Fashion Revolution: La transparencia como nueva tendencia en la moda

20 / 06 / 2017 Mónica Vallejos (DPA)
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El movimiento Fashion Revolution apunta a una "revolución pacífica" de la moda que mejore fundamentalmente las condiciones de sus trabajadores confeccionistas.

Bordadoras de Perú se suman a la campaña global de Fashion Revolution. Foto: Miguel López/DPA

Fue creado por las británicas Carry Somers y Orsola Castro en 2013, a raíz del derrumbe de un edificio que albergaba fábricas textiles en Daca, la capital de Bangladesh, que causó la muerte de 1.133 personas, sobre todo costureras. 

Somers, que se encuentra actualmente de gira en América Latina, se refirió a aquella tragedia como un puntapié para concientizar sobre la situación de la moda en la actual era del "fast fashion", donde conglomerados de indumentaria recurren a la fórmula de renovación permanente de "looks" con prendas de las últimas tendencias fabricadas a costos mínimos, sobre todo en Asia. 

En sus múltiples discursos publicitarios, la moda apela al deseo: de pertenecer, ser como alguien famoso, ser deseable a través de la apariencia. Ese deseo es el motor para el consumo, unido al factor de la novedad, inherente a este sistema de la moda, de las comunicaciones y potenciado con el "fast fashion".

Hasta el surgimiento de Fashion Revolution no había una concientización masiva y global de las condiciones laborales de los confeccionistas, a menudo con largas jornadas que no contemplan protección médica ni social, entre otros. 

La gran capacidad de comunicación gráfica y digital de Fashion Revolution se basa en las redes sociales y microvideos que se viralizan en cuestión de minutos, en particular durante las semanas de la moda que se realizan en gran parte de las capitales mundiales. 

Además, esta plataforma tiene representaciones en más de 90 países, donde sus integrantes promueven con actos locales la interacción entre los "fashionistas", las marcas y los trabajadores de la moda. La consigna común a todos es ¿Quién hizo mi ropa?, un interrogante que los consumidores se plantean de forma aparentemente ingenua, pero cuya respuesta requiere honestidad por parte de los fabricantes, que permite así una trazabilidad de la producción de la indumentaria. 

"La transparencia es el primer paso para transformar la industria de la moda y contribuir a que sea más responsable, segura y limpia. Y claramente, en este mundo hiperconectado, la transparencia es el nuevo poder", dijo Somers durante una intervención en el Ministerio nacional de Modernización en Buenos Aires, organizada por Fashion Revolution Argentina. 

Allí también se refirió a los eurodiputados que a mediados de junio abogaron en las comisiones de Asuntos Económicos y Jurídicos del Parlamento Europeo por que las multinacionales difundan en qué país del mundo pagan impuestos y cuánto. El objetivo de esa medida, que será sometida a la votación del pleno en los próximos meses, es aumentar la transparencia de las empresas y su fiscalidad para desincentivar la evasión fiscal contra la que la Unión Europea lucha desde hace años. 

"La tendencia está cambiando y nos movemos hacia una nueva era. La industria de la moda precisa un cambio de paradigma radical, también el consumo masivo. Hay dos maneras de cambiar la industria de la moda: una es a través de la legislación -y su aplicación-, y la otra es a través de los consumidores. Tenemos que educarlos sobre el impacto de sus compras de ropa y cómo pueden equipar sus armarios de forma más responsable", dijo Somers.

"Nuestra esperanza es que al conocer estas realidades, los encargados de formular políticas públicas, los dueños de esas empresas textiles y los mismos consumidores sepan cómo sus decisiones afectan la vida de los trabajadores de la moda" y así puedan decidir qué hacen o modifican al respecto.

En ese sentido, Fashion Revolution realizó un Índice de Transparencia 2017 donde consigna un ranking de 100 marcas de moda mundialmente reconocidas, acorde a sus políticas de transparencia, y busca así comenzar a ejemplificar los impactos reales de éstas sobre los trabajadores y el medio ambiente. 

"Al publicar el índice, nuestro objetivo es dar una idea de cuánto pueden averiguar los consumidores sobre la ropa que compran. A su vez creemos que la transparencia conduce a una mayor rendición de cuentas que en el tiempo conducirá a un cambio en la forma de hacer negocios. Esas 100 marcas tienen el potencial de mejorar la vida de cientos de millones de personas", señaló Somers, distinguida por la Corona británica por su aporte a la industria textil durante las dos décadas que dirigió la empresa de comercio justo Pachacuti.

"Las compañías precisan repasar urgentemente sus modelos de negocios y canales de suministro. Las leyes y regulaciones son clave para transformar la industria de la moda, pero a menudo su aplicación está ausente, o hay una implementacion débil y pocas oportunidades para abordar las violaciones en tribunales. Esto tiene que cambiar", reiteró, y compartió una herramienta elaborada por su agrupación y de libre acceso, apta para creadores de políticas públicas y comerciales en relación a la transparencia de la industria textil.

"La transparencia no sólo es buena para las prácticas comerciales... es fundamental para los negocios de hoy, y futuros", promovió la fundadora de esta revolución planetaria de la moda.

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