Toca, mira y gira
Las marcas de los nuevos billetes de 50 euros hacen dudar de su autenticidad.
No he visto muchos pasos procesionales en Semana Santa, pero pasé mi propio viacrucis a cuenta de los nuevos billetes de 50 euros. A la hora de pagar con la tarjeta en el restaurante de una playa del Sur, el camarero me pidió disculpas porque el datáfono no les funcionaba. Al no llevar ni un euro en metálico tuve que salir en busca de un cajero automático. Tras perderme por algunas calles, encontré uno muy extraño que me pedía que pusiera la palma de mi mano encima de un escáner. Por lo visto se trataba de una experiencia piloto, desarrollada por los japoneses, que identifica y reconoce las venas de la mano. Me dijeron que era un nuevo sistema de seguridad biométrica, inimitable y personal, más seguro que la huella dactilar o que el iris del ojo humano. Mucho hemos avanzado en materia de seguridad desde que mi hermano me contaba que, para salir del cuartel, tenía que dar al centinela la contraseña “el gato tiene plumas”. El caso es que no superé la prueba de las venas y, tras varias gestiones, conseguí dos billetes de 50 euros que me hicieron dudar, porque eran de los nuevos. Me sorprendió el holograma que incorporan en una ventana, que al mirar al trasluz se vuelve transparente. Es, al parecer, una de las aportaciones de seguridad del alemán Reinholf Gerstetter, el experto que los ha diseñado, que al principio era partidario de incorporarles algunas caras de personajes europeos, ya que desde la infancia desarrollamos una especial sensibilidad en asimilar rostros, lo que facilitaría mejor identificar cualquier falsificación. A mí también me gusta la idea, aunque se ve que no prosperó.
Cuando volví al restaurante, el maître me dijo que lo lamentaba mucho, pero que esos billetes eran falsos. “¿Falsos? ¡Lo único que me faltaba, después de todo lo que he pasado para conseguirlos! Son los que acaban salir. Toque, mire y gire”, le respondí, que son los pasos a seguir por quienes no llevamos detector electrónico para comprobar la autenticidad. Tuvo que venir el propietario del restaurante, que aceptó mis explicaciones y, por supuesto, los 100 euros y, además, me invitó a un chupito que agradecí pero no tomé. Lo que más me llamó la atención es que incorporó mis billetes a un abultado fajo de los de 500 que sacó de su bolsillo. En ese momento recordé que más de un tercio de todos los emitidos en Europa se ocultan en España, y también de la cantidad de propuestas fallidas que se han hecho para evitarlo. Cayo Lara sugirió que cambiaran de color para que afloraran, Alfredo Pérez Rubalcaba quiso eliminarlos de la noche a la mañana y hace un año el BCE acordó retirarlos progresivamente. EEUU, para luchar contra la corrupción, eliminó sus billetes de mayor cuantía en 1969, y ahora esos dólares solo tienen valor numismático. Nos llevan medio siglo de ventaja.


