es anoréxico o bulímico, entrar en contacto con ellos agrava el trastorno”. La Asociación en Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa y Bulimia (Adaner), principal organización que lucha contra estas enfermedades, comparte el análisis. “Provocan un retroceso en la cura, porque al escribir y leer todo el día sobre la comida, al compartir esta obsesión con otras personas, esta crece”, explica María Ángeles Fernández, miembro de su equipo de psicólogos. Aislar a estos pacientes en cuanto ingresan es, precisamente, parte del protocolo de los centros médicos. Pero en Internet no hay control.

Páginas web, foros, blogs y redes sociales son una jungla en la que lanzar estos contenidos. Ese es el principal peligro de que el trastorno viva en Internet: normalizarlo. “Es el único entorno donde parece que ser anoréxico o bulímico es positivo. No hay batas blancas sino miles de personas que solo piensan en lo mismo que tú”, explica Guillermo Cánovas, director de Protégeles, ONG que trabaja desde hace diez años en la denuncia de webs no seguras para los menores.

Trucos para engañar.

Twitter repite los contenidos que ya aparecían en la Red y que, en los últimos años, según informes policiales y de la Agencia de Calidad de Internet, crecen más velozmente. Trucos para engañar al estómago, perder peso (incluidos nombres de medicamentos y laxantes), vomitar con facilidad, mentir a quienes tratan de ayudarles y autolesionarse (y así quemar calorías). Traducido a la mentalidad del anoréxico: medio idóneo para compartir los detalles de su ayuno y dar ánimos para continuar.

“Potencialmente es contenido mucho más peligroso que el resto proanorexia y probulimia difundido en Internet”, confirma Charo Sádaba, coautora de Redes sociales: manual de supervivencia para padres e investigadora del Foro Generaciones Interactivas, que promueve un uso adecuado de las nuevas tecnologías. Y puntualiza “potencialmente” porque Twitter, con más de tres millones de usuarios en España, no está tan extendido entre los jóvenes como Tuenti o Facebook.

Las organizaciones y psicólogos sumergidos en estas enfermedades piden una regulación urgente. Considerar delito su apología, como lo es la del terrorismo, la xenofobia y el racismo. Y así no depender de la voluntad de los proveedores de Internet, que retiran páginas probulimia y proanorexia de las que reciben quejas sin que exista una ley que les obligue. Ni de la autorregulación de las redes sociales. A ella apeló hace unos meses el Ministerio de Sanidad al solicitar a Twitter, estadounidense, que bloquease estas cuentas. Sin éxito. La red social alega que hacerlo pondría en peligro la libertad de expresión de sus usuarios. Atajar el problema con la ley crearía, sin embargo, muchos obstáculos. ¿Cómo obligar a una empresa extranjera como Twitter a ceñirse a nuestras normas? Emilio Suñé, catedrático de Derecho Informático de la Universidad Complutense, asegura que es imposible.

Todos coinciden en que educar es fundamental. Atacar la raíz en vez de (o además de) matar al mensajero. Labor que también deben ejercer los medios de comunicación y la publicidad, empeñados en difundir una imagen irreal de la mujer. Mientras, miles de jóvenes seguirán desayunando obsesión al abrir los ojos desde la cama.

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