Guía de los buenos modales
Un programa de televisión ha vuelto a poner de moda las buenas formas. He aquí un resumen imprescindible para manejarse correctamente en sociedad.
Los expertos en protocolo se lamentan de que la relajación de las costumbres ha provocado que muchas personas no sepan cómo actuar en determinados ambientes, tanto si acuden a una fiesta de gala o a una ceremonia, como si son invitados a una cena formal, al ser presentados a otras personas o incluso en su mismo ámbito laboral.
Las joyas de la corona, el programa que ha emitido Telecinco en el que varios jóvenes han sido aleccionados sobre la forma de comportarse correctamente, podía ser el ejemplo llevado al extremo. Los participantes no eran precisamente la flor y nata de la sociedad y los profesores televisivos tenían que pulir los modales de estos chicos sometiéndoles a diversas pruebas que debían superar. El programa ha captado el interés de los espectadores con una media de audiencia del 14%.
Para Carmen Cuadrado, experta en protocolo y autora de Las buenas maneras contadas con sencillez, la falta de conocimiento de los concursantes no es una excepción: “La sociedad española en general es una de las menos protocolarias y fuera de nuestras fronteras tenemos fama de ser muy maleducados. Se nos tacha de impuntuales, de gritones, de que tratamos a los desconocidos con excesiva familiaridad, de una absoluta falta de cortesía verbal y de ser irrespetuosos con los demás”.
Carlos Redondo, enamorado del mundo del protocolo y uno de los mayores coleccionistas de libros sobre el tema en España, es más optimista y cree que después de años de relajación en las costumbres está resurgiendo el interés por el arte del saber estar. A Redondo su pasión por las buenas maneras le llevó a crear hace 15 años el portal protocolo.org, una de las guías más completas para saber comportarse en cualquier ámbito social. El portal se ha convertido en un referente y acumula infinidad de visitas “sobre todo en épocas como la primavera, cuando abundan las bodas, o en Navidad, cuando la gente tiene que organizar cenas y recibir en casa”. Como consecuencia de este nuevo interés en los últimos años han proliferado con éxito multitud de talleres, cursos especializados e incluso másters en protocolo. “Cuando la gente oye el término protocolo piensa en boatos de mucho ceremonial pero es algo que sirve también para saber desenvolverse en cualquier ámbito diario, como es el propio trabajo, cuando acudes a una reunión o coges el teléfono”, explica Redondo.
Cometer errores o tener dudas a la hora de comportarse es algo frecuente. “La misma Carmen Lomana, en Las joyas de la corona, invita a comer a los alumnos a un restaurante de la exclusiva urbanización madrileña de La Moraleja y lo primero que hace al sentarse es apoyar los codos sobre la mesa, algo que no se debe hacer. He seguido el programa por curiosidad y he pillado a los profesores en varios renuncios”, comenta Redondo.
Para despejar dudas, no meter la pata y salir airoso en cada una de las ocasiones aquí les ofrecemos algunas de las claves del saber estar. Aunque en esto como en todo, hay excepciones.
En las ceremonias.
- Por regla general no hay que ir de blanco a una boda, de negro a una comunión, ni de colorines a un funeral. Lo de ir de blanco a un enlace no es por el color sino porque no hay que restarle protagonismo a la novia, que es quien debe destacar.
- No se lleva vestido largo para una boda de día, el largo se deja para la noche. “Aunque por ejemplo en la boda del príncipe Felipe y Letizia, a la que nombraron como la más estilosa entre las invitadas fue a Rania de Jordania, que iba con una falda larga y una blusa blanca”, comenta el experto Carlos Redondo.
- Por la mañana, pamela; por la tarde, sombrero; y por la noche, tocado (memorable la enorme pamela rosa que lució la infanta Elena en la boda de su hermana Cristina). Aunque no todo el mundo se atreve ni a todos les queda bien. Se puede ir muy elegante sin este complemento y mejor prescindir de él si no se está muy seguro.
- El frac está reservado para la noche y ocasiones muy formales, es el traje de máxima etiqueta. Se llevará cuando el ceremonial o la invitación lo señalen. Lo puede utilizar el novio cuando la boda sea después de la caída del sol.
- El esmoquin es el traje de ceremonia más usado por las noches. Su origen corresponde a los caballeros ingleses, que lo empezaron a utilizar para fumar. En las invitaciones se suele indicar la expresión “corbata negra” para los actos que requieren esta etiqueta.
- Cuando en una invitación se indique el atuendo recomendado hay que seguir la indicación “si no, mejor no asistir”, aconseja Redondo.
En el vestir.
- La imagen es nuestra tarjeta de visita. Aunque las personas tengamos otros muchos valores, la primera impresión es fundamental.
