Del boxeo al ajedrez

19 / 03 / 2015 Natível Preciado
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Tras las citas electorales de este año las fuerzas políticas tendrán que pactar y los pactos requieren jugadas sutiles.

Hay quien ve la política como una partida de póquer, se marca faroles para espantar al oponente y promete más de lo que puede dar. Pablo Iglesias se la plantea como una partida de ajedrez ya iniciada, en la que las piezas no están repartidas de forma equitativa, pero hay que demostrar habilidad y astucia para jugar con los medios disponibles dentro de unas reglas establecidas. Así, al menos, lo dejó escrito en Disputar la democracia, libro prologado por Alexis Tsipras, donde también alude a los que entienden la política como un combate de boxeo. Pone de ejemplo a tres mandatarios latinoamericanos que abandonaron el ring de boxeo, donde siempre ganaba el más fuerte, para jugar con las piezas del ajedrez. Hace, además, una advertencia inquietante: “Los poderosos no renuncian a todos sus privilegios cuando son derrotados en la mesa de ajedrez, sino cuando caen en el ring”.

Queda mucha campaña por delante para anticipar qué juego va a prevalecer en las sucesivas citas electorales. Se ha hablado del órdago de Pedro Sánchez cuando desplazó a Tomás Gómez para imponer a Ángel Gabilondo, catedrático de Metafísica y exministro, como candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid. Habrá que esperar al final de la partida (en este caso de mus) para saber si le salió bien la jugada. Gabilondo, de momento, pronuncia frases que suenan bien, como aquella de “yo no tengo nada que decir sobre las declaraciones de otras personas salvo cuando sean propuestas para mejorar la sociedad... las personas son muy importantes, pero lo decisivo para mí son los programas y los proyectos”.

Los ciudadanos han manifestado en numerosas ocasiones estar completamente hartos de los líos internos de los partidos y del “y tú más”, es decir, de que los políticos se limiten a mirarse el ombligo y descalificar al adversario, en vez de hacer propuestas eficaces para resolver el problema del paro, la corrupción, la sanidad, la educación, la vivienda... y el resto de las preocupaciones esenciales de la gente. Así que bienvenidos cuantos se sumen a las buenas intenciones de Gabilondo, si es que las mantiene hasta el 24 de mayo, segunda cita electoral del año. Lo que demuestran las tendencias demoscópicas, hasta la fecha, es que los encuestados tienen la sensibilidad a flor de piel y reaccionan en función de los estímulos de cada momento. Excepto los militantes y a los más comprometidos ideológicamente, el resto de los potenciales electores se han vuelto descreídos y no parecen dispuestos a pasar ni una.

Está claro que ya no son dos, sino cuatro, los partidos que se reparten la mayoría de los votos y aparecen alternativamente en primera o segunda posición. Durante las casi cuatro décadas que llevamos de democracia, jamás hubo tanta volatilidad en los resultados de las encuestas. Nadie es capaz de aventurar qué coaliciones estarán al frente de autonomías, ayuntamientos y Gobierno de la nación. Tendrán que pactar sin saber todavía con quién y los pactos requieren jugadas sutiles. Esperemos que, a estas alturas, todos hayan cambiado el ring de boxeo por el tablero de ajedrez.

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