Ciudadanos o el éxito del “cambio sensato”

27 / 02 / 2015 José Oneto
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Mientras Podemos parece haber tocado techo, la formación de Rivera se consolida como cuarta fuerza, a la que votarían desengañados del PP, abstencionistas y exvotantes de UPD.

“El cambio sensato”. Con este eslogan Ciudadanos, el partido que puede ser la gran sorpresa, junto a Podemos, en las próximas elecciones generales, ha presentado en Madrid, ante un público que ha desbordado todas las expectativas, el programa económico que pretende defender unas “propuestas para devolver a España su futuro”. Un futuro en el que habrá que poner en marcha un nuevo modelo económico, en el que es muy posible que desaparezca el bipartidismo actual y en el que habrá que abordar, sí o sí, una inevitable reforma constitucional. En ese futuro que se dibujará dentro de unos meses, Ciudadanos, por los sondeos que se han hecho públicos últimamente (especialmente uno de Metroscopia para El País y otro de Mayword para la Cadena Ser), aparece desempeñando el mismo papel que hasta ahora han desempeñado los partidos nacionalistas, especialmente Convergència i Unió.

Así, Ciudadanos se convierte en la cuarta fuerza política, con porcentajes entre el 12,2% y el 13,4%, y puede hacer de bisagra para cualquier pacto para la gobernabilidad del país, especialmente, según el barómetro de la Cadena Ser, si ganase el PP, caso en el que el 55,2% de los encuestados serían partidarios de un pacto con el partido de Rajoy mientras que un 30,2% lo serían de un acuerdo con los socialistas si fuesen ellos los ganadores.

Lo que parece claro, a nueve meses de las elecciones generales (influirá también lo que pase en Andalucía y en las elecciones autonómicas y municipales de mayo), es que Ciudadanos se consolida como una fuerza política que votarían los desengañados del PP –y ya ha empezado la ofensiva contra ellos a los que, de forma infantil, llaman Ciutadans, resaltando su origen catalán, como si estuviésemos ante una nueva operación Roca, algo descabellado– antiguos votantes de UPD y abstencionistas.

Al mismo tiempo, Podemos parece haber tocado techo y se nota una ligera tendencia a la baja provocada por las polémicas sobre Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón y actitudes que han sido comparadas con otras similares de lo que ellos llaman “casta” y por la creciente indefinición en que han comenzado a moverse en un intento de transversalizar y arañar votos de todas las tendencias. Su caladero de votos está, en principio, en el PSOE, en IU, en los abstencionistas y, hasta ahora, en un porcentaje pequeño (8,5%), en el PP, un porcentaje que es muy posible que pase a engrosar los votos de Ciudadanos. Hay también una importante proporción de votantes entre los cabreados e indignados con la situación política, económica y social provocada por los destrozos de la crisis económica.

En un intento de síntesis son muchos analistas los que han definido ya a Ciudadanos como el Podemos de la derecha, en tanto puede convertirse en una alternativa al Partido Popular, que ha decepcionado a muchos de sus votantes, especialmente en materia económica, en talante y en su forma profundamente antipática de relacionarse con la opinión pública.

Si a esto se añade que Rivera, a pesar de ser el menos conocido de todos los líderes políticos (solo le conocen el 65% de los encuestados, frente al 92% de Rosa Díez) es el mejor valorado en una lista de siete líderes nacionales, que es el único que aprueba respecto a su actuación política y que es también el que menos rechazo produce en el electorado, habrá que concluir que estamos ante un fenómeno político nuevo, hasta el punto de que puede desplazar al PP y al PSC en las elecciones catalanas, según el último sondeo del Estudio de Opinión de la Generalitat, y convertirse en la tercera fuerza del Parlament, en un momento decisivo para el futuro de Cataluña, donde hay partidos que quieren proclamar la declaración unilateral de independencia tras las elecciones de septiembre.

Aunque el pp, con similar táctica que ha empleado contra Podemos, ha iniciado una campaña contra Ciudadanos, eso al final puede beneficiar a Rivera, que ha podido ver cómo su programa económico (en el que han trabajado Luis Garicano, uno de los economistas españoles de más prestigio, profesor y director de departamento en la London School of Economics y analista del Financial Times, y Manuel Conthe, expresidente de la CNMV y antiguo vicepresidente del Banco Mundial), presentado la semana pasada en Madrid, se ha convertido en todo un acontecimiento político y sobre todo mediático, con un eslogan que es un acierto: “El cambio sensato”. Tan sensato como sus propuestas “para devolver a España su futuro”.

Propuestas como el contrato único indefinido para todos los trabajadores, con indemnizaciones crecientes conforme a la antigüedad, el seguro contra el despido, con bonificación en las cotizaciones de la Seguridad Social a las empresas que despidan menos y un “complemento salarial anual garantizado” para los salarios bajos; un IVA máximo del 15%-16% y mínimo del 10%; una dación en pago que obliga al banco a aceptar en pago el inmueble al precio del mercado cuando se ejecuta la hipoteca; y nada de fondos para formación a sindicatos o patronales: directamente a los trabajadores, en cheques específicos. Se trata de promover “un modelo de crecimiento inclusivo basado en el conocimiento y la formación, en el esfuerzo y el mérito y que combine la flexibilidad para encajar en la economía mundial globalizada con la igualdad de oportunidades”.

Ciudadanos, un partido que se forma en 2006, ha querido diferenciarse desde el principio de los partidos tradicionales, conociendo el rechazo que producen en parte de la opinión pública. Y, precisamente por eso, han vendido cambio político, cambio generacional (Rivera es la primera cara nueva que surge antes de Pablo Iglesias, Pedro Sánchez o Alberto Garzón), cambio en el estilo de hacer política, e incluso, cambio en la forma de definirse políticamente: “Partido constitucionalista, demócrata y progresista”. Como Podemos, nada de derechas ni de izquierdas... aunque el votante sabe dónde situarlos a los dos en el plano ideológico.

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