- Las tendencias de moda pueden sugerir nuestra vestimenta en cada temporada, pero no imponerla, siempre utilizaremos el sentido común y elegiremos aquellas prendas que mejor se adapten a las líneas de nuestro cuerpo.
- A la hora de vestirnos hay que pensar: “Cómo soy, qué años tengo, dónde voy y qué hora es”, eso le dice a uno lo que debe ponerse.
- Se dice que un hombre bien vestido es aquel que compra su ropa inteligentemente, se la coloca con esmero y después se olvida de ella y se siente tan cómodo como si no llevara nada.
- En general, la moda y la elegancia están muy unidas a la naturalidad, la armonía, el respeto y el buen gusto, no siendo elegante lo que se suele juzgar como excéntrico o demasiado atrevido. La discreción y la sencillez son siempre preferibles a la exageración y la ostentación.
- No se viste con más de tres o cuatro colores a la vez “a no ser que se sea Ágatha Ruiz de la Prada”, bromea Redondo.
- Los hombres no deben llevar la camisa del mismo color del traje.
- No se deben combinar estampados muy similares en dos prendas, ni cuadros con rayas (y sin embargo, este invierno es tendencia: la transgresión de las normas forma parte de la moda).
- La oportunidad o inoportunidad de nuestra ropa transmitirá mensajes silenciosos de poca o mucha adaptación social. Todas las prendas llevan implícita alguna intención y en este sentido es importante vestirse de acuerdo con la impresión que queramos transmitir.
En la mesa.
- En la mesa los modales cobran un gran protagonismo y es una situación perfecta para demostrar que se tiene una buena educación.
- No empiece a comer hasta que su anfitrión lo haga o hasta que se lo pidan.
- La servilleta se coloca en el regazo, si es pequeña se puede abrir del todo y si es grande se mantiene doblada hacia usted.
- Si un plato no le gusta, no lo desarme para dar la impresión de que lo ha comido. Puede probar un poco y dejar el resto tal y como se lo sirvieron. Un anfitrión educado no le hará ninguna pregunta. Y si se la hace, usted puede responder con alguna disculpa.
- No se utilizan los cubiertos propios para acceder a fuentes, salseras, soperas o cualquier otro tipo de recipiente comunitario.
- Si hace una pausa durante la comida, para que no le retiren el plato debe colocar los cubiertos en ángulo de 45º, el tenedor con las púas hacia abajo y el cuchillo con el filo hacia dentro.
- Si terminamos y deseamos que nos retiren el plato, debemos colocar los cubiertos de forma paralela, a un lado del plato, haciendo la similitud con las agujas de un reloj, en la posición de las cuatro y veinte.
- Para utilizar las copas comience utilizando la que se encuentra más cercana a usted. Por ejemplo: jerez (plato de sopa), vino blanco (plato de pescado o pollo), vino tinto (plato de carne) y copa de agua.
- En la actualidad hay numerosos alimentos que el protocolo recomienda comer sin cubiertos o usando las manos, como los caracoles, las chuletillas de cordero, el conejo, los mariscos, el pan, las aceitunas, los canapés, los pastelitos, las endivias, los cogollos de lechuga, las frutas pequeñas e incluso los espárragos.
- El pan casi merece un apartado para él solo ya que es uno de los elementos de la mesa que más incorrectamente se suele utilizar.
- El pan se trocea únicamente con las manos. No se debe utilizar ningún tipo de cubierto, ni tradicional ni especial.
- El pan que nos corresponde es el de nuestra izquierda y suele colocarse en un platillo auxiliar a la altura de las copas, aproximadamente (ocurre frecuentemente que cuando se va a comer ya lo ha hecho el comensal de al lado equivocadamente).
- Se puede empujar con él algún pequeño trozo de alimento que se resiste a ser tomado con el tenedor o la cuchara, pero no rebañar el plato con el pan o hacer barquitos.
- No fume durante una comida y si no tiene otra opción, no lo haga hasta que se haya servido el postre.
En una cena.
- Tan malo es el retraso como llegar antes de tiempo (incluso puede que esto sea peor): si le han citado a las 10 de la noche no se presente a las 9.30 y pille a los anfitriones todavía sin arreglar.
- Lo cortés es llegar con un retraso de unos 15 minutos, dándole margen a los anfitriones por si fueran retrasados. Esta opinión es discutible, pero, en todo caso, nunca más tarde de un cuarto de hora.
- Cuando invitan a una cena en una casa todo el mundo suele llevar algún detalle gastronómico como vino o un postre, pero en ocasiones violenta al anfitrión porque ya tiene un vino seleccionado o ha empleado tiempo en elaborar un postre propio que queda deslucido, lo recomendable es un detallito para la casa o mandar flores al día siguiente.
