Goebbels y el falso mito del bipartidismo español

02 / 03 / 2015 Jesús Rivasés
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El Debate sobre el estado de la nación, con una decena larga de par-tidos en el Parlamento, inauguró la campaña electoral más larga, quedemasiados esperan que liquide toda una época política. Veremos. 

Alfonso Guerra lo explicó en la entrevista que concedió a este semanario y que se publicó a principios de este mismo año: “En España no ha habido nunca bipartidismo. A un Parlamento con quince partidos no puede acusársele de bipartidismo”. El último Debate sobre el estado de la nación, en un Congreso de los Diputados en el que ya no estaba Guerra como parlamentario, ha escenificado la confirmación de las palabras del histórico político. Mariano Rajoy y Pedro Sánchez concentraron la atención y, sobre todo, el morbo, pero tras ellos, y con su paso por la tribuna de oradores, Duran i Lleida (CIU), Rosa Díez (UPD), Alberto Garzón (IU), Aitor Esteban (PNV), Sabino Cuadra (Amaiur), Alfred Bosch (ERC), Olaia Fernández (BNG), Ana Oramas (Coalición Canaria), Joan Baldoví (Compromís) y susto de salud incluido, Álvarez Sostres (Foro Asturias), Carlos Salvador (UPN) y Uxúe Barcos (Geroa Bai), parecen demostrar que, como decía Guerra, de bipartidismo, nada de nada. Eso, sin hablar de partidos todavía extraparlamentarios, por muy buenas encuestas que tengan, como Podemos o Ciudadanos que, claro, aspiran a tener presencia en los futuros debates sobre el estado de la nación, y que se presentan, entre otras cosas, como revulsivo contra ese teórico y falso bipartidismo tan denostado por tantos, una idea que parece haber cuajado en parte de la sociedad. Lo explicó en su momento aquel gran manipulador que fue Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda de Hitler: “Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad”.

Con una decena larga de partidos representados en el Parlamento y al menos dos más con aspiraciones reales de ser parlamentarios en un futuro próximo, cualquier mención al bipartidismo español es, cuando menos, una exageración, un mito alimentado por aquellos a quienes hasta ahora no les gustaba que, a pesar de la sopa de siglas y de partidos, más del 80% de los españoles concentraran su voto en dos partidos, PP y PSOE, y que los Gobiernos de esos partidos, con sus luces y sus sombras, hayan dado a España el periodo más largo de prosperidad, bienestar y estabilidad de toda su historia. Es el logro y el éxito del falso bipartidismo presente en España desde 1977. El futuro multipartidismo que se anuncia en el horizonte, primero tendrá que pasar “de las musas al teatro” y, si lo consigue, porque lo que vale son los votos y no las encuestas, deberá afrontar la reválida de mantener esa prosperidad, bienestar y estabilidad y mejorarlas. Nada lo impide, pero nada garantiza que un país gobernado por una muy compleja coalición de media docena de partidos funcione mejor que los que, como hasta ahora España, han estado y están regidos por uno o dos partidos. Sobran ejemplos, desde Estados Unidos a Australia, con el Reino Unido y Alemania por en medio.

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez cumplieron con su papel y, como punto de partida del más largo año electoral de la historia reciente, se enzarzaron  en el Debate sobre el estado de la nación, un debate que, en este formato, no es frecuente en otros parlamentos. El resultado fue el esperado. Los partidarios de Rajoy, mas allá de su descontento con el líder, que existe y está ahí, vieron vencedor al presidente del Gobierno. Los seguidores de Pedro Sánchez no tienen ninguna duda, el nuevo secretario general del PSOE, en su estreno en estas lides, triunfó con claridad sobre el jefe del PP. Los incondicionales de cada uno de los otros partidos parlamentarios –¿quién insiste en el bipartidismo?–, más allá de descalificar a Rajoy y Sánchez, barren para su propia casa. Al fin y al cabo, en el Congreso, cada orador habla para su público. Y también fuera del Congreso, porque en una especie de más difícil todavía, Pablo Iglesias, que, claro, sigue sin renegar de Juan Carlos Monedero, quizá porque no lo pueda hacer, se organiza su propio debate sobre el estado de la nación, con sus propias reglas y sus propios invitados y para su propia gente, fuera del Parlamento. Un debate, por supuesto, en el que el triunfador fue él, faltaría más y que no dudaría en despreciar si ya estuviera en un escaño en el Congreso.

El Debate sobre el estado de la nación de febrero de 2015 ya es historia. Para el futuro quedará como el debate en el que Pedro Sánchez demostró que, aunque no lo tenga fácil, sí puede ser un verdadero líder para el PSOE y en el que el diputado Joan Baldoví sufrió un desvanecimiento en la tribuna de los oradores que obligó a Celia Villalobos, presidenta entonces en funciones del Congreso, tuviera que suspender la sesión para que fuera atendido. Poco más, salvo que, efectivamente, fue también algo así como el pistoletazo de salida de una campaña electoral ininterrumpida que continuará hasta que se celebren las elecciones generales a finales de este mismo año. Esos comicios serán los quintos en un mismo ejercicio, lo que puede constituir un auténtico récord mundial de votación continuada y que muchos esperan que certifiquen la defunción de ese denostado bipartidismo que, sin embargo, es mucho más mito que realidad. Eso sí, como también explicó Alfonso Guerra en estas páginas: “Hay muchos enfadados porque la gente vota a tal o cual partido. Oiga, votan a quien quieren y punto. Y si los españoles quieren votar mayoritariamente a dos partidos no hacen otra cosa que ejercer su libertad”. Por otra parte, quienes denostan el bipartidismo, dentro y fuera del actual Parlamento, también aspiran a un bipartidismo en el que ellos sean el eje central. En cualquier caso, los ciudadanos decidirán y se pueden equivocar pero sobre todo son soberanos y a veces incluso distinguen que una mentira es una mentira aunque un moderno Goebbels la haga repetir mil veces.

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