Isabel Preysler aún no piensa en otro matrimonio
Con un sorprendente cambio de actitud, habitual-mente hierática, la viuda de Boyer no esquiva el tema sobre el, según ella, inventado romance.
Va a la búsqueda del tiempo perdido. Sedujo como suele, y ahí quedan los matrimonios con Julio Iglesias –al que dejó por teléfono mientras él cantaba en Buenos Aires–, el menos duradero y sentimentalmente revanchista con el marqués de Griñón, del que nació la increíble Tamarita, y los últimos 27 años felizmente acomodada con Miguel Boyer, que dejó de ser ministro socialista de Felipe González “por el amor de una mujer”. Hizo realidad la canción de su ex al que, tras abandonarlo, sirvió de gimiente inspiración. Isabel se mostró encantadora. En una tarde mostró, expuso y se expresó como no lo había hecho en los 45 años que lleva con nosotros. Asombró con un saber estar que por timidez –¡increíble!– o pasotismo nunca prodigó. Pero echó el resto presentando tres cremas con su nombre que aportan regeneración, luminosidad y además revitalizan ojos y labios. Todo un pack que venderán en farmacia y no costará más de 40 euros. Es resultado de una vida dedicada a la imagen –la suya– envuelta en leyendas de embrujo, seducción y casi misterio. Lo conservó y acrecentó durante décadas y al amadrinar el primer producto que lleva su nombre lo envolvió en simpatía siempre contenida. Domina la situación en auténtico embeleco hasta el punto de que, como al día siguiente cumplía 64 años, los casi cien periodistas, emocionados y agradecidos, tal Lina Morgan le cantamos a coro el “cumpleaños feliz” que la hizo lagrimear. Nuestro colectivo entusiasmo hizo historia. No se había visto entrega parecida generada por su sorprendente cambio de actitud, habitualmente hierática, mostrando intimidad en pirueta casi mortal. No rehuyó, esquivó o evitó tema. Lo mismo el probable y difundido y según ella “inventado” romance tal nuevo trofeo de caza con el soso y nada atractivo presidente del Real Madrid o la situación amorosa de sus hijas Tamara y Ana.
Son la portada nuestra –bueno, suya– de cada día. Enseguida entró al trapo en gesto, sinceridad o maniobra desconcertante: “No creo que Ana y Fernando se casen este año. Están a tope de trabajo y solo piensan en sus carreras. Ana fue quien me animó a sacar las cremas para distraerme de lo de Miguel. Incluso se ofreció para montar la empresa y su papeleo, algo que yo no sabría hacer. Está muy dotada para los negocios y en eso, bueno, en casi todo, se parece a su padre como Tamara al suyo. Salieron a ellos”
“¿Ve más claro lo de Tamara y Kike Solís?”, hijo pequeño de Carmen Tello –que sigue inconsolable, llora que llora por Cayetana– y del marqués de la Motilla.
Los amores de Tamara.
“Ella dice que solo son amigos. ¿Sabe usted algo más?”. “A Tamarita la veo ilusionada y enamoradita”.
“Pues qué bien”, observó volviendo al bautismo profesional aún a media tarde bajo un nada estirado esmoquin blanquinegro de Escada y los rutilantes brillantes en orejas y dedos del barcelonés Rabat. Fue adorno complemento a resaltar no por el brillo chispeante de las piedras sino porque durante años Isabel fue imagen sobre todo perlífera de un Suárez como opacado por las rutilantes piedras del competidor catalán. Sonó a golpe bajo acaso desestabilizador de relaciones y apoyo bien pagado, su imagen vale más que mil palabras.
“Intervine directamente en la composición, tengo la experiencia de haber probado todas las cremas del mundo que solían regalarme. Insistí en que tuviera argán de primera clase”. Es un aceite milagroso descubierto por Pierre Fabre para Avene en el sur de Marruecos, cerca de la Essaouira donde montó campamento Jimmy Hendrix. Fabre lo investigó tras descubrir que las cabras trepaban a unos arbustos y comían su fruto de pequeñas bayas negras como aceitunas, me detalla Antonio Cano, hasta hace poco su director general en España.
“También pedí que lo aromatizasen con peonía, que es una fragancia que me encanta. Pedí consejos profesionales a Mashumeh y a Maribel Yébenes, que siempre cuidan de mi cuerpo con crema de caviar y con masajes. Ellos me ayudaron muchísimo. Nunca les agradeceré lo bastante su generosidad conmigo. Pensábamos lanzar la línea hace ya meses pero lo retrasamos por lo de Miguel y desde hace un año venimos usándolas yo y mis hijas. Lo hemos cuidado todo, desde las fórmulas hasta el logotipo. Expongo mi dinero, pero eso es lo que menos me preocupa. También se juega mi nombre, y eso sí que me importa”.
“Pues dicen que tiene problemas económicos, la ven cargada de deudas y que proyecta vender su casa”, soltaron a mis espaldas. No se inmutó ante el súbito chorreo.
“¿Qué tengo qué?”.
“Problemas económicos”.
“¿Y eso quién lo dice?”, no salía del asombro. Desorbitó ojazos. “Algún confidencial”.
“Pues qué bien, ni me había enterado de mi precariedad. No, no, no pienso vender la casa para irme a un piso. Estoy muy bien ahí y todo sigue tal cual estaba con Miguel. No he movido un libro ni su ropa”. Cuando estrenó su casa el cáustico Alfonso Ussía la bautizó como “villa meona” por sus muchos baños y aseos.
