Ellas sueñan con un macho alfa

24 / 02 / 2014 10:38 Fátima Uribarri
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Irresistibles, ricos, atentos y dominantes. Así son los protagonistas de las novelas más leídas por las mujeres.

La trilogía de la escritora Jodi Ellen Malpas, Mi hombre, formada por las novelas Seducción, Obsesión y Confesión lleva vendidos un millón y medio de ejemplares y entusiasma a un ejército de fans que la siguen con fervor en las redes sociales. Estas lectoras se han convertido en el punto de mira de los grandes grupos editoriales. La revolución erótico-romántica que arrancó con el fabuloso éxito de la trilogía Las cincuenta sombras de Grey, de E.L. James, está ahora en su punto culminante con títulos escritos por otras escritoras como la británica Malpas o la española Megan Maxwell. ¿Por qué ahora las mujeres prefieren las novelas con sexo explícito? “Porque ya no es un tabú, las mujeres siempre han querido leer sobre el amor y sobre erotismo, y ahora que se han liberado, lo hacen abiertamente. Son independientes y no se avergüenzan de compartir sus gustos e intereses”, responde Jodi Ellen Malpas, de visita en Madrid para participar en el IV Encuentro de Novela Romántica Adulta, en el que han participado 64 escritoras y 17 editoriales.

La novela romántica es un buen negocio: en España ocupa entre el 7% y el 10% del mercado de ventas. No está nada mal, pero es poco comparado con Estados Unidos, donde el 40% de los títulos que se venden son románticos. Norteamericanas son Nora Roberts, Danielle Stell o la más picante Nicole Rogers, veteranas reinas de las historias de amor que cumplen con el perfil de autoras de género: son muy prolíficas. Producen unos cinco libros al año que sus fieles lectoras devoran inmediatamente.

Las lectoras han cambiado.

Lo romántico no es nuevo. Desde siempre se han vendido bien las historias de amor de Victoria Holt, de Barbara Cartland o de Corín Tellado. El amor no ha cambiado, lo han hecho las lectoras. Las novelitas cortas y ramplonas funcionaron en los años 40 y 50 del pasado siglo. Se vendían en los quioscos y las compraban mujeres con pocas posibilidades de vivir las vidas de sus protagonistas. Al cambiar la vida de la mujer, también lo hicieron las novelas. A partir de los años 90, en España, varios grupos editoriales decidieron apostar por lo romántico. Zeta Romántica, por ejemplo, lleva más de 20 años inmerso en el género. Nacieron nuevos sellos y se unieron a otros, como el gigante Harlequín, veterano emperador del quiosco romántico, un gigante de dimensiones titánicas que ha vendido la friolera de más de 6.000 millones de libros, una cifra difícil de igualar por ningún otro gran grupo editorial.

Más páginas, tramas más elaboradas y un formato más cuidado se convirtieron en el nuevo traje de las novelas románticas. En 2011 llegó el bombazo de E.L. James y su trilogía sadomasoquista, y el género romántico vivió un potente zarandeo: se dispararon las escenas sexuales, y las ventas. Se produjo un hecho insólito: una autora desconocida desbancaba a premios Nobel y aparecía en la revista Time como una de las cien personas más influyentes del mundo.

Y tras ella, una estela de autoras, de títulos, de sugerentes portadas con sábanas de raso. Se ha descubierto un filón y hay que explotarlo. ¿Está Jodi Ellen Malpas, la actual campeona de ventas, harta de las constantes comparaciones con E.L. James? Un poco. “Sé que es inevitable, y es incómodo, sobre todo porque nuestras novelas son muy distintas. Lo único que tenemos en común es que ambas las protagoniza un macho alfa”.

El macho alfa del que habla es un hombre rico, que conduce un Ashton Martin y una Ducati 1.098, es dueño de una preciosa mansión, un campeón de la seducción y un genio en la cama, y que además, la cuida y la mima con infinitas atenciones. Atractivo, rico y atento, así es el hombre soñado por las novelas románticas de todos los tiempos. Lo nuevo es la subida de tono de las escenas de las novelas románticas del siglo XXI. Lo que antes era sugerido, ahora es explícito. “No me gusta la palabra pornografía, y mis novelas no lo son –explica Jodi Ellen Malpas–, porque la palabra pornografía no contiene las emociones que sí contiene lo erótico”.

La autora de Mi hombre no había escrito nada antes, no tiene formación universitaria, no buscaba la fama. Trabajaba en la empresa de construcción de su padre y por las noches, casi a escondidas, escribía la historia de amor que a ella le hubiera gustado vivir. Una historia de alto voltaje sexual protagonizada por un hombre muy dominante y controlador, similar en ese aspecto al Grey de las cincuenta sombras. ¿Es que las mujeres quieren ser dominadas por su pareja? “Yo soy independiente, tomo mis decisiones, pero quiero un hombre que cuide de mí”, responde Malpas.

Fenómenos editoriales.

Se llama Carmen y era “una secretaria, alguien sin carrera y sin apellido”, así se ha definido ella misma; hasta que en 2012 una editorial le encargó escribir una novela al estilo de Lascincuenta sombras de Grey. La llamaron a ella porque Carmen, con el seudónimo de Megan Maxwell, llevaba doce años escribiendo historias románticas. Carmen encendió la trama y creó Pídeme lo que quieras, Pídeme lo que quieras ahora y siempre, Pídeme lo que quieras o déjame, Sorpréndeme... Otro fenómeno: más de 200.000 libros vendidos.

E.L. James; J.E. Malpas y Megan Maxwell son autoras de trilogías exitosas. ¿Es imprescindible que la historia se narre en tres libros? J.E. Malpas cree que sí es necesaria una buena cantidad de páginas: “Cuando los personajes son tan complejos necesitan espacio. Si la historia es corta, al lector no le da tiempo a enamorarse de los personajes”, dice. Internet bulle de blogs, clubs de lectura, encuentros, comentarios y novelas en torno al género romántico. Por las redes sociales o en las estanterías de las librerías se multiplican los títulos con tramas muy variopintas; los hay con halos de thriller, con atmósfera paranormal, con intriga, con vampiros... Los dos únicos ingredientes imprescindibles para que sea romántica es que haya una historia de amor y un final feliz. Jodi Ellen Malpas sostiene que ella no ha manejado ninguna receta secreta: “Sencillamente he escrito lo que a mí me gustaría sentir y vivir”, dice. ¿Lo sabe su marido? No. “Ni él ni mi familia han leído mis libros, prefiero que no lo hagan”, confiesa.

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