Desastre en el quirófano

05 / 04 / 2013 10:45 Macu Llorente
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Optaron por la cirugía para mantenerse con mejor aspecto, pero la operación les salió rana. Repasamos los casos más llamativos.

Muchos famosos han pasado y pasan por transformaciones estéticas, con mayor o menor suerte. Se ponen en manos de expertos para retocarse, pero en algunos casos el antes y el después no deja de ser sorprendente. La posibilidad de acudir a los mejores cirujanos plásticos no siempre es garantía de salir del quirófano con un rostro perfecto. Cuesta entender que teniendo el dinero que tienen puedan hacerse esos desaguisados, como los excesivos labios de Esther Cañadas, que se han convertido en su seña de identidad y arrasan con todo el protagonismo de su cara.

Pero quien se lleva la palma en el ranking de los desastres es Kalina de Bulgaria, que pasó por el quirófano en el año 2002, poco antes de contraer matrimonio con Kitín Muñoz, para cambiarse la nariz, y a partir de este momento tuvo que someterse a varias operaciones para intentar arreglarla, con cada vez peores resultados. No está claro si estos se deben a una mala técnica de su cirujano plástico o a una necrosis en los tejidos que ha provocado que sus fosas nasales sean tan delgadas y su tabique demasiado corto. Llegada a este punto, intentar arreglarlo parece más que delicado, imposible. Según Manuel Tafalla, cirujano plástico de la Clínica Menorca, “la deficiente rinoplastia que le han practicado posiblemente le impida incluso respirar bien, necesitaría una reconstrucción a nivel quirúrgico y estético bastante complicada”.

El doctor Tafalla es quien ha realizado la última operación estética a Belén Esteban y le ha corregido su nariz desviada, mejorando considerablemente su imagen: “Hubo que quitar parte de los injertos que tenía y añadir otros más adecuados. En la cara se le han realizado tratamientos muy vanguardistas para darle luz y brillo, entre ellos bioestimulación con factores de crecimiento”. La colaboradora televisiva sorprende cada cierto tiempo con un rostro diferente. En diez años lleva nueve intervenciones, con resultados desiguales. Una vez más, tras salir del quirófano la Princesa del pueblo sigue siendo cada vez más distinta a la Belén original.

La que también parece ser una fanática de los retoques estéticos es Donatella Versace, que a sus 55 años tiene una imagen de lo más extraña. La diseñadora italiana no ha sabido poner límites, bien por ser una adicta a la cirugía o por el miedo a envejecer, y se ha sometido a una operación tras otra, llegando a malograr su belleza natural. La hermana menor de Gianni Versace, a base de botox y rinoplastias, ha reemplazado su rostro por una cara prefabricada y cuanto menos extraña, convirtiéndose sin ningún género de dudas en la Reina del bisturí.

Cambio de rostro.

Aunque tradicionalmente los hombres son más reticentes a estas técnicas, algunos sí se han animado a ponerse en manos de especialistas estéticos, no siempre con buenos resultados. Si hay un cambio de rostro que ha dado mucho que hablar ha sido el de Silvio Berlusconi, que fue de los primeros políticos en probar las mieles del rejuvenecimiento. El ex primer ministro italiano ha mostrado desde hace años una reiterada afición a la estética, y de tanto entrar en el quirófano ha terminado pareciéndose a un muñeco de cera. Se ha realizado una operación de párpados y un lifting de la cara y el cuello, pero las cicatrices de sus orejas son demasiado evidentes.

En contra de lo que pudiera parecer, las operaciones del siempre polémico Cavaliere no se deben a la coquetería ni a su desmesurado culto al cuerpo, sino que, según sus propias palabras, lo hace por su pueblo: “Quien pueda permitírselo tiene el deber de presentarse lo mejor posible, es por respeto a los demás”, ha dicho. Una de las veces que se puso en manos de un especialista fue para someterse a una operación maxilo-facial de trasplante óseo e implante de dientes después de la agresión sufrida durante un mitin en Milán, donde el exmandatario fue golpeado con una miniatura del Duomo. Un buen amigo de Berlusconi, el empresario José María Ruiz-Mateos, es otro de los que se resiste a descubrir en su rostro el paso del tiempo y, viendo el resultado obtenido tras sus entradas en el quirófano, no es para estar satisfecho. A sus 82 años es más fácil reconocerle por su inconfundible acento jerezano que por la cara.

