El precio de estar guapos
Es el afán por mejorar el aspecto físico tanto en hombres como en mujeres.Y cada vez más entre los jóvenes. Pero no siempre hay que pasar por el quirófano. Implantes, rellenos y láseres son lo último.
Los españoles también se apuntan al “turismo de bisturí”
Cada vez más hombres
Cirugía íntima: buscando la belleza en los genitales
Cuando uno tiene cubiertas sus necesidades básicas se intenta mejorar y la gente asocia estar bien con vender imagen. Hay una preocupación, a veces excesiva, por transmitir a la sociedad la idea de estar rejuvenecido, de seguridad, y eso se busca a través del gimnasio, la cosmética y la cirugía”. Quien así habla es el doctor César Casado, jefe del Servicio de Cirugía Plástica del Hospital La Paz de Madrid y del Instituto de Cirugía Estética y Plástica de la clínica Cemtro.
El doctor Casado trata así de dar una explicación a la auténtica explosión que han sufrido las operaciones de estética en España. Ya somos el primer país europeo en número de intervenciones para intentar mejorar el aspecto, y el cuarto del mundo, mano a mano con Argentina. Sólo Estados Unidos, Brasil y México nos superan en nuestra carrera por conseguir un cuerpo o un rostro perfectos. Para el jefe de Dermatología del Hospital Ramón y Cajal, Pedro Jaén, la explicación de este aumento espectacular también tiene que ver con el grado de satisfacción de los clientes: “La demanda ha aumentado muchísimo y va a seguir haciéndolo –explica Jaén–, la gente busca eficacia con pocos efectos secundarios. Queremos salud y mejoría estética y eso se puede con- seguir en este momento”. A pesar de que las intervenciones no han bajado de precio, el aumento del nivel de vida y las posibilidades de financiación también forman parte del fenómeno.
Cirugía en televisión
15.000 personas –un 80% de ellas mujeres– han respondido al anuncio para el casting del nuevo programa que, con el nombre de Cambio Radical, empezará a emitirse en Antena 3 a partir de marzo. Se trata de la versión española de Extreme Makeover, un reality americano que en España emite diariamente People + Arts a las 7.30 y a las 11.30 y que se ha convertido en uno de los programas de más éxito de la cadena. En la versión española dos personas que quieren cambiar su aspecto mediante la cirugía, cuentan su vida. Después serán sometidos a todo tipo de intervenciones, “se va a hacer de todo menos cambio de sexo”, comentan desde la productora. Después pasarán dos meses reposando el postoperatorio en los que contarán con un entrenador personal, peluquero, maquillador y hasta estilista, que harán que sus familias casi no puedan reconocerlos a su vuelta a los platós. Visto lo visto el programa tiene el éxito garantizado.
Desde los anuncios publicitarios de las clínicas que, como las setas en otoño, han proliferado en los últimos años en nuestro país, chicas con cuerpos estupendos miran confiadas al espectador después de, supuestamente, haber pasado por el quirófano. César Casado reconoce que es incorrecto que se utilicen modelos profesionales, que no la necesitan, como reclamo de la cirugía estética. “Ahora hay un centro en cada manzana, donde antes había un videoclub”, ironiza José Antonio González Díaz, vicepresidente de la Fundación Española de Medicina, Estética y Longevidad y miembro de la Unidad de Antienvejecimiento de la clínica Sagrada Familia de Barcelona. En opinión de Antonio Porcuna, presidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (Secpre), estos centros no pueden ofrecer calidad en el servicio y señala: “En primer lugar la persona que recibe al cliente potencial no es un médico, sino un comercial, alguien que está entrenado para convencerles de que se operen”, afirma con rotundidad. Las manos de un buen cirujano se notan según César Casado en que la intervención pase desapercibida, “que la mímica facial sea correcta para no tener secuelas como por ejemplo estar enseñando constantemente las comisuras de los labios o los dientes porque se ha forzado mucho la cirugía”.
