En la recta final de las elecciones generales

11 / 12 / 2015 José Oneto
  • Valoración
  • Actualmente 5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

La campaña electoral, a diferencia de lo que ha ocurrido en la mayoría de los comicios, tendrá una influencia decisiva en los resultados del 20-D

La semana que viene, el domingo 20 de diciembre, se celebran las elecciones más importantes del país desde las constituyentes de 1977, en las que se diseñó, entre otras cosas, el modelo del bipartidismo político imperfecto con el que ha venido funcionando el Parlamento hasta ahora. Eso sería lo primero que saltaría por los aires a favor de un cuatripartidismo con el que, necesariamente, habrá que contar para formar mayorías parlamentarias y Gobiernos estables. El modelo PP-PSOE, con un tercer partido nucleado en torno a Izquierda Unida, ha sido el modelo vigente durante 38 años, con algún periodo en el que se ha buscado desesperadamente un partido bisagra (caso del CDS de Adolfo Suárez o la UPD de Rosa Díez) que, al final, no ha cuajado.

En estas elecciones, en las que la mayoría de las encuestas (especialmente la última del Centro de Investigaciones Sociológicas, CIS) anuncian un auténtico terremoto, la campaña, que en general no ha tenido una influencia decisiva en otras convocatorias, sí la tendrá el domingo, hasta el punto de que, recién iniciada, más de un 40% del electorado, de ese 75% que ha confesado que irá a votar, no tenía decidido aún su voto y dudaba entre entregárselo al PSOE, a Ciudadanos o a Podemos. De todas las encuestas publicadas, incluida la del CIS, la más completa y creíble por el número de entrevistas (18.000) y porque estas son personales y no telefónicas, pueden sacarse una serie de conclusiones generales, que quedarán matizadas en los días de campaña que quedan, ya que los estrategas de los partidos y los propios dirigentes están adaptando sus discursos y sus movimientos a los inputs de los sondeos.

En este sentido, parece que el partido más votado va a ser el PP, especialmente porque resiste muy bien en las zonas rurales y entre los mayores de 55 años, aunque no alcanzará la cifra mágica de los 140 diputados con los que los rajoyistas se contentarían (es probable que respecto a las elecciones de 2011 pierda el 40% de sus votantes y se quede solo con los situados ideológicamente más a la derecha) y tendrá que jugar con mucha habilidad para llegar a acuerdos, algo a lo que los populares, como han demostrado en estos cuatro años de Gobierno, no están muy acostumbrados. Si además esos acuerdos tienen que ser con Ciudadanos, que ya ha adelantado que no aceptará a Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, su posibilidad de gobernar se complica, a menos que el presidente deje paso a su vicepresidenta y sustituta en los debates, Soraya Sáenz de Santamaría, algo que se presenta complicado por lo que significa de cesión y de entrega.

La sustitución de Rajoy por la vicetodo (que ha hado lugar a numerosos chistes) y la repentina aparición en los carteles electorales como un auténtico ticket en casi todas las farolas de Madrid han disparado las especulaciones sobre una operación relevo en el caso de que en un pacto PP-Ciudadanos el partido naranja le ponga el veto a Rajoy. Ahí estaría Soraya, que acaba de declarar que “llegará un día en que haya una presidenta del Gobierno”, aunque, ha añadido por experiencia propia, “todavía a algunos hombres les cuesta mucho ser mandados por una mujer”. Además, ella sabe de qué va la cosa porque, cuando el presidente estuvo en la cuerda floja cuando estalló el escándalo Bárcenas, fue el propio Rajoy el que la envió a Berlín a entrevistarse con Angela Merkel y que le diera el visto bueno, como efectivamente hizo la canciller, que además la cubrió de elogios.

La vicetodo, por otra parte, salvó a Rajoy del debate a cuatro celebrado el
 7 de diciembre en los estudios de Antena 3,
 con Pedro Sánchez (PSOE), Albert Rivera (Ciudadanos) y Pablo Iglesias (Podemos), a donde fue mandada por Rajoy, convencido de que no ganaba nada participando en ese tipo de debate porque todos iban a ir a por él y tenía todo que perder. Sobre todo por el asunto de la corrupción, con la que tuvo que enfrentarse Sáenz de Santamaría cuando Rivera, mostrando la portada de El Mundo, aseguraba que Rajoy se había negado a asistir porque estaba implicado en el caso Bárcenas en tanto había recibido sobres en negro.

Presentado como “el debate decisivo” y con una audiencia por encima de los nueve millones telespectadores (el programa más visto del año), no parece que el debate haya servido mucho para todos esos indecisos que siguen teniendo muchas dudas de a quién votar. Si a Rajoy, que sería más de lo mismo; a Sánchez, que no termina de despegar pese a que en el debate fue el que dio más sensación de presidente del Gobierno; a Rivera, que le pisa los talones a Sánchez y pretende, incluso, superar al PP; o a Podemos, que ha dulcificado tanto su discurso que aparentemente ha abandonado el sueño bolivariano para proponer como modelo una Dinamarca socialdemócrata.

Habrá que esperar el cara a cara entre Rajoy y Sánchez del lunes 14, cuando este número de Tiempo esté en la calle, para valorar si efectivamente Sánchez tiene posibilidades de tener una posición lo suficientemente fuerte como para apoyar ese proyecto de coalición con Ciudadanos y Podemos, que podría dar lugar a un Gobierno de corta trayectoria y cuya principal misión sería, por ejemplo, poner en marcha la reforma constitucional, elaborar una nueva ley electoral y una nueva ley de educación. Un Gobierno con un mandato de dos años, que es lo que, probablemente, Sánchez tiene en la cabeza.

Grupo Zeta Nexica