Implosión o ruptura tras las primarias del PSOE
Susana Díaz sigue de favorita, pero Pedro Sánchez y los suyos también confían en la victoria. El día después, gane quien gane, será muy difícil para los socialistas, que temen que al final la disyuntiva sea implosión o ruptura.
Manuel Valls, francés nacido en Barcelona (1962), ex primer ministro socialista de la República Francesa, ha pronunciado el lacónico epitafio del Partido Socialista francés: “Está muerto”. En las filas del PSOE, en la recta final de las primarias, para muchos sonó como una sentencia, poco menos que inapelable. Los menos, sin embargo, quieren ver una oportunidad. Un exministro de José Luis Rodríguez Zapatero recuerda que, en 1981, la decisión de François Mitterrand –el fundador del PS que Valls da por liquidado– de nacionalizar banca y escorar muy a la izquierda la política económica, con resultados desastroso, fue muy útil como el ejemplo de lo que no había que hacer para Felipe González cuando llegó a La Moncloa en 1982. “Quizá ahora el ejemplo de Valls nos sirva como revulsivo”, concluye, aunque otro ministro de la misma época, quizá más fatalista, apunta que “los partidos también mueren”. Fue lo que le ocurrió, sin ir más lejos, al Partido Socialista italiano.
Susana Díaz sigue como favorita, pero cada día con menos margen. Pedro Sánchez, sobre todo tras la demostración de fuerza con sus avales, le pisa los talones y en sus filas hay una confianza absoluta en la victoria. Patxi López y los suyos se saben los terceros, pero siguen ahí y, sin duda, serán decisivos “el día después”. Esa es y ha sido su apuesta desde el primer día, y pueden tener bastantes opciones tanto con la presidenta andaluza como con el exsecretario general. Todavía más, para algunos, Patxi López, con Rodolfo Ares siempre detrás, puede ser la única opción viable para evitar tras las primarias, suceda lo que suceda, la implosión o la ruptura del PSOE.
“El día después”, en cualquier caso “será muy difícil”, coinciden miembros de las tres candidaturas. Los enfrentamientos –personales en muchos casos y especialmente el de Susana Díaz y Pedro Sánchez– han llegado muy lejos y no se habían visto nunca en el partido, ni en la época de las primarias que Josep Borrell, contra el aparato, le ganó a Joaquín Almunia. La victoria de la líder andaluza dejaría pendiente la cuestión de qué haría su principal adversario. Muchos de los partidarios de Susana Díaz creen que Sánchez podría provocar una escisión estilo La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon que, por cierto, es nieto de murciano. Algunos críticos con la presidenta andaluza, pero que tampoco están en la filas de su rival ni en las de Patxi López, creen que Sánchez no daría ese paso. Recuerdan que, por ejemplo, Pedro Sánchez lleva tantos años de militancia en el PSOE como Susana Díaz, que ha estado en los equipos de Zapatero y de Alfredo Pérez Rubalcaba y apostillan que “se ha chupado más reuniones en agrupaciones locales que el propio Felipe González en toda su vida”. Eso significaría que, a pesar de todo, Sánchez podría dudar antes de lanzarse a la aventura fuera de un partido que, a pesar de todo e incluso de haberse enfrentado a parte de sus dirigentes, conoce muy bien y sabe cuáles son sus recursos. En cualquier caso, el riesgo de ruptura está ahí y nadie lo oculta y el antídoto que podría utilizar Susana Díaz es lanzarse a la yugular de Pablo Iglesias, mientras intenta seducir a los votantes de Podemos, al mismo tiempo que procura acorralar al Gobierno, incluso con una versión 2.0 del “no es no, señor Rajoy”.
En el PSOE, para muchos la implosión –ruptura hacia adentro con estruendo–lleva la etiqueta de Pedro Sánchez, tras su hipotética victoria en las primarias. Como nuevo líder, estaría obligado a demostrar autoridad, lo que implica algún golpe de fuerza. Su gran objetivo sería la propia Susana Díaz, pero Sánchez la conoce demasiado bien como para saber que eso ahora sería imposible. Por eso, en los próximos congresos regionales del PSOE, entre el 24 y 28 de junio, se fijaría otras metas y, en ese caso, Ximo Puig y Javier Lambán estarían en su punto de mira. Continuarían como presidentes de la Generalitat valenciana y de la Diputación General de Aragón, pero tendrían problemas para permanecer al frente del partido en sus respectivas zonas. Sobre todo Puig, que tendría que vérselas en Valencia con José Luis Ávalos, alguien que apoya a Sánchez y que, como dicen en el partido, “tiene la habilidad de estar siempre en el lado vencedor”.
Pedro Sánchez, si vuelve a ser secretario general, intentará controlar el partido, le cueste lo que le cueste y, de ahí, quienes advierten del riesgo de implosión. Sánchez ya sabe cómo se hace. Removió, por la vía de urgencia y sin contemplaciones, a Tomás Gómez al frente del socialismo madrileño en febrero de 2015 cuando comprobó que se había puesto en marcha una operación
–la que concluyó en octubre pasado– para moverle la silla.
El día después, en caso de victoria, Pedro Sánchez tiene otra posibilidad. Consiste en un pacto con Patxi López, que incluya la oferta, por ejemplo, de presidir el PSOE, como hiciera Manuel Chaves en tiempos de Zapatero, y desde esa presidencia templar gaitas y empezar la pacificación del partido. Planes no muy diferentes debe barajar Susana Díaz para el tercer candidato en discordia, que puede ser la clave de bóveda de la reconstrucción interna del PSOE, siempre y cuando el ahora incierto resultado de las primarias lo permita y evite eso que tantos temen, incluso Rajoy, que las únicas opciones sean implosión o ruptura.