Las cifras
Aunque algunos datos del sector hablan de 380.000 intervenciones anuales y de un negocio que mueve 3.100 millones de euros al año, el presidente de la Secpre considera que es muy difícil dar cifras exactas. “Se han exagerado los datos –cuenta a “Tiempo”–, lo más fiable son los implantes mamarios porque existe información a través de las casas que los comercializan y podemos hablar de unos 20.000 casos anuales, sólo en cirugía estética. Mientras que en cirugía reparadora sólo hay 1.500 intervenciones al año”. Antonio Porcuna quiere dejar claro que, al margen de frivolidades, éste último es uno de los aspectos más importantes de la cirugía plástica que “trata desde el cuero cabelludo hasta la uña del pie en casos de quemados, cirugía tumoral o accidentes”.
Según sus datos los implantes mamarios y las liposucciones son las operaciones estrella en estos momentos –sobre todo en primavera–, seguidas de las blefaroplastias (corrección de las bolsas de los párpados) y la cirugía de la nariz o rinoplastia. Pero todo varía en función del sexo y la edad. “Los jóvenes cada vez demandan más liposucciones (unos 2.000 euros), rinoplastias, aumentos mamarios y operaciones de los pabellones auriculares –explica César Casado–. La gente de mediana edad, entre los 35 y los 45, suelen ser mujeres que han dado a luz y quieren recuperar el estado de sus mamas o de su abdomen. Los hombres en la década de los 40 quieren estar otra vez como a los 28: no tener arrugas, transmitir imagen de jovialidad y estar en forma”. A partir de los 50 lo que más se demanda es todo lo relacionado con el rejuvenecimiento facial. El conocido como lifting está entre los 6.000 y los 12.000 euros. Eso sí, los pacientes prefieren las técnicas menos agresivas aunque los resultados no sean tan espectaculares.“Quieren incorporarse antes a su vida normal y que las cicatrices y las secuelas sean menores. Por eso se hacen menos cirugías de gran envergadura y más gestos quirúrgicos menores”, dice Casado.
Lo cierto es que la cirugía estética aumenta día a día sus seguidores y que los clientes son cada vez más jóvenes. Así lo explica Antonio Porcuna: “Hace años la cirugía de los párpados se realizaba a partir de los 50, ahora hacemos intervenciones menos invasivas, más repetitivas, con la idea de tener siempre una apariencia juvenil o de lozanía. Estamos empezando a hacer pequeños estiramientos faciales y blefaroplastias a partir de los treinta y tantos. Desde ese momento se hacen pequeñas cirugías combinadas con otras técnicas como la toxina botulínica (botox) para conseguir una apariencia de juventud”. En su opinión es precisamente la combinación de técnicas lo que cambia la expresión de la cara consiguiendo un resultado más agradable, es decir: cirugía, más toxina botulínica, que puede costar entre los 300 y los 600 euros, más implantes (de 300 a 500).
Sin bisturí
Entre las técnicas que no requieren pasar por el quirófano, una de las novedades que a juicio de César Casado está camino de convertirse en un auténtico boom son las técnicas de rejuveneci- miento utilizando las grasas del propio paciente, con lo que se evita el rechazo. Este método, conocido como Fami (siglas en inglés de “auto implante facial por inyección muscular”) o lipofeeling, es el utilizado por el doctor Roger Amar en la Marbella Aesthetic Clinic. Los tejidos se extraen de otras zonas mediante una cánula empleando anestesia local. Después se centrifugan y se separan en tres capas. Sólo se utiliza para inyectar la más densa, compuesta de células madre adultas. “La ultra centrifugación a alta velocidad facilita que no sean reabsorbidas y que se mantengan en la zona receptora durante años”, aseguran en la clínica. Pero no sólo las grasas, también hay técnicas que emplean el plasma enriquecido de la sangre del paciente y se centrifuga. Después hay que inyectarlo inmediatamente.
En el último Encuentro Internacional de Medicina, Estética y Antienvejecimiento celebrado en Madrid se han presentado aparatos de última generación que a buen seguro estarán pronto disponibles en los centros más punteros. Entre ellos los más destacados son, para González Díaz, los nuevos láseres, que también utilizan la radiofrecuencia, los aparatos para dermatología que llevan incorporada luz infrarroja o los de radiofrecuencia, capaces de medir la temperatura interior del cuerpo.