- En la conversación hay que intentar no desplazar a los comensales, para ello mejor hablar de algo genérico de lo que todo el mundo pueda opinar y no sacar temas polémicos.
- En una cena oficial se traza un círculo con un compás imaginario, se habla con el de enfrente, derecha e izquierda.
En una fiesta.
- Si organiza una fiesta de pocos invitados, su obligación es presentarlos a todos. Si los invitados son muy numerosos, no estará obligado a presentarlos a todos, pero sí debe vigilar que ninguno de ellos deambule por la fiesta como alma en pena, tratando de incorporarse a algún grupo.
- Si queremos facilitar la introducción del presentado al grupo, podemos indicar el trabajo o las aficiones que tiene, para dar pie a un tema de conversación inicial. Será un detalle muy agradecido por los presentes.
- La autopresentación es aceptable sólo en algunos casos. Así, si asistiera a una fiesta y no fuera presentado, puede recurrir a autopresentarse: diga su nombre y apellido, añadiendo algo del estilo de “tenía muchas ganas de conocerle” o “me han hablado mucho de usted”.
- Procure no hacer intromisiones a destiempo. No autopresentarse o presentar a otras personas cuando vea que están ocupadas o en una conversación privada.
- Si se siente incómodo, o un poco apartado de una conversación con otra persona o un grupo de personas, despídase de forma educada, con cualquier fórmula de cortesía: “Perdonen, pero acabo de ver entrar a un amigo. Discúlpenme, voy a saludarlo”; “Ha sido un placer charlar con ustedes, pero tengo que dejarles”; y otras fórmulas similares.
Los saludos.
- La gente ya no saluda al entrar en un comercio, en una oficina o al encontrarse a alguien en la escalera, lo correcto es saludar (aunque en las grandes ciudades se empiece a ver como algo extraño).
- Los saludos son muy importantes en cualquier relación social. Tutear no significa ser más moderno o ser más abierto, sino una considerable falta de respeto por la otra persona (sobre todo cuando se trata de personas mayores). Hay que evitar el tuteo tanto en las relaciones laborales como en las sociales en las que no se tenga una confianza adquirida y mientras la persona no le indique lo contrario.
- Al dar la mano debe mirar fijamente a la persona que saluda. El contacto visual es tan importante como el contacto físico de las manos. Las miradas huidizas suelen generar una cierta desconfianza. Si el saludo lo acompaña de una sonrisa, mucho mejor. Una cara agradable es una buena carta de presentación acompañada de un saludo de cortesía.
- No es correcto lanzar la mano primero, hay que esperar a que se la ofrezcan las personas de mayor rango o edad, las mujeres y sus superiores.
n Si está sentado y le presentan a una persona debe levantarse en señal de respeto. Sólo la mujer puede seguir sentada, aunque debería también levantarse si le presentaran a una señora de mayor edad o a un señor de elevada posición social.
- En España, los besos son muy habituales en los saludos, no sólo en el ámbito social o familiar, sino en el laboral, aunque en este último lo apropiado es dar la mano. “No es difícil ver a la propia Reina de España dando dos besos a un escritor premiado o a un deportista que ha obtenido una medalla, algo infrecuente fuera de nuestras fronteras”, apunta Redondo.
- En el resto de Europa el saludo más habitual es dar la mano, en el ámbito social y laboral, dejando el beso para el ámbito más familiar e íntimo.
- En países orientales como Japón, prevalecen los saludos sin contacto físico; el saludo más habitual es una leve inclinación de cabeza como muestra de respeto por la otra persona. A mayor respeto mayor será la inclinación que deberá hacer. En la India el contacto físico puede ser interpretado como una ofensa.
En el trabajo.
- La empresa es uno de los ámbitos en los que las fórmulas protocolarias se utilizan con más frecuencia y en el que hay que conocer las claves, “porque no vale ser el mejor programador informático si luego no sabes cómo comportarte en una reunión o presentar tus proyectos a una empresa”, afirma Carlos Redondo.
- La observación por parte de una empresa del ceremonial empresarial contribuye a desarrollar una imagen corporativa seria y a su vez dinámica.
- En el trabajo no se debe tratar a compañeros y jefes con demasiada confianza, no es lo apropiado en el ambiente laboral (aunque dependerá del tipo de empresa y conocimiento entre los empleados).
- El grado de formalidad en el comportamiento y el vestido dependerá de la actividad a la que se dedica la empresa. Como cada empresa es un mundo diferente, lo ideal es que observemos cuidadosamente la actitud general y nos adaptemos a ella.
- Hay que contestar al teléfono con educación y con cortesía. Hay que tener en cuenta que a través de él se da la imagen de la empresa.
En resumen, no hay que tenerle miedo al protocolo porque es una forma de facilitar la vida social, no de complicarla.



