La crisis del PSOE y Juego de tronos

20 / 02 / 2015 José Oneto
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La destitución de Tomás Gómez no es más que el primer capítulo de la crisis socialista, a la que le quedan aún episo-dios que para sí quisieran los guionistas de la serie televisiva. 

A un mes de las elecciones autonómicas andaluzas y a menos de cien días de las autonómicas y municipales de mayo, el PSOE está viviendo una especie de capítulo de la exitosa serie televisiva Juego de tronos, que viene a ser su peor crisis, su crisis más grave, desde que Alfredo Pérez Rubalcaba abandonó la secretaría general del partido (tras el fracaso de las europeas del pasado mayo) y fue sustituido por Pedro Sánchez en julio, elegido en primarias por una amplia mayoría frente a los otros dos candidatos, Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias.

Discutido su liderazgo desde el principio, a pesar de sus esfuerzos por la integración, y con un equipo que no es el mejor y que en ocasiones peca de una cierta ingenuidad política, Sánchez ha vivido estos ocho meses en un perpetuo sobresalto, especialmente por los continuos rumores de que, colocado en el puesto por la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, que inclinó la balanza del poder hacia su candidatura, puede ser desplazado de la carrera a la Presidencia del Gobierno por la propia Díaz, una dirigente criada políticamente en las filas socialistas desde las Juventudes y a la que se le reconoce una capacidad de liderazgo y un tirón popular que será puesto a prueba el próximo 22 de marzo.

Sin embargo, el último conflicto interno no se ha producido con Díaz, que repite una y otra vez que su futuro está en Andalucía y, por ahora, no en la carrera hacia La Moncloa, sino con Tomás Gómez, secretario general del Partido Socialista de Madrid (PSM) desde 2007 y candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid. Las encuestas que le situaban en el tercer puesto con una intención de voto algo superior al 11%, un informe del Tribunal de Cuentas sobre el sobrecoste del tranvía de Parla, la obra estrella de Gómez, presupuestada en 93 millones y que terminó costando 256, y determinadas informaciones de la Unidad de Delincuencia Económica y Financiera (UDEF) sobre las investigaciones policiales en torno a Gómez por posibles delitos de prevaricación y malversación de fondos, y a su sucesor en la alcaldía de Parla, José Luis Fraile, imputado en la operación Púnica, eran motivos suficientes como para abordar un relevo, aun traumático, en el PSM.

con estos argumentos el futuro de Gómez estaba decidido. Nada peor que, en plena campaña electoral, volasen al candidato, dando más argumentos a Podemos, que en las encuestas aparece como la verdadera alternativa al PP. Pero en esa voladura interna controlada también está el intento de deshacer el poder territorial que pasa por Madrid, Comunidad Valenciana y Andalucía, un eje decisivo para las futuras primarias que tienen que decidir la candidatura a la presidencia del Gobierno. Ese eje apoyaría a Susana Díaz, o eventualmente a Carme Chacón, una de las pocas integrantes de la Ejecutiva que ha manifestado públicamente su oposición a la destitución de Gómez.

El otro punto clave de ese eje sería el valenciano Tximo Puig, partidario de un pacto con Podemos y con todas las fuerzas de izquierdas de la Comunidad Valenciana, que el PP da por perdida. Puig, un hombre de Pepe Blanco, cree poder recuperar poder territorial, y dentro del propio partido a nivel nacional, y también sería decisivo en esas primarias para la candidatura a La Moncloa. Díaz, que se lo juega todo el 22 de marzo en Andalucía y que cree que puede frenar a Podemos en su comunidad, ha querido frenar todas estas especulaciones y ha desmentido cualquier operación que salga del ámbito de Andalucía.

Para los tomasistas, determinadas informaciones que maneja la UDEF y que habrían influido en la operación contra Gómez habrían llegado a través del exministro del Interior y exsecretario general del partido Alfredo Pérez Rubalcaba, que según Gómez habría participado en la “conspiración de mesa camilla” que ha terminado con la disolución de la dirección del PSM y el nombramiento de una gestora presidida por quien fue presidente de la Comunidad de Madrid y secretario general de los socialistas madrileños, Rafael Simancas. Gómez, que desde el principio se negó a dimitir para dejar paso a otro candidato con más tirón electoral (como hizo en la época de José Luis Rodríguez Zapatero, cuando llegó a enfrentarse con la candidata del expresidente, Trinidad Jiménez), anunció que se reincorporaría al despacho oficial en la plaza del Callao, con lo que se produjo el desagradable espectáculo primero de una ridícula manifestación en Ferraz con gritos infantiles de “ista, ista, ista España es tomasista” y enfrentamientos con el equipo de seguridad que bordearon la agresión personal, y luego de la también ridícula decisión de cambiar la cerradura de la sede.

Todo un espectáculo en vísperas electorales, con Podemos mordiendo votos por la izquierda en su estrategia de convertirse en la verdadera alternativa al Partido Popular, y con Ciudadanos arañando votos por el centro y la derecha para situarse, como señalan las encuestas, en la cuarta fuerza del país. Un espectáculo en el que hay muchos culpables y un espectáculo que continúa, ya que el objetivo es torcer el brazo a Sánchez, y al que parece que se ha apuntado el expresidente Zapatero. Entre él y Tomás Gómez han lanzado la candidatura de Amparo Valcarce, exdelegada del Gobierno en Madrid y exsecretaria de Estado de Asuntos Sociales en la etapa de Zapatero, y han convencido al concejal del Ayuntamiento de Madrid Pedro Zerolo para frenar la candidatura del exministro de Educación Ángel Gabilondo, que no está afiliado al partido y que al parecer habría aceptado solo con la condición de que hubiese consenso entre las distintas facciones del partido. Y un espectáculo que solo acaba de empezar. Prometen nuevos episodios que ya querrían para sí los guionistas de Juego de tronos que ha ocupado el interés informativo de toda la semana y que, paradójicamente, es la preferida de Pablo Iglesias, hasta el punto de que acaba de sacar un libro que puede convertirse en best seller:Vencer o morir. Lecciones políticas en ‘Juego de tronos’.

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