Guerra de atuendos en la gala de Antena 3

10 / 02 / 2015 Jesús Mariñas
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¡Gracias!

El impecable esmoquin con solapa chal rasada de la Reina y el más regio de Ana Botella contrastaron con el más desenfadado de Susanna Griso.

Van a la carrera y no lo disimulan. Están en campaña y no lo esconden. Aprovechan cualquier acto para hacerse notar. Se constató en la celebración de los 25 años de Antena 3 ante el alarde engalanador de Esperanza Aguirre, mientras el socialista Antonio Miguel Carmona, sin soltar la mano de su esposa, fue incansable promocionándose. Rosa Díez, con la sonrisa como perenne tarjeta de presentación y bajo negro descotado “de toda la vida”, era felicitada por ser implacable y hasta feroz con los sinvergüenzas cinco estrellas de “las tarjetas negras”.

“Gracias a nosotros, irán a la cárcel esos 80 desaprensivos”, se ufanó, mientras el admirado Pedro Sánchez parecía sonrojarse –¿aún?– ante los piropos, alabanzas y lindezas más a su físico que a su entregado cargo de secretario general. No perdió la sonrisa ni cuando lo alertaron sobre Susana Díaz con un “ojito con ella, no es lo que aparenta”. El guaperas secre sonrió casi quitándole importancia: “Dejadla hacer, yo sigo en lo mío”, y con tal firmeza casi conmovió a los admiradores Carlos y Kike Sarasola, sociatas desde que su padre era íntimo de Felipe González.

El jinete y su guapo marido canario andan preocupados “porque hay muchos problemas para tener dos nuevos hijos con vientres de alquiler”, suspiraron acentuando la marcial informalidad de chaquetones marineros de siempre con bocamangas ribeteadas en terciopelo multicolor. No quitaron ojo en auténtico repaso, había de todo: desde los impecables esmóquines con solapa chal rasada de Letizia y Ana Botella al aparentemente más desenfadado con aparatosa pajarita de Susanna Griso que, aunque cuarentona, va de veinteañera.

Un look impecable.

Mientras resultó impecable el de la Reina con body de raso y escote cuadrado o el sautier perlado hasta la cintura de la alcaldesa en un estilo muy ancient régime, era óptima imagen de regidora entonando el “adiós a la vida oficial”. Añoraremos su curtido estar de vuelta. Al menos eso destacaríamos tal cantaoras las desnudas sandalias rojas –apenas dos tiras– de la presentadora matinal. Eran inaceptables bajo el frío madrileño y propios de cóctel ibicenco, noche en la Costa Brava o cachondeo marbellero. No, no, y mil noes podían leerse críticos en caras reprobadoras de semejante desliz ante los altísimos stilettos negros con punta granate de Su Majestad o los salones en raso de medio tacón de la señora Aznar.

La rubia no evidenció la elegancia catalana pero sí lo hizo Columna Creuheras bajo azul azafata mientras relució más en adecuado body de pedrería verde Brenda Díaz. Sobresalió como anfitriona perfecta inmortalizada por el histórico Maurizio Carlotti, mientras la señora de Silvio González contaba cómo ha sido su último viaje por la amazonia peruana “espantando mosquitos durante cuatro días de navegación en torno al Iquitos”, tan emblemático para Mario Vargas Llosa con más suerte en sus experiencias personales que versioneando teatralmente a Bocaccio, ya les contaré. “Aun así resultó maravilloso”, concluyó todavía extasiada. Brenda recibió exquisita y bellísima como esposa de Silvio González, que tuvo un emotivo recuerdo para el desaparecido Antonio Asensio, que también fue presidente de Antena 3, y que allí mismo escuchó con agrado su hijo y sucesor Antonio Asensio Mosbah, que estuvo al lado de su mujer, Irene Salazar. Junto a ellos destacaba la estupenda Chantal Asensio, acompañada de sus hijas, Jennifer y Jessica que, “a la última”, lució el único turbante de la noche, chic reimpuesto en las reuniones de Nueva York, y bien lo demuestra Naty Abascal evitando ir a la pelu.