“No sobra nada y a veces hasta se queda pequeña. Se instalan mi madre, una prima, incluso una amiga que acaba de separarse. Ahora mami no está pero ha vuelto Tamara, que fue mi gran apoyo cuando lo de Miguel. Reconoció que se encontraba muy sola en su ático del Retiro. ‘Pues vuelve’, la animé. Y lo ha hecho. Está encantada y dice: ‘¡Mami, qué bien se vive aquí!’. Eso me llena de orgullo, como cuando Enrique vuelve pese a estar en un hotel. O con Julio José, que lo anima todo. Estas navidades, por lo de Miguel, nos fuimos todos a Miami y vivimos con Enrique la primera parte de la estancia. Lo veo entregado a su carrera, es todo un triunfador. Pero como madre me apena que pierda muchas cosas de la vida que podría disfrutar con su edad, éxito y juventud. Él me asegura que es feliz y lo veo encantado, sobre todo por su estupenda relación con Anna Kournikova. Él viaja mucho y eso es malo para convivir”.
“Usted lo padeció con Julio, y de ahí el: ‘Ahí te quedas’, animada por su entonces vecina Carmen Martínez-Bordiú que sabía de la vida más que usted”.
“Enrique mantiene la ilusión . Pero me preocupa que se olvide de vivir”.
“Ya lo hizo su padre y hasta le dedicó una llorona canción. ¿Teme que la historia se repita?”.
Los hijos de Isabel Preysler.
“Son diferentes caracteres. Enrique era el más tímido y muy parecido a mí, Julio José rompe el mundo por comunicador. Aunque cueste creer mi timidez. Para todos fue una sorpresa que Enrique cantase. Su triunfo es imparable en todo el mundo. Mis hijos son muy diferentes y respeto cuanto hacen”.
“¿Incluso el misticismo de Tamara o su nunca confirmada intención de hacerse monja?”.
“Todo. Cuando le pregunté qué era eso de querer ser monja, me contó sus dudas. Pero no creo que sea lo suyo y le dije que lo pensara bien. La apoyaré si decide hacerlo, cosa que dudo. Hemos aprendido a respetarnos unos a otros. Que hagan lo que quieran para ser felices. Julio José insiste en lo del canto, pero no lo veo, comparando con los millones de discos que venden su hermano o su padre”, una opinión que acompañó con expresivo gesto de balanzas arriba y abajo. “Ante eso yo me hubiera dedicado a otras cosas. Pero a él le gusta, y sigue empeñado en conseguirlo”.
“Reconoce estar obsesionada con iluminar la cara, usted, que es icono a veces polémico. ¿Recomendaría sus cremas revitalizantes a Julio Iglesias, una piel que usted conoce bien de tanto usarla?”.
“Él no lo necesita. Le sobra luminosidad”. Y noté retintín en sus palabras y tono. Pareció más esfinge que nunca.
“Pues parece muy cascado físicamente, y siempre del perfil derecho”, objeté. Acaba de comprobarse en fotos de San Valentín. Deprime verlo, sobre todo a cuantos compartimos sus años de mas truhán que señor.
“No creo que Julio necesite mis cremas. Yo le veo bien para la edad que tiene”, serán 72 el 23 de septiembre.
“¿Está dispuesta para una próxima relación?”.
“Ni soñarlo, aunque por amigas veo que rehacerse es norma de vida. Pero no, no. He vivido intensamente y ya no pido más”.
Cincuenta minutos que supieron a poco, ella que apenas prodiga manifestaciones. Lección magistral que perdurará como su inmutable y exótica cara bonita por la que parecen no pasar los años, y sin ninguna receta. “Salgo poco, no fumo, como sano y nado mucho, sobre todo de espaldas porque me operaron de cervicales. Camino 45 minutos diarios porque me obliga el entrenador. Pero no me gusta nada”.
Verónica Forqué vuelve al teatro.
Está eternizada físicamente como Verónica Forqué en el éxito teatral ahora que apenas hace cine, quizá porque engordó tras la reciente muerte de su hermano. “En Navidad fumó un porro, y se fue”, contó a María Teresa Campos, que asombra de facha incluso sin cremas Preysler. Deslumbra la naturalidad de su nuevo estreno, un hilarante Buena gente que también es denuncia y crítica de la crisis y el paro. Problemas disfrazados de humor que pusieron de pie lanzando bravos a estrenistas como Ivonne Reyes, sexy, jovial y remarcando trasero. Con Ángela Carrasco de exuberancia caribeña comentó que el Sergio del “chachachá del tren y un rico vaivén” inseparable de Estíbaliz fue enterrado con camisa a cuadros y jeans, mientras Mónica Pont, Manuel Banderas, Verónica Hidalgo, Manuel Díaz y Virginia, Feliciano López y Julio Aparicio elogiaban el aire modelador de María Forqué, hija de la actriz, todo ello ante el engordado Millán Salcedo y el creído Javier Cámara. Otros comentaban los 700 euros semanales que en Londres paga Chabelita por un dúplex en un sexto piso sin ascensor o el cambio de estética de Letizia al entregar los premios nacionales de Cultura. Acaso aconsejada por doña Sofía montada en Londres, cambió a Carolina Herrera porque la crisis llega a Zarzuela y pasmó con la imagen de Luz Casal ante un irreconocible Paco Ojeda antaño tan galán siguiendo el veto que Morante, El Juli y Talavante hacen a la feria sevillana casi en puertas.
Guerra en el mundo taurino solicitando al alcalde Juan Ignacio Zoido que si es posible cese a la empresa Canorea, que torpedea la fiesta nacional como si fuesen catalanes protestones. ¿A que me estropean la feria? Como si la ausencia de Cayetana siempre jaranera no provocase ya una buena espantá.



