Si mandasen las mujeres

12 / 03 / 2015 Natível Preciado
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Algunos estudios ponen de relieve la relación entre el liderazgo femenino y la buena administración de un país.

En plena celebración del Día internacional de la mujer quiero elucubrar sobre si el mundo sería distinto si hubiera más mujeres que ejercieran el liderazgo político. Y es que Alexis Tsipras, tal vez involuntariamente, ha avivado el debate sobre el liderazgo femenino en el mundo político. Entre los once ministros que forman parte de su gabinete no hay una mujer. Alega que la política griega está llena de altos cargos ejercidos por mujeres. Parece insólito, sin embargo, que no haya encontrado una sola para formar parte de su consejo de ministros. Es probable que, tras este preámbulo, aproximadamente la mitad de los lectores no pasen de esta línea, pero asumo el riesgo. Me refiero a que algunos hombres están un poco hartos de que sigamos reclamando, a estas alturas, igualdad de derechos. Se supone, aunque sea mucho suponer, que ya lo hemos conseguido. No es cierto. Los datos son monótonos pero imprescindibles para demostrar la desigualdad. No me alejaré de los países de nuestro entorno.

De los 28 países miembros de la Unión Europea, solo Alemania, Dinamarca, Letonia y Polonia están gobernados por mujeres. El Gobierno de España tiene tres ministras y una poderosa vicepresidenta. En los del Norte hay más ministras que en los del Sur. En todos han establecido un sistema paritario, excepto en Finlandia, donde las mujeres ocupan diez de las dieciséis carteras ministeriales. Imposible demostrar si existe alguna relación entre el liderazgo femenino y la buena administración de un país, pero algunos estudios así lo manifiestan.

En las democracias donde las mujeres han sido educadas en liderazgo y participan activamente en la toma de decisiones, las sociedades son más abiertas y democráticas. Un informe del Banco Mundial sobre desarrollo realizado en el año 2012 afirma que la igualdad de género es una medida inteligente, porque las compañías que tienen más mujeres en sus puestos directivos son más rentables y eficaces. Los parámetros en los sistemas de organización son cada vez menos verticales y jerárquicos y más horizontales e interconectados; se tiene en cuenta la creatividad y la comunicación a la hora de tomar decisiones.

Las mujeres por lo general son mucho más asertivas que los hombres, es decir, poseen la habilidad de establecer vínculos sin agredir al interlocutor ni someterse a su voluntad. Y, además, suelen ser menos engreídas, petulantes y defienden mejor los intereses de una organización a través de la empatía que de la competitividad. Si son tantas las ventajas, lo inteligente sería incluir al 50% de la población en la toma de decisiones. Hace unos días se reunieron más de 300 líderes en Santiago de Chile para participar en la cumbre de la ONU sobre “Las mujeres en el poder y en la toma de decisiones”, donde la presidenta Michelle Bachelet dijo: “Tenemos que acelerar la marcha, la igualdad entre hombres y mujeres no se ha logrado hasta hoy en ningún país”. Y puso 2030 como fecha tope para alcanzar la igualdad de género. Largo nos lo fían. Lo siento, pero como verán hay que seguir dando la tabarra hasta lograr que en la vida laboral, en la doméstica y en la política haya un reparto más equitativo.

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