Los Sarasola abren nuevo hotel en el animado Ocean Drive miamero con la calle 2. Siguen teniendo el apoyo financiero de la hija mayor de Amancio Ortega y Rosalía Mera, confirmaron a Ramón Freixa –que levanta el comedero del Teatro Real donde Arturo Fernández impagó al personal presidiendo a los empresarios, ¡toma ejemplo!– con un Lorenzo Caprile ufano bajo blazer de camel grueso que le costó “50 euros en Portobello, es una pieza”, exaltó sin comentar el atuendo de Letizia con el pelo en trenzas haciendo recogido alto. Así resaltaban los pendientes lámparas de brillantes. Cegaban con su tintineo y se la vio relajada ante tantos compañeros de fatigas superadas. El cáustico José María Carrascal, de colorida corbata con un equilibrista, sin duda reflejo de lo que pasamos. O un Maurizio Carlotti incesante haciendo selfies tal el juvenil y creído Maxi Iglesias preguntando al teléfono lo de “¿quién es el más guapo del reino?” y ya superado por Miguel Ángel Silvestre. Era galán prototípico al lado de la estilosa Marta Torné. Mientras Maxi y Miguel Ángel Muñoz, al que vi crecer hasta cuando, quinceañero todavía, su mamá Cristina Blanco vendió su romance marbellí con la aún incauta Belén Esteban.

Mientras el duque les encanta como Pedro Sánchez, ellos no pasan la barrera. Y menos aún el no sé si corto o tímido Jesús Castro, último guaperas incorporado con El Niño. Deberíamos resucitar a Carlos Larrañaga, como en la fiesta hicieron con María Garralón añorando Farmacia de guardia para unas lecciones magistrales de seducción. Está por escribir su dilatada e incontada historia sentimental y hasta lo que tuvo de montaje lo suyo cuando Cary Grant se enamoró de él haciendo Orgullo y pasión. Podría asumir esta revisión histórica, material no me falta porque fui su “hermano” cómplice y hasta celestino desde la mañana del 26 de diciembre en que, amadrinado por María Fernanda Ladrón de Guevara, maridó con María Luisa Merlo en la madrileña iglesia de San José a la que en su primer embarazo no dejaba de masajear los pies en fricción. Le encantaba.

Acabaré poniéndome tierno como algunos asombrados ante el cambio de Teresa Viejo, jefa en aquellas mañanas radiofónicas creadas por Antonio Asensio donde empezó el conde Lequio que tras morir su madre hereda un pastizal que incluye joyas históricas de su bisabuela Victoria Eugenia. Ella fue vendiéndolas en vida y las esmeraldas regalo de la emperatriz Eugenia acabaron tras subasta en la corona imperial de Farah Diba, a saber dónde estarán. La rubísima Teresa superó su ruptura de Marcos de Quinto, nuestro hombre en Coca-Cola mundial y mecenas de premios como los teatrales Valle Inclán de Anson. Ella lo olvida escribiendo novelas de éxito como hace María Teresa Álvarez –¡no se pierdan La indiana!–. Aunque para folletín daría lo de Lolita Flores y Pablo Durán. Me soltó que después de once años juntos, no descarta volver tras la ruptura, el cubano aprovechó su pena anunciando a Massimo Dutti. Lo hizo con Colate, Alejandra Prat e Irene Villa, que en abril vuelve a parir. Algo a lo que acaso también se atreva un Guti refeliz con Romina. Recuperó su juvenil imagen de ídolo-niñato, un look incómodo en el machista Real Madrid de entonces. Luego aguantó los excesos de David Beckham y ese Cristiano Ronaldo contundente jugando y de cejas depiladísimas que recuerdan a Rodolfo Valentino. Y si no, vean El hijo del caíd.

Rostros míticos y actuales.

En lo de Antena 3 hubo más remember y nuevas incorporaciones donde nadie entendió lo de la cartera atigrada de la rancia María Dolores de Cospedal cual señorona –o quizá señorío, no exageremos– toledana. Frente a las veinticuatro cadenitas hasta la cintura de la deliciosas pero imprescindible Soraya Sáenz de Santamaría sin los escotes que tanto realzan su poitrine, tal hizo Irma Soriano llevando en su traje naranja un triángulo con el logo de Antena 3 por si movía corazones o contratos.

