El negocio de los asesores de arte

11 / 04 / 2008 0:00 Marisa Perales
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Se llaman consultores y se dedican a asesorar a los coleccionistas de arte. Una profesión en alza. Rastrean y se adelantan a las tendencias. La lista de clientes es cada vez más larga.

El mercado del arte ya no es coto privado de las grandes fortunas. Y cuando las Bolsas tiemblan, el arte, es un valor seguro. Manolo Valdés, Aitor Ortiz, Luis Feito, David Hockney, Luis Gordillo, Per Barclay... son nombres de artistas que están, en estos momentos, en la cresta de la ola. Quienes hayan apostado por ellos han multiplicado su valor con creces. Empezar a ser coleccionista no es una tarea sencilla. Se necesita dinero, ganas, ilusión y tiempo. Entender de arte y tener una visión de futuro se deja a los expertos. El negocio ya tiene unos cuantos años: asesores que ayudan al cliente a definir el perfil de su colección en función de sus gustos y del presupuesto.

El coleccionista se interesa principalmente por el arte contemporáneo español. Artistas de la talla de Tàpies, Chillida, Barceló, Millares, Valdés o Saura están entre sus preferencias, pero el abanico es muy amplio y las posibilidades enormes. Depende del tipo de colección que se desee. Hay para todos los gustos, según el volumen de inversión. Susana González, directora de la consultoría Consultarte (www.consultarte.es) lo afirma: “Desde mi empresa hacemos hincapié en la importancia de definir de antemano el perfil y la política de la colección en función de la necesidad del solicitante. Se trata de contribuir a la creación de colecciones que conformen recorridos adecuados y coherentes”.

Mercado

Las consultorías tienen diferente cometido al de las galerías, que se deben a su compromiso con sus protegidos a cambio de que les muevan sus obras. Aquellas, sin embargo, ofrecen al coleccionista una visión general de todo el mercado, gestionan la compra de los cuadros, consiguen mejores condiciones al estar muy en contacto con los galeristas y con los propios artistas, se encargan del seguro de las obras, el transporte, los certificados, la instalación... incluso de los posibles préstamos a museos y exposiciones. Algunos asesores, como Elisa Hernando, de Arte Global (www.arteglobal.es), va más allá: “Nos preocupamos de que nuestros clientes estén informados sobre todo lo que pasa en el mercado del arte internacional. Les hacemos visitas guiadas a exposiciones, les recomendamos lecturas, organizamos visitas a ferias. Incluso comidas en casas de coleccionistas particulares y viajes individuales”.

Este negocio, que en España es muy reciente, en Estados Unidos lleva activo desde 1950. “No hemos descubierto nada”, explica Pablo del Val, asesor artístico y director de la consultora de arte ABV Arte (www.abvarte.com) desde hace tres años. Es, junto con su socia Rocío Bardín, un experto en arte contemporáneo. Su vinculación con este mundo le viene de familia. “Un asesor –sentencia– es la persona que ayuda a un coleccionista a no cometer errores en un mercado de creciente complejidad. El consultor es cada vez menos prescindible, teniendo en cuenta lo rápido que cambia el mercado”.

Lo más importante, a la hora de elegir a un cliente, es que éste sea una persona seria, que se deje asesorar para determinar juntos el perfil de colección que se ajuste a sus características específicas. Del Val añade que le gusta que el cliente sea una persona “de fiar”, pues de esta confianza nacerá lo que será una gran colección y descarta al coleccionista especulador porque no está aquí “para especular, sino para asesorar”.

¿Qué significa ser coleccionista de arte? “Es un vicio –comenta Enrique Polanco, presidente de un holding de empresas culturales, entre las que se encuentra la editorial El Tercer Nombre–. Es una persona a la que le gusta el arte y, de alguna manera, convive con él y se rodea de él. Evidentemente, detrás siempre hay un factor económico. No todos a los que nos gusta el arte podemos comprar lo que deseamos, pero hay maneras de acercarse. Sin duda alguna, quien consigue su propia colección es más feliz”.

Formatos

Polanco lleva años apostando por la fotografía, siempre le ha parecido un soporte muy interesante, por supuesto por la pintura y la escultura y, a veces, compra vídeos. ¿Artistas preferidos? Aitor Ortiz, Per Barclay, Alicia Martín, Juan Uslé. Su próxima meta: “Miguel Rio Branco, de la galería Olivia Arauna. Casi nunca lo hago pensando en invertir o sacar alguna rentabilidad económica. En realidad compro lo que me gusta”.

Un caso algo diferente al de la diseñadora y empresaria de calzado y complementos Sara Navarro. “Compro como inversión, valores seguros, autores reconocidos. Todo lo que gano lo invierto en arte. A mi marido le he convertido en un gran afi cionado. Un cuadro de Palazuelo lo compramos ya siendo novios”. Su primera pieza, un dibujo pequeño de Juan Hernández Pijoan lo adquirió a los 16 años, lo último, una pintura del artista austriaco Arnulf Rainer y otra del griego Kounellis. Desde hace unos años Sara Navarro está intentando internacionalizar su colección.

Tiene obras de Alfonso Albacete, Tàpies, Rafols Casamada, Guinovart, Palazuelo, Chillida, Equipo Crónica, Manolo Valdés y Lucio Muñoz. Su pasión por el arte es tal que de poder permitírselo se dedicaría a ser coleccionista. Es muy radical y compra sólo arte contemporáneo. “Tengo una galerista, Nieves Fernández, en la que confío y su criterio es muy importante para mí. Con un poco de intuición y un buen asesoramiento, es difícil equivocarte”.

Tras consultar ‘Tiempo’ con varios expertos en arte, todos coinciden en que la mínima cantidad para empezar una colección de arte oscila entre los 30.000 y los 150.000 euros anuales durante unos cinco años. Otros tiran por lo bajo y recomiendan 100.000 como cantidad inicial. La galerista Nieves Fernández es más comedida. Con unos mil euros anuales, dice, se pueden hacer maravillas. Sin grandes dispendios: “Con tres o cuatro cuadros ya se puede hablar de colección. ¿Nuestro perfi l de cliente? Personas de entre 30 y 60 años. Los jóvenes demuestran su interés cada vez más”.

Inversión

Para conseguir una colección de arte contemporáneo español completa sería necesario disponer de varios millones de euros. Si se le quiere dar un enfoque internacional, hay que multiplicar la cifra por diez o incluso por cien.

Pero no existe una regla fija. Si un año se encuentra una pieza muy especial, se puede incrementar el presupuesto en detrimento de otros años. “Depende –explica Elisa Hernández (Arteglobal)– del perfil de artistas que queremos. Solemos recomendar una cartera donde haya una parte del presupuesto dedicado a artistas jóvenes y consagrados. Si alguien no puede permitirse comprar piezas únicas, puede optar por obra gráfica, mucho más asequible”.

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