Las nuevas tribus alimentarias

11 / 03 / 2011 0:00 CELIA LORENTE [email protected]
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Se llaman veganos y crudívoros y hacen de la alimentación una especie de militancia, una filosofía de vida que además, aseguran, les ayuda a mantenerse jóvenes y sanos.

Están obsesionados por la salud, por la pureza del cuerpo, que consiguen seleccionando cuidadosamente los alimentos que ingieren. Siguen a rajatabla la máxima “somos lo que comemos”. Una tendencia muy en boga, ya que cada vez son más las personas que piensan que los alimentos tienen propiedades preventivas de ciertas enfermedades o incluso curativas.

Son las nuevas tribus alimentarias. Se llaman veganos y crudívoros y hacen del comer casi una filosofía de vida. Los veganos son vegetarianos que van un paso más allá en el compromiso. No consumen ningún producto de origen animal ni tampoco huevos ni lácteos, pero además se comprometen a no perjudicar a los animales ni al medio ambiente. Famosos como Penélope Cruz, Enrique Bunbury, Uma Thurman, Sting, Sinéad O’Connor, Natalie Portman, Olivia Wilde, Pamela Anderson, Paul McCartney, Bill Clinton, Drew Barrymore, Ellen DeGeneres, Chris Martin, del grupo Coldplay, o la cantante Alanis Morissette se declaran seguidores de esta tendencia. Personajes reales del cine, la música y la política y otros también de ficción como Lisa, de la serie Los Simpson, o el personaje de Aang en la serie Avatar: la leyenda de Aang.

Los veganos convierten la dieta en una forma de conciencia social, que algunos amplían también a su guardarropa, llevando la situación al extremo de rechazar unos zapatos o un bolso de piel, una camisa de seda, un jersey de lana u otras prendas en las que se haya utilizado una tintura de origen animal. Hoy en día incluso ha surgido en el mercado una oferta en el vestir de productos veganos, fabricados en piel sintética (normalmente se reconocen por un rombo en la etiqueta), telas de origen vegetal (se representan por una malla de tela) o productos derivados del cáñamo. Incluso algunas marcas famosas han sacado al mercado sus líneas veganas, a las que llaman líneas sin crueldad, que además procuran que sean de material biodegradable y que sigan unos procesos de fabricación respetuosos con el medioambiente. En la Red sus seguidores tienen también una página llamada Vegan Chic en la que se pueden adquirir modelos veganos a la última.

La ganadora este año del Oscar a la mejor interpretación femenina, la actriz Natalie Portman, ha diseñado su propia línea vegana de zapatos llamada Te Casan. La protagonista de Cisne negro es una reconocida seguidora de esta tendencia, y por tal motivo la casa Christian Dior tuvo que conseguirle zapatos especiales para ser imagen de su perfume, Miss Dior Cherie. “Una de las cosas que me ha gustado de la campaña es que la firma me ha proporcionado calzado para el que no habían utilizado animales, porque yo no uso nada de piel, así he podido usar zapatos de Dior sin vidas de por medio”, ha explicado la actriz. Nuestra actriz más internacional y también ganadora de un Oscar, Penélope Cruz, aunque no lleva su militancia a tales extremos, también es una ferviente vegetariana. La protagonista de Jamón, Jamón no prueba este producto tan hispano ya que no come carne, e incluso las hamburguesas que consume en Los Ángeles son de origen vegetal.

De la tierra al plato.

Pero lo último en tendencias en alimentación son los crudívoros. No son una tribu recóndita del Amazonas, sino vecinos de Manhattan, París, Madrid o Barcelona. Pasan del microndas, del horno y la vitrocerámica. Siguen la dieta más antigua que existe: no cocinan los alimentos porque aseguran que de esta forma evitan la pérdida de enzimas necesarias para la digestión. Están convencidos de que la comida cruda es más sana y evita enfermedades. Muchos de los militantes veganos como Natalie Portman han dado ahora un paso más y se han apuntado a esta nueva tendencia. Incluso dicen que Demi Moore no debe su eterna belleza a la vitalidad que le da su guapo y joven marido Ashton Kutcher, sino a que no ha cogido una sartén ni ha puesto el horno en los últimos años. También Woody Harrelson se ha enganchado a este tipo de alimentación. El actor tejano tiene un largo historial en pro de lo natural que inició como activista a favor de la legalización de la marihuana en Estados Unidos y que le ha llevado a luchar por la protección de las secuoyas del Pacífico.

