Hay algo en marcha, pero es impredecible

01 / 09 / 2014 Jesús Rivasés
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Rajoy inicia el curso con el apoyo de Angela Merkel. Pedro Sánchez tiene que buscar una fórmula socialdemócrata viable e ilusionante, mientras en Cataluña, tras la no consulta, todo puede estancarse. 

Sir Max Hasting, autor de 1914, el año de la catástrofe, uno de los libros más amenos, sin faltar al rigor, sobre la I Guerra Mundial, cita al austríaco Carl von Lang quien, a principios de aquel año cuando ya se mascaba la tragedia, escribió que “se nota que hay algo en marcha; lo único impredecible es el calendario. Quizá veamos varios años más de paz, pero es igualmente posible que, de la noche a la mañana, estalle una agitación terrible”. Solo unos meses después, a principios de agosto, la locura se impuso, y Europa, en nombre sobre todo del nacionalismo, se lanzó con entusiasmo a una guerra que dejó millones de muertos como herencia trágica y el eslogan reconvertido en “¡Es la economía, estúpido!”. La batalla del Marne, de la que también estos días de septiembre se cumple su centenario, detuvo el avance alemán en Francia, estabilizó un frente de trincheras que iba desde Suiza hasta el Canal de la Mancha durante cuatro eternos años de sangre y dolor.

Cien años después, otra vez “hay algo en marcha” en el mundo, en Europa y en España, y “es impredecible” casi todo, no solo el calendario. No habrá una guerra mundial, pero es a lo que aspira el fantasmal califato del IS (Estado Islámico) asentado en zonas de Irak y Siria. Tampoco habrá guerra europea, pero nadie se atrevería a descartar que la situación en Ucrania no se convierta en un conflicto armado de larga duración. Hay en marcha, sin embargo, abundantes batallas políticas, algunas con calendarios muy precisos, pero resultados impredecibles. En Escocia, con el nacionalismo de protagonista, el día D es el 18 de septiembre. En Cataluña, también las fechas están muy programadas y van desde la Diada del 11 de septiembre, 11/9, al 9 de noviembre, 9/11, fecha de la consulta que no se va a celebrar. En resumen diez semanas, desde ahora, que viviremos no ya peligrosamente, como aquella película que protagonizaron Mel Gibson y Sigourney Weaver, sino intensamente. Después, lo impredecible.

En medio, los detalles fiscales del final del mito de Jordi Pujol, que puede llevarse por delante a Convergència, su propia criatura, el intento del PP de cambiar las ley electoral para los ayuntamientos y la estrategia de Pedro Sánchez para intentar la complicada recuperación del PSOE en un escenario muy diferente. Los primeros conflictos internos graves en UPD, el feudo personalista de Rosa Díez de UPD, los pasos iniciales de Podemos para convertirse en “casta”, a pesar de sus llamadas a la desobediencia civil, como Guanyem de Ada Colau, si no hay consulta en Cataluña, completan el paisaje de un nuevo curso en el que, además, debería empezar a consolidarse la recuperación económica, algo de lo que el Gobierno está convencido pero que, en cualquier caso, tendrán que empezar a notar los ciudadanos.

Mariano Rajoy, mas allá de incertidumbres, afronta el nuevo curso con el respaldo, que no es poco, de Angela Merkel, como pregona incluso el Financial Times. El presidente español se ha convertido, incluso contra bastantes pronósticos, en el alumno más aventajado de la canciller y puede salir airoso, mientras en Francia, Hollande no tiene más remedio que seguir la senda de la ortodoxia y una cierta -solo cierta- austeridad que, en España, Pedro Sánchez deberá observar y buscar una vía socialdemócrata exitosa y no populista, algo en la que casi todos sus correligionarios han fracasado hasta ahora, aunque todavía sigue pendiente de la incógnita de la fórmula del italiano Renzi, que anuncia más que hace. El líder del PSOE es la gran esperanza de los socialistas, pero tiene el dilema de cómo recuperar votos y apoyos al mismo tiempo por la izquierda y por el centro, porque por la senda radical populista -y él lo sabe- no tiene posibilidades.

Cataluña, Pujol incluido, es y será el gran asunto pendiente e impredecible, hasta cierto punto. Todos los protagonistas, sin exceptuar al líder de ERC Oriol Junqueras, saben que no puede haber ni habrá consulta el 9 de noviembre, por lo menos consulta legal. Tampoco ilegal, ni paralegal, ni tan siquiera una pantomima de votación. Las dudas, sin embargo, surgen con lo que pueda ocurrir al día siguiente de que esté claro que no habrá consulta, aunque tampoco puede descartarse que todo siga igual. Mejor dicho, todo, menos la situación de Artur Mas y Convergència, cuyo futuro se oscurece a medida que caen las hojas del calendario. Hay infinitas interpretaciones, pero avanza la idea de que a nadie le interesan unas elecciones anticipadas en Cataluña, por muy plebiscitarias que sean. No, desde luego, antes de las municipales. ERC puede retirar el apoyo a CiU, pero Mas podría seguir en el Gobierno.

Bastaría, por ejemplo, que los socialistas catalanes miraran hacia otro lado en algunos momentos o en último caso, también es posible un Govern sin apoyos y con los presupuestos prorrogados. Artur Mas ya ha lanzado su último órdago y unos comicios anticipados tras el fiasco de la no consulta, lo único que harían es ponerle en bandeja las cosas a ERC, que tampoco quiere ahora la responsabilidad de gobernar en Cataluña mientras el PP tenga mayoría absoluta. El desgaste de CiU, agudizado por el escándalo fiscal del expresident Pujol, juega a favor de Junqueras, que lo único que no tiene es prisa. Hace años, tras poco más de un mes de batallas crueles y sangrientas, todo se estancó -con masacres tan espantosas y absurdas como periódicas- durante cuatro años. Ahora todo es diferente y no hay sangre, pero también todo se puede estancar durante mucho tiempo, porque se “nota que hay algo en marcha” y quizá parte del calendario sea lo único no impredecible.

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