En la variedad está el curso

28 / 09 / 2007 0:00 Inés Martín Rodrigo
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Los talleres y actividades que ofrecen las universidades son un clásico del verano. Renovarse o morir es la nueva filosofía de la temática ofrecida.

Una vez acabado el curso académico las facultades no cierran sus puertas. Los campus universitarios, lejos de vaciarse de profesores y alumnos, renuevan sus instalaciones con muy diferentes visitantes en lo que a edad y ocupación se refiere. Son los asistentes a los más de 4.000 cursos, talleres y actividades que se desarrollan a lo largo de los tres meses de verano en casi 70 universidades españolas. Si al comienzo de esta práctica, que ahora deviene en habitual, los temas se centraban exclusivamente en la más pura teoría académica y actualidad informativa, de un tiempo a esta parte la oferta se ha enriquecido con contenidos insólitos, curiosos y hasta sorprendentes.

Descubrir el payaso que cada uno lleva dentro”. Ése es el objetivo de este innovador y artesanal curso que combina la teoría y la práctica, con la intención de dar a conocer una de las técnicas más originales y, al tiempo, dificultosas de la interpretación teatral. Enmarcado en la programación de Corduba 07 (la Universidad de Verano de la Universidad de Córdoba), ha contado con la dirección académica de Manuel Sáez Cano, cuya idea es “ofrecer un curso distinto de lo que se hace todos los días en clase”. Para ello Sáez Cano ha recurrido a la batuta de Manuel Rodríguez Ramos, actor de la compañía Teatro Crónico de Sevilla. El curso se clausuró la pasada semana, tras 30 horas de más práctica que teoría, compartiendo conocimientos, ideas y, sobre todo, mucho humor, con los 34 alumnos matriculados en este pionero taller. La sensación que le queda a Rodríguez Ramos “es haber sido capaz de tirar a los alumnos del hilillo de la curiosidad para que entren a descubrir el mundo del payaso, que va mucho más allá del estereotipo del ganso con una nariz roja y pocas ganas de trabajar que impera en la sociedad”. Para lograr este noble propósito, este titulado del Instituto de Teatro de Sevilla ha contado con la colaboración de grandes profesionales de la interpretación teatral como el payaso Oriol Boixader, los miembros de la compañía Síndrome Clown Víctor Carretero y Práxedes Nieto o Philippe Gaulier del Theatre School londinense. “Queríamos dignificar la figura del payaso desde el ámbito universitario, y la espectacular acogida es una prueba de que lo hemos conseguido”, confirma el director académico. Y para los escépticos y desconfiados de la seriedad del tema quedan las palabras de Rodríguez Ramos: “El triunfo del payaso es el fracaso, porque en él está el punto vulnerable de cada persona, de donde sale la verdad. El trabajo del payaso es muy serio, porque se trabaja sobre lo que realmente somos”.

Con un título como Pensando en positivo, es fácil deducir el contexto en el que se desarrolla el curso de risoterapia que este verano organiza el Cabildo de Lanzarote junto a las universidades de La Laguna y Lanzarote. Ése es el área de actuación de un taller, impartido por la terapeuta de la risa Luisi Farray, que se ha celebrado la segunda semana de julio en Lanzarote. Pensado en un principio para medio centenar de alumnos, el interés despertado obligó a sus organizadores a ampliar el número de matriculados dispuestos a descubrir los beneficiosos efectos de la risa. Así lo confirma Farray, destacando que se trata de “una terapia milenaria cuyos beneficios son enormes para la persona, no sólo desde el punto de vista psicológico, sino también fisiológico o endocrino”. Y es que “cuando se ríe de corazón se llegan a movilizar alrededor de 400 músculos”, lo que ha llevado a la realización de un estudio en Estados Unidos en el que se demuestra la menor tendencia a enfermar de las personas que viven con la risa por bandera.

El taller va dirigido a todo tipo de personas, sin importar la edad ni el sexo. “El adulto se ha olvidado de sonreír y jugar –enfatiza la terapeuta–. La primera media hora es teórica y después se desarrollan un compendio de actividades lúdicas que desbloquean y desestresan a la persona. Se trata de mirar la vida de otra manera, de tomársela menos en serio, abriendo las ventanas y perdiendo el miedo a vivir”. Y parece que la respuesta de cuantos alumnos se han dedicado a reír durante cinco días es prueba más que suficiente de que, efectivamente, la risa cura.

El amor por la música de dos amigos es el origen de Mil y una movidas de la Movida, el curso que esta semana se ha celebrado en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y que presume de haber trasladado por vez primera la tumultuosa Movida madrileña a las aulas universitarias. Los artífices de este traslado son Enrique de Miguel (miembro de la Fundación Universidad Rey Juan Carlos) y Eugenio González Ladrón de Guevara. Este último, junto a Nacho García Vega (miembro del renacido Nacha Pop), es el director de un programa cuyo “espíritu es dar voz a los sin voz, sin tener nada de revisionismo histórico, sino reconociendo el mérito de mucha gente”.

Así es como Ladrón de Guevara describe el objetivo de un curso por cuyas aulas han pasado gente como Mariscal Romero, Sabino Méndez, Miguel Ángel Arenas, Capi, Sigfrido Martín o Gonzalo García Pelayo. “Se ha perdido mucho aquel espíritu y habría que retomarlo. Fue la última revolución romántica, en el sentido de que logró cambiar la estructura del franquismo”, recuerda el codirector. Estructurado en forma de charlas, conversaciones y conferencias y con un gran concierto final de versiones de los 70 a cargo del grupo Brama, Mil y una movidas de la Movida viene a confirmar, como enfatiza Ladrón de Guevara, que en 20 ó 25 años las letras de grupos como Nacha Pop serán estudiadas en la Universidad.

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