La dieta raw

La dieta crudívora o raw implica ingerir solo aquellos alimentos que se pueden comer crudos: frutas; semillas de girasol; sésamo; frutos secos, como las nueces; raíces, como las zanahorias y las remolachas; vegetales, como el repollo o la coliflor; brotes y ensaladas de hojas y tallos... Según los crudívoros, los alimentos que no han sufrido modificaciones por la temperatura al cocinarlos ejercen efectos benéficos sobre el organismo humano, ya que mantienen intactas sus propiedades físico-químicas y nutricionales y son fuente de elementos esenciales para el mantenimiento de la salud, como es el caso de las vitaminas, los minerales y los ácidos grasos. Los crudívoros esgrimen que al cocer los alimentos las enzimas que tienen se pierden, y estas son necesarias para la digestión, y al mismo tiempo se liberan sustancias tóxicas que pueden causar enfermedades. Los partidarios de este tipo de dieta también aportan otro argumento a su favor. Se trata de la denominada leucocitosis digestiva, proceso por el cual, al ingerir alimentos cocinados, el sistema inmunológico se ve obligado a echar mano de los leucocitos, ya que entran en el cuerpo productos ajenos a la fisiología humana.

En Hollywood uno de los restaurantes más de moda es el Juliano’s Raw en Los Angeles, un crudívoro que regenta Juliano Brotman, gurú de esta tendencia. Allí es frecuente encontrar comiendo en sus mesas a personajes tan famosos como Susan Sarandon, Uma Thurman, Elizabeth Hurley, Cher o Pierce Brosnan. Juliano, de 41 años, ferviente crudívoro, asegura que gracias a esta alimentación no se ha puesto enfermo en los últimos diez años y que solo necesita dormir un par de horas al día para estar como una rosa. En su historial alimenticio también ha sido primero vegetariano, luego vegano y ahora crudívoro. También es autor del libro Raw: the uncook book.

Otro de los mayores expertos en el tema es el chef americano Dan Hoyt, que viaja por el mundo dando cursos y aconsejando a los que van a abrir un nuevo negocio raw. Hace unos meses pasó por Madrid para apadrinar la apertura del restaurante Crucina, en el barrio de Malasaña. Sus propietarios, un griego y una canaria llamados Yorgo y María, cuentan: “Somos los primeros en abrir en España un restaurante de cocina viva, que es como nos gusta llamarla, más que crudivegana que suena a secta”. En la cocina de este restaurante no hay fogones, sartenes ni hornos, pero sí ingredientes tan exóticos como musgo de Iralanda, sal de volcán o distintos tipos de algas. Las hamburguesas están hechas con frutos secos y semillas germinadas, y los platos que elaboran los consiguen con una batidora de texturas, aparatos de deshidratación, licuación y otras técnicas de lo más sofisticadas. “Con ellos obtienes desintoxicación y belleza, es una comida que rejuvenece y así a la larga consigues también una salud de hierro. Esta forma de alimentarse cura realmente, porque bombardeas tu cuerpo con células vivas y no destruyes las vitaminas ni las enzimas de los alimentos. Es la forma de comer del futuro, ecológica y que no enferma, estupenda para el colesterol o la diabetes”, afirman. Entre los platos de la carta de Crucina podemos encontrar: gazpacho de algas y sabores marinos, moussaka, pizza de verduras o zumo sangre de la tierra con apio, remolacha, zanahoria y pepino.

Una manera de adelgazar.

Quienes practican el crudismo aseguran que además es una estupenda forma de adelgazar, ya que es una dieta altamente nutritiva y al mismo tiempo baja en calorías (solo 1.800 por día), y además con la especial característica de que los alimentos crudos sacian el apetito mucho más rápido que los cocidos por su alto contenido en fibras (que también son muy útiles para eliminar el exceso de grasa en el cuerpo).

Aunque para la doctora María José Crispín, experta en nutrición y dietética de la clínica Menorca, estas dietas tienen sus carencias. “Tanto veganos como crudívoros no tienen el aporte de proteínas y lácteos necesarios y tienen que suplirlos de otra manera, tomando soja o cereales con legumbres, que aportan proteínas de alto valor. Otro problema –prosigue la doctora– es la carencia de vitamina B que suele acompañar a este tipo de alimentación, y que se puede completar con preparados farmacéuticos. A veces también se pueden producir problemas de hierro y calcio, porque al ingerir mucha fibra en forma de fruta y verdura, esta puede dificultar su absorción. Por el contrario, los que se alimentan de esta forma suelen tener el colesterol y las grasas muy bien”.

Aunque hay otro escollo a vencer y es que la militancia en estos grupos tiene sus consecuencias también en lo social. “Vivimos en una cultura de la comida en la que volverse crudívoro o vegetariano estricto es todo un reto. Conjugar un estilo de vida que choca con las prácticas sociales más comunes no es fácil, y una alimentación tan restringida puede convertirle a uno en un raro social y limitarle mucho la vida”, concluye Crispín.

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