Tamara no descarta amor con el peque de Carmen Tello

08 / 07 / 2014 Jesús Mariñas
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La hija de Isabel Preysler y el marqués de Griñón parece tener algo más que una amistad con Enrique Solís, aunque asegura que solo son “buenos amigos”. 

Parece algo más que afinidad simpática y dan que hablar provocando suspiros. Aunque Tamarita aseguró despistando que solo son “buenos amigos”, el rumor se dispara mientras se afianza la relación. Ya parece sólida, firme y prometedora aunque van piano, piano muy al antiguo estilo cortejador que encaja con su carácter distanciado del “aquí te pillo”. Les pueden las buenas maneras compartidas, en eso andan igualados, como en esmerada educación, modales suaves, prosapia y serenidad. Incluso tienen buen rollo y relación con los padres respectivos. Tamarita tiene buena relación con Carmen  Tello y anticipadamente, quizá precipitando acontecimientos y citas acorde con lo mandado por el rendido corazón, ya concretan disfrutar juntos la aún lejana Semana Santa. Pero no descuidan el día a día, que nuevamente los ha llevado a Londres con la troupe Porcelanosa, Manuel  Colonques bendice este enamoramiento progresivo iniciado hace un año con flechazo en un encuentro inglés benéfico-comercial con el príncipe Carlos que no tendrá la suerte de nuestro don Felipe  de  Borbón. Isabel  II no suelta la corona pese a sus 86 años.

No pudo resultar más romántico, Tamara lo sublima todo, fiel a su carácter naif. Kike le describió cómo es de piadosa aunque festiva la religiosidad sevillana, y Tamara se pirra por sentirla en sus propias carnes. “No sé si algún día Kike será fundamental en mi vida”, le oyeron reconocer a Tamara días atrás en este viaje británico, tomando buena nota del aire lánguido con que lo soltó seguido de un suspiro ilusionado. Eso es el amor, sí señor. La diferencia de años -24 él, ella cumplirá 33 el próximo noviembre- no parece impedimento, de ahí que concentren miradas ahora en el pequeño, pero tan altísimo, de Carmen Tello, único soltero de los cuatro hermanos, que ya proyecta otro hotel en Sevilla en un palacete familiar.

Dúo encandilador por su charme, simpatía y genéticas buenas maneras aprendidas de Isabel y Griñón –que adora a esta niña, nada que ver con la tan emprendedora nacida del primer matrimonio con Jeanine  Giraud, en tiempos competencia de Nati  Abascal cuando esta salió despavorida del ducado de Feria y tropezó con Ramón  Mendoza, presi del Real Madrid. La embromó como a Jeanine que, pese a llevar 20 años liada con él, no consiguió hacerlo su marido. Era experto en prometer y no dar, Nati no le sacó nunca el prometido y bien ganado piso–.

Estrategia irreal.

Madrid se encandila romántica ante lo por venir, acaso desencantada comprobando que Gloria  Camila no es lo angelical que parecía. Nos engañó con el aspecto modoso, prudente, reservado y discreto, aparentemente tan opuesto a la lenguaraz Chabelita. La prohijada por Rocío le había ganado terreno y partidarios con el aire compungido, que ahora se descubre que es maquinado, de mosquita muerta. Solo ficción, montaje, estrategia irreal como ha podido verse tras la refriega callejera y nocturna –bueno, eran las del alba– arreando bolsazos y tirándole del pelo a una colega de botellón tan desmadrada como ella, que, en raro equilibrio, zumbó a la otra sin soltar el cigarrillo. Tal riña no solo reveló la contundencia de sus mamporros, también hizo ver la cortedad por la entrepierna incitante y peligrosa del mini short rosa. Imagen por los suelos que aumenta las desgracias familiares, como si fueran pocas: Ortega  Cano en prisión; José  Fernando dejado de la mano de Dios, sin nadie que pueda  rehabilitarlo tras intentarlo cuatro veces; la familia deshecha; Amador  Mohedano enredándose con cualquiera, y Rosa  Benito ya sin crédito alguno en sus lacrimógenas apariciones televisivas, cada vez más confusas y desacreditadoras. Una debacle, la santa memoria –afectada hasta en su grandeza profesional, así se cargan un mito– de Rocío no se merece tal escarnio continuado del que todos sacan provecho menos Rocío  Carrasco, que, intuyendo el pastel, supo alejarse de tan siniestra panda familiar.