Nada más estrenar ducado, Alfonso Díez lució nueva imagen. Parece que fue casarse con la duquesa de Alba y el duque consorte rejuveneció como por arte de magia. Un cambio significativo en los ojos, la frente y la boca, aunque con mejores resultados que los de su esposa, Cayetana, que parece resistirse con fuerza a aceptar las arrugas propias de su edad y de tanta operación sufre parálisis en el labio superior. La duquesa ya prácticamente no puede enseñar los dientes al hablar, ha perdido toda expresión y le cuesta gesticular.

La que ha cogido la senda del quirófano y no hay quien la pare es Cristina Fernández de Kirchner, aunque con resultados todavía más o menos aceptables. Poco a poco la presidenta argentina va sufriendo transformaciones cada vez más evidentes. Obsesionada con su imagen, de tantas operaciones que se ha realizado ya se la conoce en su país como Evita Botox, aunque ella se niegue a reconocerlas. Además, con su desmesurada afición a las marcas de lujo su actitud es más propia de una celebrity que de una dirigente política.

Rostros sin expresividad.

Otro reincidente es el cantante Camilo Sesto, que de tantas cosas que se ha hecho en el rostro está irreconocible y muestra una imagen impactante. Además, como tras un mal lifting, tiene el lóbulo de la oreja demasiado estirado, con un resultado muy antiestético. En su empeño por conservar la juventud perdida, al ídolo de los sesenta el tema se le ha ido de las manos. Ni su excesivo maquillaje ni su melena teñida logran ocultar sus 67 años cumplidos, aunque él se muestre dispuesto a hacer cualquier cosa para que no se le noten demasiado. También la imagen de Lara Dibildos habla por sí misma, ha sufrido tantos retoques y operaciones que cuesta reconocerla. Su rostro, demasiado estirado, ha perdido toda la expresión y la naturalidad.

Al otro lado del charco también muchas estrellas muestran una afición desmesurada por el bisturí, como Meg Ryan, que era guapa y quizá una de las actrices con más encanto hasta que para evitar el paso del tiempo tonteó con la estética. La actriz se ha realizado un implante de pómulos, se ha inyectado botox y colágeno, perdiendo la personalidad y naturalidad de su rostro, y de una cara dulce ha pasado a tener una imagen mucho más endurecida. Tampoco la cirugía le ha sentado bien a su compañero de profesión Mickey Rourke, hasta tal punto que ni sombra queda ya del sex symbol que fue. El actor se ha sometido a demasiadas operaciones y ahora no hay quien le mire. En total han sido seis cirugías de nariz durante su carrera de boxeador y varios liftings faciales después, además de ponerse excesivo colágeno en los labios. Y aunque en algunos casos los resultados son verdaderamente desastrosos, casi nadie reconoce el error. El caso más llamativo es el de Nicole Kidman, que ha perdido toda la expresión a causa del botox, aunque ella misma ha asegurado estar muy arrepentida de lo que se ha hecho.

Menos a veces es más.

Cuando se trata de despistar al paso del tiempo muchas veces en cirugía estética menos es más, aunque también cuenta el tipo de intervención. “En la mamaria, las pacientes admiten mejor el exceso que el defecto, pero en una blefaroplastia o rejuvenecimiento de los párpados hay que tener mucho cuidado con no excederse”, explica a Tiempo el doctor Manuel Tafalla. Los excesos pasan factura, no solo quedan desproporcionados y antiestéticos, también pueden conllevar secuelas y complicaciones de mayor relevancia. “Si te quedas corto en una liposucción puedes repetir, si te pasas tienes que hacer un lipofilling o relleno de grasa, y los resultados no son tan satisfactorios”, añade el especialista.

Pero no solo los profesionales que viven de su imagen pasan por la cirugía. Según un estudio elaborado por el sector y que se ha presentado con motivo del 28 Congreso Nacional de la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME), uno de cada cuatro españoles ha acudido a un centro de medicina estética, si bien todavía el caso de mujeres triplica al de los hombres. Adiposidades localizadas o rejuvenecimiento facial son los tratamientos más demandados. Y, por supuesto, también están los que entran en el quirófano para parecerse a sus ídolos. “Muchas pacientes llegan a la consulta con la foto de alguna famosa y me dicen que quieren ese resultado. Entonces les pregunto qué es exactamente lo que les gusta y, si veo que va a quedar bien, intento adaptarlo a su propia anatomía. Pero no siempre puede ser”, explica el especialista Manuel Tafalla.

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