Los cursos más curiosos

05 / 02 / 2015 Lucía Martín
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Trapecio, tocar el laúd, meditar, programar videojuegos o hacer un striptease son algunas de las actividades que se pueden contratar.

Año nuevo, vida nueva, o al menos eso dicen. Suele ser habitual que, empezado un nuevo año, hagamos una lista de propósitos, entre los cuales están los de ir al gimnasio, aprender inglés o dejar de fumar. Adquirir nuevos conocimientos forma parte de los deseos, por eso vamos a hablar de clases a las que apuntarse, pero yendo mucho más allá de aprender a coser, hacer sushi, practicar bikram, pilates, zumba o chino. La realidad es que uno puede aprender disciplinas tan curiosas como acrobacias aéreas, diseño de robots, striptease o booiaka.

En el Centro el Horno llevan 20 años impartiendo clases de baile. Fueron la primera academia de Madrid en dar clases de Bollywood, las coreografías típicas de las películas indias. Y esas ganas de impartir disciplinas poco vistas siguen vigentes: disponen de 50 actividades diferentes entre las que están las danzas polinesias, las de repertorio musical (basadas en las coreografías de los musicales como Chicago, Cabaret...), claquet, al más puro estilo Fred Astaire, o las de booiaka. “Somos el único centro que lo hace. Es como una clase de zumba pero con base de música africana, hip hop... Es idónea para los que no saben bailar”, aclaran en el centro, que cuenta con un público de lo más heterogéneo: hombres, mujeres e incluso actores o gente de la farándula que necesita reciclarse.

También están muy en boga las acrobacias aéreas. Marina Díaz abrió la Central de pole en mayo del año pasado, aunque ella lleva dedicándose al pole dance desde hace cuatro. ¿Qué es esto? Pues es una disciplina deportiva y artística que usa como elemento de trabajo la barra vertical, lo que todos podríamos identificar como barra americana. “Aunque se llame dance no se baila. El que nosotros hacemos es acrobático, que supone controlar el cuerpo en el aire. Aunque la gente pueda pensar lo contrario, no tienes por qué tener ningún tipo de preparación ni de forma física necesaria para hacerlo. Lo puede hacer cualquier persona, a cualquier edad, aunque las que más se suelen interesar son las mujeres de a partir de 30 años”. Además cuentan con clases de trapecio (el del circo de toda la vida) y de telas aéreas: “En estas sí que estás en el aire todo el rato, a una altura de unos dos metros. El público que se apunta suele ser más joven que el de pole dance”, añade. Los precios de su escuela son de 60 euros al mes.

Acrobacias circenses.

Si lo que le gusta es el circo, sepa que todo lo que desarrolla bajo la carpa puede aprenderse. En la escuela de circo Carampa cuentan con cursos de trapecio volante, de malabares o de payaso, por citar solo algunos. Las clases de trapecio se dan al aire libre. Son tanto para niños (a partir de 6 años) como para adultos. Fly Art Carampa es la primera escuela de trapecio volante del país: “No es solo la ejecución de una técnica sino también una forma de comunicación con el cuerpo. Aporta beneficios como la mejora de la confianza en uno mismo y en el otro, la pérdida del miedo a volar, la superación de retos y la sensación inigualable de volar”, comenta Donald Lehn, director de la escuela. Las clases de trapecio volante cuestan 20 euros cada una.

Y, ¿qué le parecería aprender a tocar un instrumento del medievo como el laúd? Pues también es posible: en este caso, se trata de cursos puntuales (no regulares) que se imparten en Casa Árabe. En el centro también ofrecen cursos de caligrafía árabe en el estilo thuluth, uno de los principales estilos clásicos o de protocolo de esta escritura, en caso de que tenga que hacer negocios con países árabes. En su sede de Córdoba también enseñan a hacer repostería árabe.

Si lo que busca es escapar del mundanal ruido, en las grandes ciudades es habitual también la oferta de clases de meditación. En los distintos centros budistas de Madrid, por ejemplo, se ofrecen clases para adultos, niños, de introducción a la meditación, programas avanzados...

 

Minecraft, Arduino, Unity, Scratch... ¿Le suenan estos palabros o para usted son como chino? Si le suenan, enhorabuena, su nivel de conocimientos tecnológicos es bastante bueno. Si no le dicen nada y tiene hijos, es momento quizás de empezar el camino del bilingüismo tecnológico. Ese es el objetivo de la academia Con más futuro, en la que se imparten clases de las anteriores materias para los más jóvenes, desde infantil hasta los 17 años. ¿Qué enseñan concretamente? “Scratch es un lenguaje de programación de videojuegos, Arduino es una placa electrónica con la que se puede programar un dron, sistemas de domótica, combina mundo físico y programación”, explica Antolín García, uno de los fundadores del proyecto. Él mismo sufrió en sus carnes el desconocimiento tecnológico y cuando se percató de que no había oferta de cursos de estas materias para sus hijos, decidió lanzarse.

Desde hacer pan a un striptease.

Seguro que conocerá los cursos para aprender a hacer pan. Pues ahora también los hay para aprender a hacer quesos. La Granja Cantagrullas los imparte en Ramiro, un pueblecito de Valladolid. Empezaron en 2012 y se trata de cursos monográficos para un máximo de diez personas. Y, como última propuesta, un curso subidito de tono: el de striptease que ofrece la bailarina brasileña Daisy Carvalho. Es una clase de tres horas solo para mujeres: “El mito del cuerpo delgado y sin celulitis aniquila cualquier juego amoroso. Se les enseña a centrarse en sus capacidades y no en sus limitaciones, y a moverse de forma sensual”, comenta. ¿El resultado? “Al final todas se sienten capaces de bailar con equilibrio y sensualidad”. El curso cuesta 55 euros y lo de quedarse en pelota picada en público no es obligatorio: “Les digo que traigan una base y que se pongan encima lo que quieren quitarse, aunque sí hay algunas que acaban desnudándose completamente”. Y es que el saber no ocupa lugar.

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