Los negocios eróticos son cosa de mujeres
El primer sex shop de España fue fundado por una joven de 21 años en 1978. Hoy, el sexo ya no es territorio exclusivo de los hombres.
En la Prusia oriental de 1919 nació una mujer cuya trayectoria iría indisociablemente unida a la industria del sexo en Alemania. Beate Uhse, una audaz fémina que daría nombre al primer sex shop europeo en cotizar en bolsa, fue piloto durante la II Guerra Mundial antes de dedicarse a los negocios subidos de tono. Tras la contienda trabajó en la venta de juguetes a domicilio, pero pronto cambiaría los artículos para niños por otros para adultos. De esta forma puso los cimientos de una compañía que actualmente cuenta con más de 300 tiendas en 11 países y que en el primer semestre de este año tuvo unas ventas on line superiores a cuatro millones de euros.
Este gigante de la erótica, que tiene un stock de más de 15.000 productos, fue la primera compañía erótica en saltar al parqué en Europa: empezó a cotizar en la bolsa alemana en 1999. Beate Uhse consigue actualmente el grueso de sus ingresos de las ventas por catálogo y de las que se realizan por Internet, además de las realizadas por las tiendas y las destinadas a mayoristas. La empresa ha tenido que adaptarse a los tiempos que corren, comercializando en las tiendas artículos menos explícitos y más relacionados con la erótica, a la vez que intenta captar al público femenino.
La aventura de una española
Pero no sólo existen abanderadas de los negocios tórridos en otros países: corría el año 1978 cuando la primera tienda erótica, Kitch, veía la luz en nuestro país. Su fundadora fue Adeline Aránega, una española criada en Francia. Abrió el local cuando aún le faltaba un mes para cumplir la mayoría de edad de entonces, 21 años. “Decidimos no importar ningún producto del extranjero, para evitar tener problemas. Buscamos lo más light que pudiéramos encontrar: unos condones, algún vibrador, revistas de destape, productos picantones... Incluso las propias autoridades me dijeron que de sex shop sólo tenía el nombre”, explica Aránega. A pesar de la cuidada selección de los artículos, a los tres meses de la apertura se topó con el local cerrado: le habían aplicado la Ley de Peligrosidad Social. De poco sirvió: dos meses después, Adeline reabrió un segundo local. “Recurrí la sentencia y en 1982 el Tribunal Supremo me dio la razón”, cuenta. A partir de ese mismo año surgiría la ley reguladora de estos locales en España. “Antes de venir a Barcelona vivía en Perpiñán, donde había largas colas de españoles por ver películas porno.
Pero en el 77 se apreció un bajón de este tipo de clientela. Me vine a España y comprendí que empezaba a abrirse la mentalidad, por eso monté el sex shop”, dice Adeline. Al éxito inicial de Kitch colaboró considerablemente la revista Interviú, que les dedicó un reportaje que supuso publicidad gratuita para el local y provocó que acudiera gente de toda España: “Muchos venían pidiendo consejos para montar el mismo negocio en sus ciudades”, recuerda Adeline. ¿Se respira hoy más libertad que en esos años? “Las cosas tampoco han cambiado tanto, hay mucho conservadurismo y tabú. Por ejemplo, yo creo que el auge de los tupersex viene porque a la gente le gustan los juguetes eróticos, pero no se atreve a cruzar el umbral de una tienda”, reflexiona.
Los placeres de Lola
Haya evolucionado mucho o no la mentalidad de los españoles, lo cierto es que en los últimos años han surgido en las grandes ciudades tiendas o boutiques eróticas como champiñones, muchas de ellas destinadas al público femenino. Es el caso de Los placeres de Lola, situada en el madrileño barrio de Lavapiés. Regentada por tres chicas, está destinada al placer femenino: en sus estanterías pueden encontrarse libros sobre sexualidad infantil o para discapacitados, la muñeca bollera (con tatuajes, pezones y un arnés para colocar un dildo), vibradores con cristales de Swarosky, bolas chinas... todo tipo de productos para mujeres heterosexuales y lesbianas. La idea de montar esta tienda se fraguó en Londres: “Yo vivía allí, la idea empezó a pensarse en el 2000 y en 2005 nos pusimos a trabajar. Ninguna de las socias veníamos de este mercado”, cuenta Raquel Traba, una de las propietarias, quien reconoce que la oferta existente actualmente en España en cuanto a juguetes eróticos no tiene nada que envidiar a la de otros países.
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Casi todo lo comercializado es de importación ya que existen pocos fabricantes nacionales, aunque recientemente han surgido iniciativas, también capitaneadas por mujeres. Es el caso de las firmas Late Chocolate y Bijoux Indiscrets, dedicadas a la fabricación de juguetes y artículos eróticos. “La idea de Bijoux Indiscrets nació en las pausas del café en la empresa donde trabajábamos las tres fundadoras”, comenta Elsa Viegas, una de ellas. “Veníamos del mundo de la comunicación y del marketing y no teníamos experiencia previa en este sector, lo que nos permitió acercarnos al mercado erótico con una visión totalmente dife- rente”, dice. La filosofía de Bijoux Indiscrets es que sus productos se desmarquen totalmente de lo que pueda encontrarse en un sex shop tradicional: lencería, perfumes para las sábanas, adornos para el cuerpo... sus artículos se relacionan más con la sensualidad. “Lo presentamos al público en una feria de lencería, algo que marcaba nuestra idea de comercialización. Hemos conseguido llevar este tipo de producto a canales poco habituales, como las tiendas de lencería, hoteles, tiendas de regalo, de ropa y complementos”, finaliza Viegas. La compañía, fundada en 2006, también vende fuera de nuestras fronteras.
24 hora de sexo en vivo
Pero, sin duda, una figura básica en la historia de los negocios relacionados con el sexo es Juani de Lucía, la propietaria de la sala Bagdad, la mayor sala de porno en vivo del país. El establecimiento se abrió en 1975 en lo que antes había sido un tablao flamenco: “Será casualidad, pero el tablao perteneció a Bella Dorita, una mujer transgresora, la primera en cantar canciones picantes en los años 40-50”, cuenta Juani. La inspiración de crear Bagdad le vino de Hamburgo, de un viaje que realizó con su marido y socio: “Allí quedamos impactados por todos los locales y espectáculos relacionados con el sexo que funcionaban las 24 horas del día en el barrio de Sant Pauli”, recuerda la empresaria. Eso fue lo que les llevó a abrir un local en Barcelona a finales de 1975, apenas unos meses después del fallecimiento de Franco. “Cuando corrió la voz de que en la sala había sexo en vivo, las colas daban la vuelta a la manzana.
Incluso había reventa”, ríe la dueña. En Bagdad empezaron a hacer sus primeros pinitos grandes estrellas del porno español como Nacho Vidal o Toni Ribas. A sus espectáculos, que cuestan 90 euros con consumición, acuden sobre todo parejas y habitualmente las que hacen las reservas son... ellas. Se prevé que Madrid cuente en los próximos meses con una sala Bagdad. ¿Dónde? El antiguo teatro Arlequín, junto a la Gran Vía, que en su día acogió un cabaret. Todo está pensado: los espectáculos, la tecnología, los horarios, más amplios que en Barcelona... Las actuaciones serán más ligths en las primeras horas de la tarde, para ir subiendo de intensidad según avanza la noche. El morbo está servido.