Es un poco, más bien un mucho, el punto y aparte marcado por Chabelita, otra que tal baila, monta, planifica y trinca mientras la Pantoja se salva de prisión por los pelos, y no será que en ella no abunden. Son milagros andaluces que es tierra de María Santísima. La niña es un rencoroso cerebrito impulsador del sorpresa-sorpresa lanzando en plató al padre de su hijo, Alberto  Isla. Fue una aburrida, densa, tonta, inexplicable hora y media de entrevista, donde las entrevistadoras exhaustas “no pudieron hablar”. Aunque tampoco lo intentaron, rendidas e impotentes por la inalcanzable impasibilidad cateta y paleta del mosito, que parecía  apolillada reencarnación del estirado Máximo  Valverde. Vistió como una especie de caricatura de señorito andaluz –pretensiones no le faltan– en manera rancia, impropia para posición social y edad: blazer azul marino del mejor estilo ferial, camisa rosa, corbata de lunares y apretao vaquero blanco, tal parecía el ex de Falete, aquella  ambigua sirenita de pelo ensortijado. No dijo nada en ese diálogo para besugos.

Pocas revelaciones.

No supo ser irónico, reír de su situación de adosado mantenido y la única revelación en casi dos horas fue descubrirnos: “Me enteré del embarazo por mi cuñado Kiko  Rivera”. Isa, es como llama a su novia, otra novedad, nada del usado Isabel 2, ni Chabelita, me lo había escondido. “No fue un niño deseado ni buscado, fallaron nuestros métodos anticonceptivos”. No precisó por corto qué usaron, únicamente se volcó en exaltar a Isabel Pantoja, con la que no se hablaba. Ni se refirió a Cantora como cárcel de oro, tal definió Chabelita cuando salió huyendo: “Madre e hija no pueden estar separadas porque se adoran”, y ahí acabó todo sin que nadie investigara si vivían de repetida publicidad y teles en una operación considerada absurda para enriquecerse y quemarse pronto en plan ninot. Aspira a convertirse “en hostelero”, harto de servir mesas sin concretar si su futuro será hotel o restaurante, Dios lo proteja. Nada concretó y dio una imagen inculta, torpe, inexpresiva y bobalicona sonriendo con unas encías similares a las de su pareja. Ahora se entiende por qué Pantoja pedía “dientes, dientes”. Al dúo no le faltan, andan sobrados.

Como también le sobra el glamour a esta otra pareja, Hollywood en estado puro: Paz  Vega, ya sin los anticuados tirabuzones con que descolocó en el reciente festival de Taormina, hizo tándem con Georgia  Jagger, la pequeña del viejo rockero que, curiosamente –el destino se divierte– coincidió sin verla en estancia madrileña. La rubia heredera evitó al eterno padre que en el Bernabéu enardeció a 54.000 fans. Así evitó evocar la trágica muerte de su pareja. Impuso el “no comment” y tras cumplir compromiso profesional y beber –literalmente, así fue tapeando incansable y curiosa gastronómicamente– salió pitando a la mañana siguiente. Rodeada de famosillos locales como Bimba  Bosé, admirablemente inasequible al mal, y el guaperas Martín Rivas, que sostiene reparador romance con Ana  de  Armas tras dejar ella al barcelonés Marc  Clotet. Niños de papá que van por libre como americanizados retoños del novelista coruñés Martín  Rivas y del genio antisida profesor Buenaventura  Clotet, que en Barcelona organiza magno beneficio contra la pandemia.

Georgia es más rubia, redonda, menudita, fotogénica y expresiva que su hermana Jade, que ya está empadronada en Ibiza, donde crea joyas. Amadrinó tienda multimarca para gafas con Paz Vega no sé sabe si cayendo de Italia o Ibiza. Fue imprecisa y solo confió que estrena rejuvenecedor peinado diferente al antiguo y folclórico melenón de su Carmen o el largo y agobiante trenzado mafioso del festival italiano. Exultaba satisfecha: “No ha sido fácil dar con este pelo recortado. Tuve que ir hasta a cuatro peluqueros porque no lo conseguían. Finalmente resultó perfecto y muy de verano”. Paz aseguró que no disfrutará de vacaciones “porque hay cuatro películas a estrenar”. “Los niños –tres– estarán en la playa con los abuelos mientras nosotros vamos y venimos. Ahora no puedo pensar en más hijos”, informó. Está satisfecha de cómo fugazmente reencarnó a María  Callas en el bodrio fílmico sobre Grace  Kelly.

