Richard Gere proyecta mejorar su cara en España

29 / 12 / 2015 Jesús Mariñas
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El actor americano, enamorado de la española Alejandra Silva, pretende hacerse un tratamiento de belleza con la esteticista Maribel Yébenes, por cuyo centro pasan muchos rostros conocidos de nuestro país

Maribel Yébenes con su hija, Myriam, y Richard Gere

“Nos vemos a la vuelta”, concretó el astro hollywoodiense tan españolizado oficial. “Sí, tienes que vitaminarte para recuperar tu luminosidad facial. Te cuidas poco, muy poco”, le aconsejó Maribel Yébenes. “Prometido, nos vemos a la vuelta”.

Tal anuncio semeja anticipado regalo de Reyes, igual que la reaparición y resurrección social de Mario Conde, todavía con muy fina estampa, Pepe Hidalgo o Eduardo Serra. Resurgieron a los cantos de sus amigos Los del Río. Cumplen medio siglo juntos y los celebran repasando cincuenta años de canciones.

Revival por Los del Río con mucha nostalgia entonada con el aire retro del Teatro Reina Victoria, que Enrique Cornejo evita modernizar como Pedro Larrañaga hizo con el Maravillas cargándose su arquitectura art déco que tantos aplausos recogió para Celia Gámez. El ayuntamiento es despreocupado cuidando ese patrimonio mimado por Londres, París y Nueva York donde cuidan teatros de hace dos siglos como el vigente Winter Garden de Broadway, donde doña Concha Piquer debutó tutelada por el maestro Penella.

Años eufóricos. Ante eso, Conde comentaba apenado cómo para cobijar un hotel han destripado dejándolo al aire el monumental interior alfonsino del Banco Central, que fue su dominador Palacio de Oriente. Verdadero revival social y empresarial de la beatiful people, años eufóricos en que el para muchos trepador banquero gallego veía al rey Juan Carlos cuando quería y pagó la Clínica Universitaria de Navarra donde penó el conde de Barcelona. También, aunque gallego pero agitanado en todo, no se perdía un Rocío y hasta montó tablao flamenco dirigido sin mucho ángel por Pablo Núñez. Fue “lo más” en el Madrid de los año 90. Entonces concentró a los vips capitalinos arrumbando locales añejos de solera como el Corral de la Morería donde aún hoy Blanca del Rey mantiene casta enarbolando el mantón de Manila con un estilo y brío que pasma a rusos y japoneses, sus principales clientes.

Uno a uno, goteando, llegaron al teatro de la celebración o el reencuentro. Besos, abrazos, aparente efusión navideña y muy merecidas felicitaciones al dueño de Air Europa por el homenaje que acaba de recibir en el Plaza neoyorquino, al ladito de Broadway tan atestado para el 31 de enero. El dueño de Viajes Halcón empezó alquilando taxis de Suiza a España –otro Amancio Ortega de la nada–, fue reconocido como no lo hace España y el aún ministro Soria deja deudas en su marcha triunfal. Batió récord de torpezas que los canarios no le perdonan, mejor lo hizo como presidente insular. Hidalgo fue el único que, en tiempos de relaciones difíciles con el Gobierno castrista, mantuvo la línea Madrid-La Habana contra viento, marea y zancadillas, mientras la oficialista Iberia no peleó aquel mercado tan nuestro y españolísimo. Entre canción y canción sobresaliendo el ya himno “Sevilla tiene un color especial” y recordamos el calor insoportable, cuánto sudamos, de aquella Expo ruinosa que solo dejó pérdidas y la benéfica herencia del AVE. Clamo en el desierto porque alguien pida auditorías de cuánto costó Azabache o el auditorio hoy llamado de Rocío Jurado.

La pone buena Concha Márquez en estas memorias dobles donde contrapunta anécdotas maternas con las suyas. Algunas animadas a ritmo de fandangos de Huelva que la Jurado bordaba. Doña Concha no se atrevió con ellos, más dramática. Tamarita Falcó, en enorme y amplio chaquetón de corderillo gris acompañando a su tío el marqués de Cubas desorbitó sus ojazos alucinada por cuánto se exhumó: desde que doña Concha nunca fue amante del cuñadísimo de Franco, Serrano Suñer, honor que sí tuvo la elegante marquesa de Llanzol a quien Balenciaga celestineó por amistad cediéndoles su salón.

