El final de la conspiración

04 / 01 / 2008 0:00 Jesús Rivasés
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La Justicia, con mayúsculas y también con independencia, ha hecho su trabajo. Los responsables de la masacre del 11-M de 2004 están juzgados y condenados.

España padeció el más grave y sangriento atentado de terrorismo islamista de toda Europa. España, en pocos días, logró identificar y detener a los principales responsables de la matanza. Tres años y medio después, con todas las garantías procesales y democráticas, están condenados. Pocos países pueden ofrecer ejemplos similares. La sentencia dictada por el tribunal integrado por los jueces Javier Gómez Bermúdez, Alfonso Guevara y Fernando García Nicolás, además de ser unánime, derrumba la teoría de la conspiración, por la que algunos intentaron buscar conexiones entre la matanza y ETA.

Si en los primeros momentos tras el 11-M el fantasma etarra planeó sobre la masacre, muy pronto –y más allá de los errores evidentes de gestión de la crisis del entonces Gobierno de José María Aznar– se abrió paso la certeza de la autoría islamista de aquella barbarie sangrienta. El PP, con Mariano Rajoy a la cabeza, pagó con celeridad sus responsabilidades políticas, porque tres días después, el 14-M, los españoles, en las urnas, dieron la mayoría a los socialistas que lideraba José Luis Rodríguez Zapatero. El castigo, pues, fue tan inmediato como contundente. Ahora, la Justicia, con una rapidez encomiable para lo que son algunos tempos jurídicos, acaba de zanjar con una sentencia elocuente las pocas dudas que pudieran existir. Los responsables de la matanza son los 21 condenados a fuertes penas y algunos de los suicidas de Leganés –días después del 11-M–, al margen de sus colaboradores más o menos directos, y todos ellos relacionados con ambientes islamistas o con la pequeña delincuencia, y con la relativa sorpresa de la absolución de El Egipcio. Quizá hayan quedado detalles por esclarecer –casi siempre ocurre– pero la contundencia de los hechos probados que recoge el fallo es definitiva.

La claridad con la que la sentencia descarta cualquier relación de ETA con el atentado o con sus responsables debería poner también punto final a un debate que nunca debió ir más allá de los primeros días, en los que bastantes pudieron tener dudas razonables. Ahora, quienes durante años enarbolaron la bandera de la teoría conspiratoria –demolida de forma espectacular y punto por punto por la sentencia– estarían obligados a ir algo más allá de un mea culpa de compromiso.

La sentencia de los jueces Bermúdez, Guevara y García Nicolás señala un punto y aparte en el caso del 11-M, porque para algunas víctimas nunca habrá un punto final, aunque muchas de ellas hace tiempo que encaran con valentía el futuro, sin mirar atrás. “Yo fui una víctima pero ya no lo soy” es la frase que Menchu Bernal, asistente social de la Oficina de Apoyo a las Víctimas, dependiente del Ministerio del Interior, ha escuchado una y otra vez entre los supervivientes de los trenes, como describe en estas páginas Alejandrina Gómez. El fallo del tribunal tendrá consecuencias políticas. El acatamiento de la sentencia será unánime por parte de todos los partidos políticos, aunque cada uno haga la interpretación que más le convenga. Siempre hay margen para las opiniones, que es lo que temen en La Moncloa. Después, tampoco se puede descartar que el 11-M, ya juzgado, reaparezca en la próxima campaña electoral. En el PP, la mayoría de los populares quiere pasar esta página cuanto antes. Sus adversarios políticos, no sólo los socialistas, eludirán utilizar el asunto de forma explícita. Sin embargo, el recuerdo del 11-M y la constatación de que ETA no participó son bazas que están ahí, aunque se utilicen de forma subliminal. Es inevitable.

Por último, la sentencia del 11-M ya ha hecho historia. No puede dar marcha atrás al reloj y evitar la masacre, pero ha hecho justicia. Es un paso adelante y un punto de partida para intentar impedir que algo similar vuelva a repetirse. La historia, sin embargo, continúa, y con vértigo. Sólo horas después de la lectura de la sentencia, el presidente Zapatero compareció en el Congreso de los Diputados para explicar el caos ferroviario en las inmediaciones de Barcelona y procurar salvar el socavón político en que se ha convertido el AVE en la Ciudad Condal, casi al mismo tiempo que el desbocamiento de la inflación anuncia nubarrones económicos en el horizonte, como sabe Solbes. Ahí es donde se encuentran más cómodos los populares, deseosos de olvidar el 11-M, mientras que Zapatero y los socialistas, que incluso deseaban más contundencia, destacan la importancia de la sentencia y el fin de la conspiración.

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