Profesiones con futuro

25 / 05 / 2017 Nativel Preciado
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Nadie es capaz de predecir los cambios que la tecnología llevará a la vida laboral.

Aparecen cada vez más noticias sobre la saturación digital y la búsqueda de los límites en la era de la alta tecnología. Nada novedoso, porque hace muchos años que ya se ocuparon de estos asuntos autores tan prestigiosos como el polifacético Lewis Munford, el politólogo Langdon Winner en su libro La ballena y el reactor o más recientemente Geoffrey Hinton, considerado el padrino de la inteligencia artificial. Ninguno de los tres rechaza el imparable progreso tecnológico, sin embargo, pretenden acercarlo lo más posible a los patrones de la vida humana. Winner lo explica con un buen ejemplo: los ordenadores portátiles impiden que los niños se esfuercen en aprender y pensar, además de devaluar el trabajo y la inteligencia de los maestros. ¿Quién se molesta en hacer divisiones o multiplicaciones complejas desde que aparecieron las calculadoras? Existen ya traductores instantáneos casi perfectos que representan una grave amenaza para el aprendizaje de idiomas. Ha salido uno al mercado casi perfecto, aunque desconozco el precio, que ya traduce al inglés, japonés y chino, y en una segunda edición lo hará al francés, tailandés, italiano, árabe y coreano. Aunque siempre habrá que aprender un idioma para traducir un texto literario o para conocer a fondo una cultura. Eso sí, todos compartimos el deseo de que la tecnología no se imponga de forma violenta y fuera de nuestro control.

Hace unos días leí la siguiente frase en una entrevista con Hinton: “Si estudias redes neuronales, seguro que encuentras un trabajo ahora mismo. Pero si quieres cambiar el mundo estudia ciencias sociales”. Leer a los citados autores y, sobre todo, esta última frase, mantiene viva la esperanza de que se produzca un cambio radical que facilite el resurgir de las humanidades o, al menos, que algunas de ellas sean rentables. Se está desencadenando un vuelco tecnológico a velocidad supersónica que arrasará con muchas de las profesiones actuales; ya están en camino otras como los creadores de identidades digitales, asistentes cognitivos, vigilantes medioambientales, acuicultores submarinos, banqueros de tiempo, fabricantes de órganos humanos... Así lo anunciaba Lynda Grattonda, catedrática de Práctica Directiva en la London Business School, en su libro Prepárate, el futuro del trabajo ya está aquí. Quizá confundo el futuro inmediato con mis deseos personales, porque ni siquiera los expertos se atreven a hacer previsiones más allá de un lustro. Tal y como están las cosas, nadie sabe cuál será la mejor manera de prepararse para los cambios que experimentaremos en nuestra vida laboral en los próximos años, pero soy incapaz de imaginarme un mundo sin profesionales dedicados a la filosofía, la enseñanza, la literatura, la música o, como dice el profesor Hinton, a las ciencias sociales. Ya lo dijo Orwell, lo importante no es mantenerse vivo, sino mantenerse humano.

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