Isabel y los cervatillos
Yo pienso en el rey Herodes cuando mandó degollar a los descerebrados padres de los inocentes, creo que era así.
Ustedes estarán ahora mismo, con toda probabilidad, muy preocupados por muchas cosas. El huracán Irma, que a estas horas ya se habrá pasado pero ahí detrás viene José. El terremoto de México. Lo que pueda pasar en Cataluña el Uno a Cero (hay periodistas de televisión que ven 1-O y dicen “uno a cero”, por los nervios).
Contaba Dale Carnegie en su libro Cómo suprimir las preocupaciones y disfrutar de la vida, publicado en 1948, que uno de los métodos más eficaces para eliminar la angustia es ocuparse de otra cosa, cambiar de actividad, hacer algo que nos interese mucho y que nos impulse a ser felices.
Yo no estoy de acuerdo. En el mundo en que vivimos, lo mejor que se puede hacer para eliminar una preocupación (no sé si lo mejor, pero desde luego es lo más frecuente ahora mismo) es buscarse otra más gorda. Algo que nos cabree mucho más de lo que ya estamos. Les propongo que se suban a un tren en Barcelona con destino a Valencia. Pidan vagón de silencio.
Si tienen suerte (no sé si buena o mala, la verdad), coincidirán con Isabel y con sus padres. Isabel es una niña como de 4 años, encantadora y que, esto es obvio, está siendo educada en la felicidad, en la espontaneidad, en el diálogo (?), en la caricia y en la sonrisa constantes. Entra diciendo hola a todo el mundo. Naturalmente a gritos, porque la cría desea llamar la atención y desde luego lo consigue.


