La comida es sagrada

19 / 06 / 2006 0:00 Jaime Barrientos
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Alimentos y bebidas prohibidos por algunos credos son auténticos manjares para otros. La vaca y el cerdo, entre el pecado y el éxtasis.

En este mundo globalizado hay que tener mucho cuidado con lo que se come fuera de casa o lo que se les ofrece a nuestros invitados. Los alimentos de un simple plato combinado consistente en una hamburguesa, una ensalada, café con leche y una bebida pueden llegar a ofender, por lo menos, a seis o siete religiones. Lo que pueden comer los judíos se llama kosher que es lo mismo que puro para los cristianos y que los musulmanes denominan halal. La carne, si es de cerdo, no la pueden comer ni judíos ni musulmanes y, aunque sea de vaca, las diferentes religiones del subcontinente indio la tienen prohibida al ser mayoritariamente vegetarianas y los más estrictos rechazan, además, la sal porque excita la concupiscencia.

Los taoístas no tocarán el pan porque donde se almacena el grano hay gusanos y los jainitas tampoco, por los granos de sésamo que éstos destruirían, impidiéndoles germinar. El acompañamiento del menú turístico tampoco sale muy bien parado. Los jainitas no consumen zanahorias porque al sacarlas de la tierra se arrancan sus raíces y se mata su alma, ni lechuga, porque entre sus hojas puede haberse escondido un ser vivo. La verdad es que esta religión es la que más crudo lo tiene a la hora de comer porque, hasta cuando van por la calle, se tapan la boca con un paño de tela para no tragar insectos. Como hay que tener la mente clara para alcanzar el nirvana, algunas escrituras budistas sostienen que las cebollas crudas vuelven agresivo al que las come y cocidas, conducen a la lujuria.

Ni un café con leche

Una interpretación estricta de esos mismos textos hace que los hare krishna rechacen la ensalada si tiene champiñones porque se cree que causan la ignorancia al crecer entre detritus. Con el estómago vacío para no ofender a ninguna deidad, tampoco hay consuelo en un café con leche. ¿Por qué? Por la leche y por el café. Los judíos dicen que no se puede beber tras haber comido carne porque no es moral que la madre (la vaca o la oveja) se encuentren juntos en el estómago.

Irán, principal exportador junto con Rusia del caviar, tiene que hacer una pequeña trampa al leer el Corán y así como en uno de los versículos se prohíbe terminantemente comer aquellos animales que vivan en el agua pero que no tengan escamas, que tengan patas o se arrastren, en otro se dice que todo lo que vive en el agua es considerado puro y se puede co- mer. Por eso los talibanes afganos se circunscribían a lo dicho primeramente y negaban como impuro el marisco y los moluscos, el tiburón y el esturión pero, como los ayatolás saben que el caviar supone una importante fuente de ingresos para el país, decidieron que el esturión sí tiene escamas pero que son diminutas y que sólo pueden ser contempladas al microscopio.

Manjar de dioses

Alimentos para agradar a los dioses, comidas especiales para entrar en contacto con ellos o ritos para purificar lo que llevarse a la boca en nombre de una religión. Para los hindúes el helado constituye una ofrenda ideal a las Alturas ya que se cree que el azúcar proporciona salud y la leche es una fuente de grasas animales que pueden ser obtenidas sin necesidad de matar. Por el mismo motivo, la nata montada es un alimento sagrado para los zoroastras. Con mantequilla agria de yak untan en Tíbet muchas estatuas y desde Nepal a la India el ghi es muy apreciado en ceremonias religiosas. Lo consumen o lo utilizan para embadurnarse el cuerpo o los cuernos de las vacas sagradas.

La variada y rica cocina española se nutre con numerosos platos, sobre todo postres, que rememoran la advocación a los santos. En el vudú haitiano, el lucumí cubano o el candomblé brasileño, herederos todos ellos de la unión entre el animismo africano y la religión católica, cada santo tiene sus propios gustos gastronómicos.

Mayas y aztecas

Otros que se entretenían sacrificando seres humanos en nombre de sus dioses eran los mayas y aztecas y en numerosos pueblos del África subsahariana era costumbre comerse el corazón del enemigo una vez muerto en la creencia de que así adquirían su valor y fortaleza, honrando con su ingesta, además, al espíritu del fallecido.

En el Año Nuevo, los chinos, para congraciarse con su divino panteón suelen consumir pescado, ya que allí es el símbolo de la abundancia. El cambio de año también es celebrado en Japón con panes y bollos de arroz, mientras el cordero es el protagonista de la Pascua judía así como de la fiesta de los musulmanes que pone fin a la peregrinación a la Meca.

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