Estos son los mejores guionistas de la TV

27 / 02 / 2006 0:00 MARISA PERALES
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Entre las cinco series y los dos programas para los que trabajan atraen una media de 28 millones de espectadores con historias bien contadas e ideas frescas.

Es un veterano en el mundo de los guiones. Antes de aterrizar en televisión probó el teatro, picoteó en prensa y publicó dos novelas. Pero no ganaba suficiente. ”Los guionistas, al menos los que trabajamos habitualmente, que somos muy pocos, vivimos moderadamente bien. Pueden ser 12.000 euros por capítulo, pero hay que decir que cada uno ronda las cien páginas“. Cuéntame lleva siete temporadas y 117 capítulos. ¿La clave? “Unos magníficos actores, por no hablar de un buen diseño de producción, un director con talento y un guión en condiciones”.

Oficio o talento. El viejo dilema. Ambos términos son necesarios. “Hay que leer mucho, ver televisión, ir al teatro, viajar, y tener una cierta cultura. Las humanidades son imprescindibles”. En diseñar una serie tarda de ocho a diez meses en total.

Las series favoritas de Ladrón de Guevara son Sexo en Nueva York porque “tiene unos diálogos primorosos” y El Comisario, que “posee muy buena factura”. No permite que nadie le haga sugerencias sobre los ingredientes que debe llevar la tra- ma –un niño, una abuela, un papá– “eso lo he rechazado siempre. Hace muchos años, en Querido maestro me insinuaron que incorporara un niño con síndrome de Down y me negué”.

Es periodista, escritora y crítica literaria. Pero ésta no es su primera incursión en la tele. Es subdirectora, coordinadora de contenidos y guionista. “La presión de un programa diario es brutal, de vértigo. Todas las mañanas, a eso de las diez, se prepara la escaleta y en una reunión se estudia por dónde arrancar, el tiempo que interviene cada invitado, además de preparar la edición de los vídeos grabados. A las ocho se entrega el guión definitivo. A las 21.30 se visionan las imágenes desde el control de realización. “El lenguaje televisivo es muy concreto, hay que conocerlo. Es muy directo, con guiños cortos, un punto canalla en el buen sentido de la palabra, muy gamberro, muy late night, nada de frases subordinadas. Se trata de crear un clímax para que el entrevistado se sienta a gusto y sea capaz de olvidarse del plató y de las cámaras. Pepe Navarro ni se luce, ni es engolado. Suele decirme: “Yo no hablo así, acórtame esa frase. Nada pedante”.

“Tú deberías escribir y lo harías bien”, le dijo su padre a los 21 años. Estudió Empresariales y se apuntó a un máster en el Instituto de Televisión Española. Era el año 95. Fueron sus comienzos. Guiones para un especial de Nochevieja, sketches para Mari Carmen y sus muñecos, cuñas publicitarias de radio, adaptaciones de obras de teatro para la tele... hasta llegar a Miramón, la productora de José Luis Moreno, su casa, como dice él. ”Las condiciones de trabajo son inmejorables, soy su sobrino y un enchufado. Mi propio jefe”.

Y añade: “El proceso para empezar a escribir un guión es sencillo, eso sí, hay que saber de qué va la historia y el perfil de los personajes. Unas cien páginas para setenta minutos”.

Hay una parte de esta profesión que se aprende, el otro 50 por 100 es creativo. “Dos ingredientes: sensibilidad y estar atento al mundo que te rodea, sin necesidad de ser Kafka”.

En Aquí no hay quien viva Alberto se basó en una comunidad de vecinos con muchos personajes, lo que permite llevar un ritmo elevado de las situaciones. “Lo importante es contar una historia que mole y realizar un buen casting. La producción es secundaria. Yo he visto series muy cutres triunfar y hundirse producciones lujosísimas”.

