Gobierno y fútbol, a patadas

16 / 05 / 2008 0:00 Elias Israel
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Ángel María Villar, presidente de la Federación, se niega a convocar elecciones pese a una orden ministerial que le obliga. Su decisión tendrá consecuencias.

Malo sería que Villar siguiese como presidente en esta legislatura”. Cuentan que Jaime Lissavetzky hizo este comentario en un círculo íntimo nada más tomar posesión como secretario de Estado para el Deporte en 2004. A punto de cumplir veinte años al frente de la Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar se perpetúa en el cargo. Quiere sobrevivir como sea a la próxima Eurocopa, que se celebra en junio en Austria y Suiza. Su enfrentamiento con el Gobierno está viviendo un nuevo episodio. Como si de una novela por entregas se tratase, el pulso se mantiene abierto.

Villar explica su extrema delgadez física desde la dieta del zapato (mucho andar y poco plato), pero en realidad tiene mucho que ver la dieta Zapatero, preocupaciones a diestro y siniestro por una orden ministerial que le tiene entre la espada y la pared. La sombra de la inhabilitación vuelve a planear sobre su cabeza. Y esta vez no parece sencillo que pueda librarse.

La sartén por el mango

El fútbol, representado por su organismo federativo, ha decidido hacer caso omiso de la orden ministerial que le obligaba a convocar elecciones en el primer trimestre del año, al ser una Federación Olímpica no clasificada para los Juegos de Pekín. La Audiencia Nacional se ha negado a suspender cautelarmente dicha orden ministerial. La Federación argumenta que vulnera el espíritu de la Ley del Deporte y recurrirá, pero tiene pocos visos de prosperar. Dispuesto a todo con tal de no abandonar la poltrona, Villar aguanta carros y carretas, sabedor de que tiene la sartén por el mango en los recovecos futbolísticos. Para eso es vicepresidente de la FIFA y la UEFA, los dos organismos que manejan los hilos del deporte rey en el mundo. Se agarra como un clavo ardiendo al nuevo Código Electoral FIFA, “una autoprotección contra el intervencionismo de los gobiernos”, según apunta una fuente federativa. Por eso ha convocado elecciones para el mes de noviembre, cuando se cumplen cuatro años desde los últimos comicios federativos. Incluso se comenta desde la Federación, sin tapujos, que no se fían del sistema de votación exigido por dicha orden ministerial: “Nos obligan a utilizar un artilugio electrónico, propiedad del Consejo, sin urnas ni papeletas físicas”. Entienden que dicha orden ministerial es un “decreto antiVillar”, ya que de las veintiocho federaciones olímpicas la única que no estaba clasificada era la de fútbol. En la Federación tienen la sensación de que éste es un episodio más de una campaña de acoso y derribo que dura ya demasiado tiempo. Tuvo su origen en un pacto entre Ángel Villar y Juan Antonio Gómez Angulo, secretario de Estado durante el Gobierno Aznar, para la congelación de la subvención. Desde el primer trimestre de 2003 se ha tenido que tirar de recursos propios, llegando a situaciones límite. La cuestión se agravó con la ruptura del contrato de Televisión Española (en la Federación miran al Gobierno) y la situación rozó el esperpento con el patrocinio de la DGT para incluir su logotipo en la camiseta de la Selección. Con las camisetas ya serigrafiadas, la DGT dijo no tener presupuesto para asumir el patrocinio. Por el camino, el Tribunal de Cuentas exigió a la Federación reintegrar tres millones de euros, lo que le llevó al borde de la bancarrota, si es que no lo está ya. Aunque se le restituyese la subvención, la Federación se queja de que ya ha asumido cinco millones de euros en intereses, un dinero que jamás recuperará. Para los menos avezados, la Federación Española maneja más de 600.000 licencias de futbolistas en toda España y mueve más dinero que el fútbol profesional. Es el organismo que tutela la Selección, el colectivo de árbitros, entrenadores, jugadores y federaciones territoriales, además del fútbol sala.

Advertencia o amenaza

Si las zancadillas de despacho han estado vigentes los últimos cuatro años, fue Joseph Blatter, máximo responsable del fútbol mundial, el que pasó al ataque en Madrid, en perfecto castellano, aprovechando la invitación del Real Madrid al homenaje a Di Stéfano para lanzar una advertencia, más bien amenaza, al Gobierno español. Blatter mostraba así su agradecimiento a Villar por los muchísimos votos que le consiguió para acceder a la presidencia FIFA. Si obligaban a la Federación de Fútbol a convocar elecciones, la FIFA expulsaría directamente a los equipos españoles de la Liga de Campeones (donde queda el Barcelona como único representante) y, sobre todo, prohi- biría que España participase el próximo mes de junio en la Eurocopa. La amenaza no era baladí. En Grecia ocurrió un caso similar y el Parlamento tuvo que revocar un decreto aprobado quince días antes para que su Selección y sus clubes no fuesen expulsados. También se han dado casos similares en Polonia, Portugal, Perú e Irán. Es por ello por lo que FIFA creó el Código Electoral. El Gobierno español, ante esa chulería en sus propias narices, ha intensificado la presión sobre Villar, aunque las elecciones generales han mitigado un poco su efecto. Se supone que con la nueva victoria socialista la presión se va a multiplicar. El cumplimiento de la ley se ha convertido en exigencia. Jaime Lissavetzky avisó de que “las elecciones a la RFEF tendrán que realizarse según la legislación deportiva española. Ese incumplimiento no se puede tolerar. No tengo ninguna duda de que España jugará la Eurocopa porque se lo ha ganado sobre el terreno de juego”. Villar, en su huida hacia delante, ha decidido llevar el órdago hasta el final. Para ello, ha aprovechado la última asamblea del fútbol español para ratificar que la Federación se rige por el Código Electoral FIFA, por encima de las leyes del Estado, y para rematar incluye una nueva norma, según la cual para presentarse a presidente de la Federación se requieren los mismos requisitos que para ser asambleísta. Esto no lo cumple Mateo Alemany, ex presidente del Mallorca, y candidato favorito del CSD para ocupar el sillón federativo. Como maquillaje, la Asamblea del Fútbol sí aceptó del CSD los parámetros que la nueva Ley contra el Racismo y la Ley del Dopaje estipulan. En el trasfondo, una lucha mediática importante en plena guerra del fútbol, ya que los derechos de los grandes acontecimientos futbolísticos, así como la audiencia que genera cualquier partido de la Selección, es un pastel muy apetecible para los grandes grupos de medios. La sombra de la inhabilitación planea sobre la cabeza de Villar. Los próximos días serán determinantes para conocer el futuro del fútbol español y acabar con un partido gobierno-fútbol, de todo menos limpio.

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