Cómo tomar el vino en casa
Tiempo desvela las claves para disfrutar del vino en toda su extensión sin tener que llegar a ser un experto ni pasarse de cursi.
Saborear un vino y conocer todos sus matices es un placer al alcance de todos. A pesar de la desmesurada seriedad que parece tener a primera vista (y que algunos le imprimen) no es un asunto demasiado complicado. Sentido común, disposición y tomar ciertas precauciones son los requisitos que nos permitirán disfrutar de un vino plenamente y exprimir de verdad sus posibilidades. Bastará con pequeños y sencillos rituales que se pueden llevar a cabo sin demasiado esfuerzo. No hablamos aquí de Vega Sicilias o grandes referencias... sino de esos vinos nuestros de cada día que también, por supuesto, se merecen ser bien tratados hasta que llegue el momento de beberlos.
Conservación.
No hace falta tener una bodega climatizada pero, desde luego, su almacenamiento en la cocina no es recomendable, ni en ningún otro lugar donde existan olores extraños o fuertes (garaje, leñera...). El corcho del vino transpira y puede absorber aromas nocivos. En una casa normal habrá que elegir la habitación con menos ruido y más oscura y aunque hay que descartar el trastero si está en el ático, por las oscilaciones de temperatura. Los sótanos sí pueden servir.
Colocación de las botellas.
Las botellas deben estar colocadas siempre en horizontal y con la etiqueta hacia arriba. Si es posible, separadas por características del vino: por tipos (blanco, tinto y rosado) y, entre los tintos, ordenados si se puede por zonas o por añadas. Hay que recordar que los vinos jóvenes no tienen una vida más allá de los dos años: es inútil almacenarlos porque se estropearán, y lo mismo para los blancos, rosados y cavas sin ninguna crianza.
Temperatura.
Si no se dispone de bodega climatizada o armario-cava en casa, es necesario preocuparse de que el vino esté a la perfecta temperatura. Una cuestión crucial para que el vino se exprese en toda su extensión. No es difícil y se puede hacer en la nevera: son 7º para espumosos y blancos dulces y 8º para blancos secos, rosados y generosos de Jerez. Los tintos jóvenes deben mantenerse a unos 13º, y los tintos con crianza, entre 17º y 18º. No nos equivocaremos.
Descorche.
Utilizar un cortacápsulas es práctico y hay en el mercado muchos modelos muy baratos. Una vez cortada la cápsula, siempre por debajo del gollete de la botella, se procede al descorche, mejor con un sacacorchos bueno que no romperá el corcho si este está algo deteriorado o seco. Para el champán, unas tenazas (sirven las domésticas) para aflojar el corcho y el secreto es tumbar la botella a unos 23 grados (la mitad de un ángulo recto) para que no se desborde la espuma en la apertura. En vinos tranquilos se puede poner un anillo antigoteo para no manchar al servir.
¿Es necesario decantar?
Cuestión peliaguda. Por norma general, los vinos muy jóvenes (potentes y agresivos) junto a los muy viejos (con matices de claustro o cerrado e incluso de oxidación) deben decantarse. Pero ¡ojo!, los vinos con años pueden deteriorarse en cuestión de minutos: para no equivocarse, se decantará (sin golpear el vino con la pared del decantador, solo dejándolo resbalar suavemente) cuando todo el mundo esté a la mesa. Los jóvenes pueden necesitar una hora hasta oxigenarse debidamente y perder su agresividad (exceso de alcohol, etcétera).
Copas.
Están muy de moda las copas de colores y son muy bonitas, pero no permiten ver el color del vino. Es más recomendable utilizar cristal fino y transparente –lo ideal es el soplado–, que puede ser tallado. Entre la de balón (para los tintos) y la de tipo burdeos está el juego; esta última es perfecto comodín para todo tipo de vinos. Para el champán parece que ha pasado la moda de la copa flauta y se exige una copa con más fondo: vuelven las de cristal bajas, pero hay gustos y cualquiera de las dos serviría.
En la mesa.
Los cestillos están desapareciendo pero son vistosos y aptos para los reserva o gran reserva. En el caso de un crianza, un platito y la botella dignamente colocada sobre él servirá. Es mejor no situarlo encima de la mesa, sino en mesita auxiliar e irlo sirviendo poco a poco. En el caso de blancos, generosos o espumosos, es imprescindible una cubitera de hielo con agua que permita introducir la botella hasta el cuello. Si hay prisa, un buen puñado de sal en el cubo de hielos provocará un enfriamiento más rápido.
Servicio.
Es divertido dar algún dato del vino además de la añada, como la zona, el tipo de uva o la crianza a la que ha sido sometido, pero siempre de manera informal y sin sentar cátedra. No hay cosa peor que un anfitrión pedante. Si se va a escanciar directamente desde la botella, hay unos adminículos de aluminio que, colocados en la boca de la botella, permiten servir más precisamente. Los espumosos se sirven en dos golpes y los vinos tranquilos en uno: y, por favor, no servir tan solo dos dedos de vino, porque se calentará mucho antes.
La cata.
Con un vino blanco o espumoso y otro tinto el asunto estará solucionado. Para los postres, desde luego un dulce (sobre los 15º) para ofrecer a nuestros invitados será un detalle. Y el champán, siempre en el aperitivo, aunque se puede continuar con él durante toda la comida o el primer plato. El anfitrión probará el vino el primero de manera informal para comprobar que no está deteriorado y, acto seguido, servirá a los demás con preferencia femenina. En un almuerzo o cena entre amigos no caben comentarios técnicos ni hablar a los demás ex cátedra, pero sí viene bien algún comentario desenfadado sobre el color, el aroma o las características en boca del vino, siempre que se implique a los demás en la conversación y todos participen.