Ha firmado contrato hasta 2007. Hasta el momento se han emitido 70 capítulos, así que Alberto lleva escritas 8.000 páginas en dos años largos de emisión. Todo es tan norteamericano en Globomedia que Aída se ideó por medio del spin off, un término que significa crear una serie a través de un personaje de otra serie. Carmen Matchi creció tanto en Siete Vidas que se hizo la dueña. Aída está hecha a su medida. “Hay tal compenetración entre sus seguidores que los espectadores la paran por la calle: ‘Gracias, me haces pasar un domingo muy agradable, tengo los mismos problemas con mis hijos”.

Un total de quince guionistas se dedica en cuerpo y alma a dar forma a esta madre de familia separada, con pocos recursos económicos. El proceso del guión es complejo. La primera versión la escriben por separado cada uno de los tres miembros de un equipo que se reparten seis escenas por cabeza. En cada episodio hay unas dieciocho. La segunda versión se hace ya en equipo (los tres juntos) y para la tercera, cuarta y quinta, el equipo se refuerza con un segundo grupo de tres guionistas. Es el momento de afinar y dar brillo a los gags. A partir de ahí, el guión está preparado para bajar en lo que llaman la mesa italiana. Consiste en reunir intérpretes y escritores en torno a una gran mesa ovalada. Allí leen en voz alta el guión y los guionistas anotan lo que no funciona (porque no hace gracia, porque cuesta decirlo o es reiterativo...) hasta dar con la fórmula perfecta.

Es productor ejecutivo, es decir, el encargado de gestionar creativa y económicamente la serie. Y además es guionista. Esa es la figura del productor norteamericano y en Globomedia siguen las pautas del país que domina la ficción.

Un cursillo de dos meses en Estados Unidos para posgraduados y licenciados en cine y televisión le sirvió a Juan Carlos Cueto para conocer de cerca cómo se construye un guión de serie. No siempre ha acertado. Con El grupo pinchó, fue un fracaso de audiencia. Casi Perfectos tuvo un recorrido algo más corto de lo esperado. Un paso adelante sobrevivió sin pasarse. En el otro extremo están rotundos éxitos como Médico de familia y Mis adorables vecinos. Juan Carlos aclara: “Nunca está asegurado el éxito, es muy difícil mantener la tensión, y resistir es ya todo un triunfo. Una cadena necesita ingresos publicitarios y un mínimo de audiencia, la competencia es tan despiadada que mueres o te llenas de gloria en un santiamén”.

Eva Hache se asoma tres días seguidos con un ritmo trepidante. Su programa es un informativo de humor. Incluye noticias, reportajes, una entrevista de actualidad y la conexión de cinco corresponsales. Eva está arropada por quince guionistas cuyo coordinador es Ángel Aiyón. “Además de derrochar humor –dice– la información debe ser rigurosa, no podemos pillarnos los dedos, hay que prever acontecimientos. No nos permitimos una incorrección informativa. Este telediario te obliga a estar muy atento. Es complicado”. Hacer un programa que resuma la actualidad del día distinto a los informativos habituales es su reto. “Nuestro objetivo es que el público se entere de lo que pasó durante el día, no dejar nada en el tintero. Y vamos bien, pero crucemos los dedos”.

Los monólogos son su fuerte, eso le implica estar muy pendiente de los textos, de los contenidos, del atrezzo, del vestuario, efectos de luces, audios, es decir no sólo lo que dicen los actores, sino de todos los elementos que acompañan al sketch. Un equipo formado por doce guionistas tiene la difícil tarea de seleccionar noticias y convertirlas en diálogos brillantes para que se luzcan los freaks de lujo de Buenafuente: Palomino, el Neng, José Corbacho, Mónica Pérez, que borda el papel de Doña Letizia. Hasta el mismísimo Andreu Buenafuente cuando larga su monólogo lo lleva muy aprendido aunque eso sí, siempre abierto a la improvisación. “Veo poca tele y no la disfruto: la analizo”.

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