Triple salto mortal sin red
José Tomás, el torero de moda, asume riesgos ilimitados cuando se pone delante de un toro. Los entendidos no creen que pueda mantener ese coqueteo con la muerte durante mucho tiempo.
Entrevista al padre de José Tomás, José Román
La muerte y el toro, relación inevitable. “Esta tarde triunfaré, o llevarás luto por mí”, dijo el Cordobés a su madre. Manuel Benítez, el Cordobés, era uno de esos toreros que venía del hambre, que le iba la vida –literalmente– en su éxito. Pero José Tomás es hijo de la clase media, no ha pasado necesidades, su vida –comida, casa, subsistencia– no depende de salir o no de la plaza a hombros. Y sin embargo, se la juega en cada corrida. Y los que pagan –a menudo barbaridades– para ver una corrida de José Tomás saben que esa tarde puede ocurrir lo inevitable, porque el “triple salto mortal sin red” –la expresión es de su biógrafo Carlos Abella– tiene sus riesgos. Así quedó patente el domingo 15 de junio en Las Ventas cuando el diestro salió en camilla: tres cogidas, con el resultado de lesiones graves en el muslo y la rodilla derecha; eso sí, cortó tres orejas.
Valor sin límites.
“El valor de José Tomás no conoce límites, transgrede la razón”, aseveró el crítico taurino Zabala de la Serna. “Eso no es torear, es inmolarse”, le decía Juan Francisco Esplá, en entrevista, a Jesús Quintero, unos días antes de las cogidas madrileñas. “Es el Cervantes del toreo, el quinto evangelista”, proclama, ditirámbico, el escritor Fernando Sánchez Dragó. Es la mitología del riesgo. A la pregunta de si se retirará pronto, el mencionado Carlos Abella responde: “Creo que no durará mucho, el triple salto mortal sin red es difícil de mantener mucho tiempo”. Esa es la sombra que planea sobre las faenas tomistas: dónde y, sobre todo, cuándo y cómo llegará ese final: ¿en forma de retiro o de cogida fatal? El propio José ha alentado el interés por el riesgo excesivo con frases –cuando todavía concedía entrevistas– como “para ser torero hay que quedarse quieto”; “una muerte en la plaza es una cosa muy linda”; “el toro tiene que pasar por donde tú quieres y quedarte quieto aunque te lleves la cornada”...
Rebelde, raro y solitario
“Torea como nadie de bien y no me gusta alentar la teoría de la inmolación. Me gusta su enorme valor cuando lo utiliza para torear –explica el crítico Manuel Molés–. Respeto enormemente su toreo del pasado día 15 en Madrid –la tarde de las cogidas–, pero yo me quedo con el José Tomás del día 5 en Las Ventas –cuando cortó cuatro, orejas y salió por la puerta grande–. No me gusta nada que le coja el toro. En este momento es una figura de época –añade–, me gusta más su toreo que la leyenda que se ha montado a su alrededor. He hablado muchas veces con él y lo he entrevistado en radio y televisión, pero desde que decidió no hablar más con la prensa no le he forzado”. Un ejemplo de ese respeto, quizá exagerado: “Es un rebelde, muy raro, y un solitario y no forcé hablar con él para el libro”, recuerda Abella, autor de José Tomás. Un torero de leyenda (Alianza Editorial). Nadie quiere forzarlo. “Es muy sencillo –sigue Abella–, sabe muy bien lo que quiere y lo que hace, a quién escoge, inteligentísimo pero sin presumir. Es tímido, introvertido, nada huraño, pero evita la comparecencia pública. Cuando se retiró a Estepona, para conocer de cerca cómo era el otro mundo que apenas si conocía, porque había empezado muy pronto, a los 12 años, nadie sabía quién era. Se dejó barba, conoció a esta novia, con la que todavía sigue, y se encontró a sí mismo”. Y está la sombra del riesgo: “Es un torero serio, consciente y con una sensación de que si le sale un toro bueno se juega la vida igual que si es malo; pone todo de su parte para que el triunfo no se le escape. Sigue a rajatabla una frase muy taurina que dice :‘A veces para triunfar hay que sobrepasar algunos límites’. Esa es la diferencia con el resto: además de torear poco, no se deja televisar, no habla con la prensa, le gusta la privacidad, guarda el anonimato”. Ahí, en el “sobrepasar límites” está el “triple salto mortal sin red”. Tiene los atributos de esos toreros de leyenda, como Manolete a quien él tant admira; como Juan Belmonte, con quien tiene tantos puntos en común. Hasta tiene una pieza musical compuesta –letra y música– en su honor, una bulería, Campo de la verdad, del guitarrista fl amenco –y amigo suyo– Vicente Amigo, que en su disco Un momento en el sonido canta Potito: “Campo de la verdad /terrenos por donde pisa /el torero José Tomás /ay, torero torero, José Tomás. /Cuando José se pone a torear /se pone a torear. /Cuando él se pone ya nunca sabrás /ya nunca sabrás /si el sueño de su muleta volverá /o se quedará dormido /toreando las olas del mar. /Traje de luces en el albero /de dudas, valor y miedo /luces de luna, luna del cielo /cielo de estrellas pa mi torero”. En el ambiente taurino, en los círculos profesionales, no hay dudas respecto a la calidad torera de José Tomás, pero sí en cuanto a las cualidades personales. “No mantiene la mirada” o “es un tipo raro” son dos frases que se escuchan con cierta facilidad entre quienes le han tratado, eso sí con una distancia. No quiere dar alternativas –a él se la dieron José Ortega Cano y Jesulín de Ubrique–. Cobra entre 250.000 y 400.000 euros por actuación. Y no da entrevistas... aunque si se repasan las que concedió allá por 1998 o 1999, sorprenden, ahora, sus respuestas, por largas. “Hay una anécdota que me contó su padre muy signifi cativa –dice Carlos Abella–: José Tomás tiene un gran patrimonio personal, pero cuando quiere una cantidad importante se la pide a su padre. Cuántos padres de toreros han robado a sus hijos. Es un detalle de confi anza mutua”.