Es película que cabreó en el rosado Principado porque distorsiona la realidad. Aunque menos complaciente fue la real o principesca vida llena de rumores que llamaban a la actriz “robamaridos”, y así lo airea Robert  Lacey en el libro biográfico realmente desmitificador.

Gala homenaje.

Plácido  Domingo, con ya 72 años, vivió entusiasmo madrileño casi adiós a la bohemia lírica. Y no faltó nadie salvo el ministro de Cultura, que ha hecho costumbre su incomparecencia. Dueño de históricos silencios, reaparecía Rafael  Spottorno, ya sin la pesada carga de jefe de la Casa Real. Con su exquisita María  Pía se le vio aligerado y doliente como tantos otros que lloramos a don Juan  Carlos. Fue ante Rafa  Ansón y Juan  Luis  Cebrián, sentado en última fila. Habló con Ana  Botella, unida a Inés  Oriol, hasta hace poco casera de Tamara Falcó, a quien alquiló la parisiense buhardilla del Madrid de los Austrias que en realidad es el de los Borbones, trasera al Teatro de la Ópera. Sigue desocupada “porque no están los tiempos para gastar o arriesgarse con cualquiera”. “Añoramos a Tamara, es un encanto de niña”, reconoció ante la alcaldesa Botella con llamativos pantalones de lentejuelas negras estampadas con cigüeñas rosas, que ante Ruiz-Gallardón con Mar   Utrera y los marqueses  de  Isasi, parecía atrevidamente revestida para el cercano Día del Orgullo Gay. Manifestación que deja 30 millones de gastos extras y que, absurda y nuevamente, desplazan de Gran Vía mientras el municipio barcelonés y la Generalitat, más inteligentes y liberales, patrocinan el abarrotador Pride de la Ciudad Condal, de resonancia mundial. Distintos enfoques unidos en exaltar la nada mermada longevidad de Plácido ya equiparable a la de Lauro  Volpi, que marcó récord de permanencia en los tenores. Sus ecos líricos resonaron en las afueras del recuperado Hipódromo, escenario de premios estivales, casi pasarela admiradora: lo mismo reconocieron la belleza y el coraje de Stefanía  Fernández, miss Universo 2009, venezolana que tras el título se enfrentó al chavismo, que el adelgazamiento de Marina  Danko, el azul Klein de Rossy  de  Palma, el llamativo escotazo triangular de Arancha  del  Sol, exceso que hasta tenía enmarcado reborde blanco, la semejanza creciente de Sara  Vega con su hermana Paz y el empaque sobre falda alunarada de Fabiola  Martínez, ya con Bertín residente en nueva finca de Ciudad Real, desde donde cada día llevan a Kike a rehabilitación.

No de trapos sino de opresión, pelea y carencias comentó con su hermosa paisana Stefanía, de más balconazo pectoral. Las admiraron desde Lomba, con pajarita blanca, a Ana  Turpín y una acorralada Marisa  Jara. También asistieron a la entrega de premios de la moda la actriz Macarena  Gómez, con falda emplumada y que estrenó new look peluqueril menos draculino; Natalia  Verbeke, que fue fiel a su bluson noir de motera; Juncal, de corto; Remedios  Cervantes, que resultó irreconocible; Paloma  Lago, enmoñada como no suele; Carmen  Lomana, sobre siete volantes excesivamente juveniles para su sesentena larga; una relanzada Mónica  Hoyos, a ver si recupera el tiempo perdido, y Amalia  Bono, que exhibió hombro fresa arrepollado mientras Cósima  Ramírez combinó corazones y luna menguante cual dando un parte meteorológico como otros lo hacemos de inclemencias o bonanzas amorosas, tal el quizá lejano honey moon de Tamarita y Kike.

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