El misterio de la orden del Toisón

04 / 01 / 2012 12:22 Carolina Pérez
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Una rama de la organización, exclusivamente de nobles, mantiene todavía las tradiciones medievales en un pequeño rincón de Bélgica.

Son solo unos pocos, escogidos entre los más ilustres nombres de la nobleza y la política europea. Elegidos por su excelencia y su mérito personal. Son los caballeros del Toisón de Oro, la orden más antigua y prestigiosa de la historia de Europa, llegada hasta nuestros días y con una actividad constante y fuera de los focos de los medios de comunicación. El escaso centenar de personas que pertenece a la organización, que en ocasiones se ha relacionado con la masonería y con todo tipo de conspiraciones políticas, cuenta con un exclusivo talismán: un lujoso collar de 26 eslabones del que pende el Vellocino de Oro. Su lema: “Golpea antes de que la llama prenda”. La joya, símbolo principal de esta orden que hunde sus raíces en los Rosacruces medievales, no es hereditaria ni transmisible, por lo que cada insignia, que está numerada, debe ser devuelta a la orden cuando fallece el titular.

Desde su fundación en 1430, el grupo de personas que tiene el privilegio de pertenecer a esta organización ha participado de manera decidida en el devenir del continente por cuanto sus caballeros tienen la obligación de promover la unidad de Europa. Nacida para defender a Dios y al rey Felipe II de Borgoña, se creó además como una institución de orden político, para que “la tranquilidad y la prosperidad de la cosa pública sean defendidas, protegidas y mantenidas”. Sin embargo, hasta nuestros días han llegado dos ramas de la orden, diferenciadas y separadas, como consecuencia de la Guerra de Sucesión, provocada por la muerte sin descendencia del último rey de España de la casa de Habsburgo, Carlos II, el Hechizado. Por un lado, una sección española, que nace con el primer Borbón y cuyo Gran Maese es en la actualidad el rey Juan Carlos I, y otra austriaca, cuyo gran maestrazgo fue ostentado por los emperadores del Sacro Imperio y de Austria y ahora está liderada por Carlos de Habsburgo-Lorena, un exponente de los reyes sin trono.

Divididos.

Desde la ruptura de la orden, en 1700, las dos ramas están enfrentadas, y ninguna reconoce la legitimidad de la otra por razones históricas sobre las que el Derecho Internacional no se ha pronunciado jamás. La división española, que solo Francia reconoce, ha quedado con el tiempo como un reconocimiento honorífico de personas ilustres, mientras que la bifurcación austriaca mantiene una actividad más opaca en torno al selecto grupo de caballeros que la conforman, la mayoría, miembros de las casas reales europeas, que guardan una discreción absoluta sobre sus reuniones y rituales periódicos. Cada 30 de noviembre, día de San Andrés, los 51 caballeros de la Orden del Toisón de Oro –cifra fijada en los estatutos manuscritos de 1516, pues antes solo eran 24- se reúnen en alguna ciudad europea para su cita anual. Este año, el encuentro se produjo en la que fue su sede original, la exquisita ciudad belga de Brujas, la Venecia del Norte. Para facilitar la reunión se cerraron los principales museos durante dos días.

El misterio es que la vertiente austriaca, que conserva como lengua oficial el francés aunque tiene sede en Viena, se ha mantenido apegada a sus orígenes y se aferra a la tradición cumpliendo con meticulosidad cada uno de los puntos desde su fundación. Los nombramientos de caballeros se hacen bajo los mismos ritos medievales y no se les da publicidad, pasando desapercibidos para el gran público eventos que reúnen a personalidades como el rey Alberto II de Bélgica; sus hijos, los príncipes Felipe y Laurent; el gran duque Enrique de Luxemburgo; el duque de Baviera; o el conde de Ormesson. Se ha conservado el acto armado de los caballeros, el gesto por el cual el Gran Maese toca con la espada al aspirante a convertirse en caballero de la orden. Solo pueden ser nobles de cuna y entre sus obligaciones está ser consultados para los grandes asuntos de Estado, reunirse una vez al año y, en caso de cruzada, acudir al campo de batalla. Son causas de expulsión la herejía, la traición y la aceptación de otro collar.

La división española, más moderna y que ha perdido la ligazón católica, ha permitido la concesión de la distinción a personas de confesión protestante y a plebeyos merecedores de la misma por los servicios prestados al Reino. Incluso, desde el siglo XX, el Rey la ha concedido a mujeres, cosa totalmente prohibida en el caso austriaco. Así, gozan de la más alta distinción que concede la Casa Real española las reinas Beatriz I de Holanda, Margarita II de Dinamarca e Isabel II de Gran Bretaña. El primer presidente de la democracia española Adolfo Suárez, fue condecorado con la insignia en 2007, y recientemente, el Rey –que a su vez lo recibió de su padre Don Juan de Borbón en 1941-, ha concedido el preciado collar al presidente francés, Nicolas Sarkozy, por su labor en la lucha contra la banda terrorista ETA. Será entregado en una ceremonia oficial este mes de enero. Entre las más de 20 personalidades a las que don Juan Carlos ha impuesto la distinción figuran el exsecretario general de la OTAN y exjefe de la diplomacia europea Javier Solana y varios monarcas como el rey de Arabia Saudí y el emperador japonés Akihito.

Una orden llena de tesoros.

De la actividad de la orden se conoce principalmente su lado dedicado al arte y conservación de su tesoro, y se ha mantenido el misterio sobre sus prácticas políticas en la élite. La imagen más conocida es su collar de eslabones en forma de B (de Borgoña) entrelazados de piedras centelleantes, inflamadas de fuego con esmalte azul y rayos rojos, de donde cuelga un cordero, en alusión al vellocino que Gedeón ofreció a Dios en sacrificio y acción de gracias por la victoria contra los madianitas. La contundencia de la joya, que debía ser portada obligatoriamente en público por los caballeros, hizo que se derivara a un lazo de seda negro y rojo, donde aparece en múltiples representaciones pictóricas.

En Madrid, la fundación Carlos de Amberes expone hasta el 26 de febrero La Orden del Toisón de Oro y sus soberanos (1430-2011), con obras de Rubens, Velázquez, Carreño de Miranda, Antón Rafael Mengs y Goya, así como una depurada selección de piezas de artes decorativas, armaduras y códices miniados. Se trata de piezas cedidas por Patrimonio Nacional y centros tan relevantes como el Museo Nacional del Prado, el Kunsthistorisches Museum de Viena o el Deutsches Historisches Museum de Berlín. En la catedral de Barcelona, puede verse la sillería del coro con los blasones de armas de los 51 caballeros que formaban la orden ya en 1520, cuando la Ciudad Condal albergó el único Capítulo que tuvo lugar en España bajo el mandato de Carlos V.

El tesoro del Toisón de Oro de la rama austriaca es conservado con mimo en Viena, donde se encuentra en especial la denominada Cruz del Juramento, formada por zafiros, rubíes y perlas, utilizada en las ceremonias de iniciación. En 2005, la fundación del Toisón de Oro, hoy registrada como asociación cultural bajo el patronato del Consejo de Europa, hizo una comunicación oficial poco común. Envió una carta abierta a los empresarios y autoridades federales, regionales y locales belgas para pedirles ayuda y “apoyo moral” para celebrar “una gran exposición de arte e historia” sobre el tema Dos mil años de historia europea de las regiones belgas, coincidiendo con el 175 aniversario de la independencia de Bélgica.

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