Rajoy, entre la gaviota y el charrán

17 / 07 / 2015 José Oneto
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El presidente sabe que, más tarde o más temprano, la implantación de primarias en el PP es inevitable, pero eso le importa poco o nada. A él lo que le importa son las elecciones generales.

La gran discusión política de la semana. Una semana marcada por el serial griego, el serial sobre la pelea de Pablo Iglesias (y, por supuesto, Tania Sánchez), el secretario general de Podemos, con el resto del mundo por ser el representante exclusivo de la nueva izquierda española que tiene que arrebatarle el poder al PP, y el serial de la lista catalana a las elecciones soberanistas de septiembre en la que se pretendía que no fuera ningún político, algo así como la nueva tortilla de patatas sin huevos y sin patatas– ha girado en torno a las aves.

Más concretamente, entre la gaviota y el charrán. Dentro de la renovación que anuncia el PP de cara a las elecciones de diciembre (aparte de camisas abiertas, sin corbata, y rostros lo más parecido posible a los candidatos de Ciudadanos) está la aprobación del nuevo logo del partido, en el que han querido encerrar en un círculo, lo más parecido, eso sí, al logo de Podemos, las iniciales del partido y la célebre gaviota popular, aquella que introdujo por primera vez en la política Manuel Fraga.

No se sabe muy bien por qué ese interés en conservar la imagen de un ave carroñera que se alimenta de basura y que ha llegado a invadir cientos de estercoleros de toda España, hasta el punto de que hay expertos que aseguran que solo en Madrid hay censadas unas 10.000. Es tal el debate que se ha montado en las redes sociales que ha tenido que salir a la palestra el autor del primer logo de hace 26 años, el publicista y militante del partido Fernando Martínez Vidal, que, en contra de todo y de todos, sostiene que no se trata de una gaviota, sino de un charrán, esa ave que, además de pertenecer a una especie protegida tiene la característica, según Martínez Vidal, de que vuela alto.

Vano intento de Vidal, ya que los propios estatutos del partido aclaran que su logotipo “está integrado por las palabras ‘Partido Popular’ cobijadas bajo un símbolo que representa una gaviota con las alas desplegadas”. Fraga se empeñó en la gaviota y en los colores que debían acompañarla, sin que Martínez Vidal se atreviese a llevarle la contraria a pesar de que no entendía qué colores eran esos de azul Carlos III y rojo lacre diplomático. Al final ha permanecido la gaviota y ha desaparecido el rojo lacre diplomático, un color que en 1989 fue característico de todos los partidos conservadores.

Y, probablemente, ha sido en nombre de la gaviota y no del charrán como ha empezado el verdadero proceso de renovación, dando los primeros pasos para, en el futuro, y no con Rajoy, democratizar las estructuras internas del partido, dirigiendo la mirada hacia la elección entre los militantes (un militante, un voto) de todos los cargos, incluido el presidente nacional y el candidato a la presidencia del Gobierno. La sorpresa la dio la propia secretaria general del partido, Dolores de Cospedal, que se negó a dimitir del cargo después de los resultados electorales del 24 de mayo, que no quiso entrar en el Gobierno como ministra, sino solo como vicepresidenta, y que ha sido rodeada de una guardia de corps de vicesecretarios para controlarla, y que, aún sin recuperarse del cerco a la que la han sometido, planteó el tema con toda crudeza en la inauguración de la Convención Popular, ante la cara de extrañeza del presidente del Gobierno.

“Nos debemos a nuestros militantes y afiliados, que deben ser también protagonistas en primera persona del futuro del partido. Y todos los populares, y cuando digo todos, quiero decir todos, tenemos que ser protagonistas de forma directa por ejemplo a la hora de elegir a los presidentes provinciales, a los presidentes regionales o a nuestro presidente nacional”. Rajoy estuvo a punto de dar un respingo pero, desde el principio, cuando comenzaron a sumarse partidarios a la propuesta de Cospedal, ya supo que, tarde o temprano, la implantación de las primarias iba a ser inevitable. Pero a Rajoy las primarias del PP le importan relativamente poco, es decir, nada. A él lo que le importa son las elecciones generales, hacia las que está dirigiendo su política. Su política fiscal; su política social, para reconciliarse con su electorado; su política de recuperación económica y creación de empleo; y su estrategia para movilizar a quienes en las autonómicas se quedaron en casa y conseguir esa “mayoría suficiente” que ha empezado a citar en la Convención, en la que habló de lo de siempre, sin tener en cuenta las derrotas de las europeas, las andaluzas y las autonómicas y municipales.

Las encuestas sitúan al Partido Popular como primera fuerza política, el viento económico está a su favor, el serial griego (con ese corralito que ha hundido las bolsas de medio mundo) le beneficia, y la lucha en el seno de la izquierda divide un voto que podía dar una gran sorpresa, como ha ocurrido en las municipales y autonómicas, y puede potenciar al PP.

En ese aspecto, y volviendo a la polémica de la semana (gaviota versus Charrán) da la impresión de que Rajoy está, o debería estar, al contrario que Fraga, más cerca del charrán que de la gaviota y más inclinado hacia el azul cielo (y ahí está el nuevo logo) que al azul Carlos III, ese azul de la banda de la orden que lleva su nombre y que era la preferida del primer, y ya fallecido, presidente del PP. Pero es posible que se olvide del charrán y vuelva, como siempre, a lo mismo.

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