Parentesco. Lo cuenta su hija Sonsoles, de lo poco realmente chic que sobrevive. La madre de Carmen Díez de Rivera casi hizo de su largo desliz una tragedia griega al aire de Antígona, nuevo éxito de Aitana Sánchez-Gijón. Carmen, luego mano derecha y aún más de Adolfo Suárez, se enamoró de su hermanastro desconociendo el parentesco y, al preparar boda, les contaron lo que había: la traición matrimonial y su relación. Carmen quedó descolocada, incluso tan fría como su padre del que heredó los azules ojos gélidos. Impactada y dolorida, nunca se repuso y marchó de voluntariado a África. El drama real dio para una comedia de Emilio Romero titulada Solo el cielo puede juzgarme. La hizo el Vicente Parra famoso por su Alfonso XII y fue pateada y repudiada en su estreno al considerarla una “intromisión en la intimidad” no castigada por el franquismo más permisivo que los que vinieron luego.

Eduardo Serra, algo más lleno, fue el último en aparecer contando su último disfrute gastronómico en Casa García, la mejor mesa española de Asilah (Tánger), donde volverá a primeros de año. Coincidió con el desespero del marqués de Cubas esperando a su sobrina, ya icono predilecto de los prensa del cuore mientras su hermanastra Ana mantiene el gesto distanciador. “Sí, en Navidad estaremos todos juntos con mami y Mario y luego nos vamos a la casa miamera de mi hermano Enrique. Ya es tradición dar las campanadas allí”, adelantó Tamara repasando con ojazos pasmados los visones –caramelo y granate– de María Rosa y Marily Coll, también relanzándose. Superando modas, las pieles traían aire de otros tiempos, las que hoy crea Nelsy Chelala son mucho más juveniles y atrevidas en sus contrastes de morado y azul, por ejemplo. Encandilan a las más jóvenes, como las canciones de Los del Río, que ya son intemporales.

Lo certificó Lucio proclamado “mejor restaurador madrileño” y firme en mantener la cocina tradicional de callos, fabada, merluza a la romana y los huevos estrellados que le dieron fama. Repudia lo sofisticado. “No sé estar un día sin estar en mis locales”, tiene tres en la Cava Baja que Carmena pretende cerrar cargándose una veintena de locales del buen yantar, suspiró ante la platinada Marian y Agustín González, del hotel Ercilla bilbaíno que en cada Semana Grande supera en famoseo hasta a su retorcida Gran Vía. Nunca faltan con toreo y ganaderías el Niño de la Capea y su esposa Carmen que dividen fiestas entre Salamanca y Extremadura. Los del Río viven dándole al ritmo como Pedro Trapote y su incomparable y cálida Begoña siempre bien vestida, quizá su cuñado Felipe González viaje de campanillas y campanadas a Punta Cana con Mar García-Vaquero, que además de esposa es ayuda imprescindible. Vi revivir a Pepe, el Polaco, y el dueño del sevillano Puerta Grande donde Cayetana tanto comió con Carmen Tello pagando a escote unos 40 por señora que la duquesa abonaba en cash sin entender de tarjetas, como Richard Gere, poco señorial y dadivoso, impone a la panda de Alejandra Silva cuando se van de cena a El Cuenco de Pepa, El Paraguas que tanto gustaba a Sabino Fernández- Campos o el Tintín donde Naty Abascal tiene mesa puesta según quien la convide, antes de acomodarse en su palacete sevillano, donde con el turrón tragará sapos con su nuera Laura Vecino, que no aprendió de ella a escoger estilismos. Nuria y Yolanda González que estrenaban stilettos Dior en piel beis sobre pantalón blanco, vieron el aire despechugado de Arturo Fernández y elogiaron el último –bueno, ojalá penúltimo– esfuerzo de Ortega Cano para rescatar a José Fernando de sus adicciones.

Una recuperación fallida. “José lleva gastado medio millón, 350.000 euros en Sevilla y el resto al internarlo en Huelva. Pero el crío se rebela contra todo y todos, lo tiene desesperado y hasta Pepito el Marismeño –que vuelve a cantar– tiró la toalla rehabilitadora de quien supera en mucho los desplantes de Kiko Rivera ante su nueva paternidad”.

El parto coincidió con el permiso navideño previo a la libertad condicional de Isabel Pantoja, estamos de aleluya como descubriendo que Juncal Rivero es adicta con Esperanza Aguirre y Gema Ruíz Cuadrado a la subasta benéfica de capones de Cascajares; que Paula Echevarría despide año más guapa de cómo lo empezó, igual que Samantha Vallejo-Nájera, lo mejor del trío de MasterChef. Berta Collado sueña con que los Reyes le traigan un papelón porque soñar no cuesta dinero. Cary Lapique y Goyanes recordaban que Los del Río hace 40 años cantaron la Salve rociera en su boda tras él fracasar con Marisol –otra bonita historia– y con Carla buscan mantener el bronce ganado en el caribeño Santa Bart tan carísimo, y María y Paco León van a trabajar juntos sin su madre, aunque no hay más que una. Bien lo sabe la Márquez Piquer, cuyo revival reservo para empezar el año dando caña.

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