Libérese de la cárcel mental: el deporte es bueno para la psiquis
Los estudios confirman que el movimiento aeróbico de intensidad moderada funciona incluso como antidepresivo. No hay nada mejor para combatir el estrés que el deporte.
Cuando Joanna Zybon, experta corredora, ingresa en la cárcel berlinesa de Plötzensee, se convierte en la "entrenadora Joe". Los presos llegan a ella con adicciones, depresiones o alteraciones del sueño. ¿Correr como medicina? En la prisión no ven los entrenamientos con ella sólo como un bienvenido cambio a la rutina de todos los días, sino que se dieron cuenta de que el ejercicio tiene otros beneficios. Y es que, paso a paso, el ejercicio permite liberar la mente. Y eso es algo muy importante para los presos.
El ejercicio balancea la hormonas del estrés, como el cortisol. Esto sucede cuando asumimos un esfuerzo que nos tensa, pero luego de ello viene la distensión. Cuanto más estrés se tiene, más deporte hay que hacer para contrarrestar sus efectos. A la hora de elegir una actividad, no importa solo el tipo de deporte, sino la intensidad y la dosis. Es importante estar motivado, ya que para poder sentir los efectos beneficiosos del deporte hay que moverse regularmente.
También Cora S. Weber, médica especializada en psicosomática y medicina interior, estudió detenidamente la relación entre movimiento y psiquis. Unos 45 minutos de movimiento aeróbico tres veces por semana ayudan a combatir la depresión. "El deporte ayuda incluso a superar miedos", afirma la médica jefe de la clínica berlinesa Park, Sophie Charlotte. El miedo también genera estrés, pero se lo puede combatir con el movimiento. Pero además, hay otro elemento clave: el deporte distrae de los miedos.
Weber recomienda correr para combatir las cárceles mentales. Y porque además es fácil. "En el fondo, es importante elegir un deporte que le guste". Sin embargo, las ventajas no sólo se encuentran en el deporte de resistencia: si le gusta más el yoga, practique yoga. Enfocarse en la respiración tiene algo de meditación y además consiste en tensar y distender los músculos.
A la hora de empezar, no hay que exigirse demasiado. Lo mejor es empezar con caminatas rápidas antes de empezar a correr. Todo movimiento suma, incluso volver caminando del trabajo. Pero hay que ser constante.
Después de ocho a diez semanas la motivación suele decaer, por lo que hay que estar atento. Dése una recompensa o coloque cartelitos motivacionales en la nevera. Comer no ayuda: puede ayudar a superar la ansiedad o incomodidad en el momento, pero no a combatirla.
El ejercicio sólo es malo si genera estrés adicional. Esto puede ser así cuando se practica el deporte de forma demasiado intensiva o frecuente y resulta desagradable.
Joanna Zybon entrena a los presos en una carrera de 10 kilómetros en una cárcel de Plötzensee, en Berlín. Foto: Alexander Heinl/DPA
Joanna Zybon le saca una foto a sus protegidos después de entrenarlos entre los muros de la cárcel. Foto: Alexander Heinl/DPA