Llevó Cospedal modelo contundente y antiguo como el mazapán frente a la gasa azul rameada en plata de Julia Otero. Conmocionó verla llegar del brazo de Carlos Herrera, detalle que me volvió a cuarenta años atrás, cuando casi se casaron y todos, Encarna Sánchez y Nuri incluidas en aquel bollo profesional, estábamos en Radio Miramar de Plaza de Cataluña cuando Luis del Olmo resolvió ganar el dinero que no le daba Radio Nacional. Fue una buena escuela de donde salieron Herrera y Parada, luego figuras. Me impactó el acierto de Laura Pamplona encuerada en prestado negro Loewe –“y eso que he venido en metro, un sofoco”–, y el gallego bellezón de Silvia Jato, verdísima como nuestra tierra meiga. Superó al juez traumatizador y anda “matada” porque cada día va y viene a Santiago “para hacer la mañana televisiva”, protestaba como Paula Vázquez porque “mi pelo quedó muy rojizo tras teñírmelo ayer”. Animé el encaje de Belinda Washington que fue renovadora, la maestría de Ana Rosa, dulce hasta cuando, perversa, mete el diente tutelada por un adelgazado Juan. O Joana Bonet, insuperada en las fiestas que Marie Claire daba en la embajada francesa por donde pasaron de Linda Evangelista a Isabel Preysler, que ha cabreado a Maribel Yébenes y las Mashume, conservadoras de ese tesoro de eterna juventud que supone su cutis aporcelanado. Lanza su propia cosmética. Arrasará y entre sus primeras adictas estará la bellísima Carmen Martínez-Bordiú, a la que vi preguntándose ¿qué hace una chica como yo en un sitio como este? Me pareció descuidada, ausente y tristona, acaso un efecto del intencionadamente deshilachado abrigo en tweed blanquinegro, acaso del Lagerfeld tan deformador y rehaciendo el estilo Chanel. A su hermano Jaime pregunté por la duquesa de Franco. “Con 88 años recién cumplidos, está imparable. Llega de Miami y marcha a los Emiratos”, precisó con más kilos que hacían sobresalir su camisa de gentleman, mientras Soledad Becerril semejó tan descolgada como su blusón, igual al naranja de Nuria Roca.

Antena 3 sopla las velas.

La defensora mostró el mismo distanciamiento de Zapatero ante un exultante García Escudero, el muñidor Jesús Posadas, Ignacio González confiando en repetir y Esperanza Aguirre mostrando la excelencia de su solemne traje largo en terciopelo verde. Lo entonaba con uñas de igual tono apenas prodigadas por “las señoras bien”, que se las pintan transparentes.

“Aunque, mira, las de los pies son azul marino, que me han dicho que se lleva el contraste. Lo bueno del vestido es que solo me ha costado 50 euros”, alardeaba como Cristina Pedroche, que se lo ha creído, exhibiendo desafortunada espalda al aire reprobada por Letizia. No da la talla y va de sexy. Galanes eternos aparecieron como Jorge Fernández, Manel Fuentes bajo pelo corto y Jaime Cantizano temiendo haberse pasado en el autobronceador. Mientras el ministro Wert recuperaba el abrigo camel ya usado horas antes para el estreno de Vargas Llosa aliñando a Bocaccio. Inexplicable con lo bien que fabula. Ahí está La casa verde, de donde salió la Chunga hecha por Nati Mistral y luego por Aitana Sánchez-Gijón, que decían que parece haber sorbido el seso al estilizado Nobel. Escamó la ausencia de su esposa Patricia, quizá con la fastidiosa gripe.

“¿Le parecieron interminables las apestosas –de peste florentina– dos horas veinte sin descanso, señor Wert?”. “Como ministro de Cultura, no puedo opinar...”. “Pues bien que lo vimos, mirando el móvil durante la función como hizo Ana Botella”. “Pero solo un par de veces”, detalló para no soltar lo que realmente aguantó. Se vio claro que no está en campaña.

Dejé el tema porque Carlos Herrera retomó a Yolanda González, hermanísima de Nuria, y todo volvió al amor que protegen y sin poder aguantar más hace cuatro años dejó a Mariló, la del había una vez un circo.

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