Goyanes pagó 75.000 pesetas para que desnudasen a Marisol

05 / 06 / 2009 0:00 Jesús Mariñas
  • Valoración
  • Actualmente 3 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 3 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

Dos programas televisivos resucitan y deforman la figura pública de la cantante. Ella calla y su primer marido prefiere olvidar lo ya superado.

Marisol fue un rayo de sol que ahora, desmemoria histórica, pretenden empalidecer. Dos programas televisivos la han resucitado, actualizado y devuelto a la palestra. Pero deformando. Sin apenas investigación y suponiendo o imaginando más que confirmando. Ella, retirada en Málaga, no habla, y el que fuera su esposo, Carlos Goyanes, prefiere olvidar lo más que superado. Recuerdos, vivencias y convivencia archivados sin rencor. De ahí que haya chocado el planteamiento dado al mini serial que reconvierte lo que fue infancia relativamente feliz en memoria adulterada donde cualquier parecido con la realidad es pura ficción.

Parece el sino de la historia actual siempre reescrita, algo detestable cuando sus protagonistas siguen vivos o coleando. Ante la impasividad de la actriz y cantante, que lleva cuarenta años retirada –prueba evidente de que ganó suficiente para jubilarse cuando le vino en gana, y así sigue- la verdad no responde a una explotación por parte de su descubridor, Manuel Goyanes, destino de niños prodigio llevados al cine, desde Shirley Templeo Joselito. Más bien hubo aprovechamiento, condescendencia y participación de sus padres, gente muy modesta en el caso de Marisol, ya que su progenitor era empleado en una tienda de ultramarinos.

“Pero a los tres años ella ya les había comprado en Málaga una finca de cuatrocientos metros, además de una furgoneta para facilitarle el trabajo”, me cuenta un Carlos Goyanes dispuesto a clarificar sin necesidad de reivindicar. Marisol ya sólo es para él un traspié de aquella loca juventud que Marisolpresentó como icono artístico del franquismo. Con Gades vendría su afiliación al Partido Comunista y posterior apadrinamiento marital de Fidel Castro.

Decisiones erróneas

El bailarín no sólo la cambió y politizó, también intervino en su carrera, que dio un giro equivocado hasta que llegó el prematuro retiro ante el fracaso de sus tres últimas películas, ya sin su productor suegro, que resultaron fiascos: La chica de El Molino, La corrupción de Chris Miller y un filme sobre los maquis que hizo unida a Gades, igualito que el primer recital donde le encasquetó un esmoquin que usaba en galas estivales al aire libre, oliendo a fritura del parque de atracciones de Benalmádena. Paco Gordillo tuvo que intervenir, mudar y transformar para que funcionara su nueva etapa como concertista. Por entonces Marisol cobraba la cifra récord de tres millones de pesetas en cada actuación, mientras Rocío Jurado, que aún no era estrellón, se conformaba con medio millón.

“Mi padre, que había producido películas de culto como La venganza o Calle mayor, descubrió a Pepa alertado por mis hermanas. La habían visto actuar con los Coros y Danzas de la Sección Femenina –otra historia por descubrir y recolocar, es fácil desvirtuar medio siglo después- y quedaron impactadas con su telegenia y simpatía. Por su primera película le pagaron 125.000 pesetas, el doble por la segunda y 300.000 por la tercera. Fue un descubrimiento y ella y su madre se instalaron en nuestro piso madrileño –de María de Molina 3, también Lola Flores e Isabel Garcés–, al punto de que mi hermano Tito perdió su habitación para ocuparla ella. Y ahora salen con que vivía en un cuarto oscuro y dando a un patio”, Goyanes no se indigna en la rememoración presentada como escena de Oliver Twist. Andan sobrados de imaginación y recurren al claroscuro para enternecer sin importar la autenticidad: “Nos casamos por cabezones ante el rechazo y desconfianza de nuestros padres. Además de sabernos abocados al fracaso, y así fue porque sólo duramos dos años, veían que el negocio peligraba. Era un temor compartido por mi padre y los de Pepa. Ella tenía 21 años y yo 24”. Pero ya estaban curtidos sentimentalmente, ella no era la pudibunda en que la han convertido tras tontear o relacionarse con Juan Pardo, Ramón Arcusa, Antonioel bailarín, “cuya homosexualidad pública producía escalofríos a los nuestros”, Luis Ortiz o hasta Miguel de la Quadra-Salcedo, al punto de provocar un rifirrafe público entre la cantante y la actual esposa del conductor de Ruta Quetzal.

“Al año de casarnos, estando en Ciudad de México, Marisol va y me dice: ‘Tenemos que separarnos porque estoy enamorada de Joan Manuel Serrat’. Lo superé como pude, de allí marché a Nueva York, donde estaba Luis Ortiz -aún pareja de Gunilla von Bismarck–, y solicitamos la anulación. Hubo reparto, dividimos al 50% lo cobrado al vender el piso, escogimos entre los regalos de boda, firmamos y luego nos fuimos a comer con nuestros abogados. Todo muy civilizado y sin desmelenes. Y así sigue”. Luego Carlos remató con una Cary Lapique que le dio dos hijas, mientras Gades hizo madre a Pepa Flores, algo que pareció imposible durante su matrimonio con Goyanes.

Compaginaron unión con sus respectivos amoríos: “Al renovar contrato con mi padre ya iban al 50% de ganancias. Las películas eran un chorro de oro y Marisol interesó en Italia, que nos propuso una película con Alain Delon, entonces en la cumbre. Para eso encargué a César Lucas las famosas fotografías del desnudo, pedían un book sin ropa y a Pepa no le importó hacerlo. Pagué 75.000 pesetas de mi bolsillo y años más tarde fue publicado por Interviú. La película no llegó a realizarse porque la rechazó Delon, pero Pepa estaba dispuesta. Entonces vivíamos una afición compartida por el cine de Antonioni y gente parecida, nada que ver con las bobadas que ella protagonizaba”.

No sólo Goyanes clarifica, también Jaime Azpilicueta, que dirigió su única intentona teatral, siete años después de que Rocío Dúrcal, su única competidora, lo hiciera con Carlos Larrañaga en Un domingo en Nueva York. Para Marisol –ya Pepa– escogieron Quédate a desayunar, donde Camilo Sexto escribió la banda musical. Ensayaron durante ocho meses y su boom cabreó al gran José María Rodero, su compañero de cabecera. “Era muy disciplinada y no se cansaba de experimentar”, evoca Azpilicueta, igual que el Paco Gordillo catapultador de su etapa dando recitales cuando la niña prodigio se transformó en estrellón rutilante de voz ronca. Ahí triunfa Tu nombre me sabe a yerba, delSerrat sentimentalmente olvidado tras estar encerrados una semana en la casa de Bagur que les cedió Colita. Pero el noi la abandonó para reencontrar a una modelo sueca a la que había dedicado Conillet de vellut. Al año y medio de romper con Goyanes se lió con Gades. Herida, fue dando tumbos.

Estreno musical

Aclaraciones que encajan con el nuevo espectáculo que abarrota la cartelera madrileña. Durante tres horas 50 años de pop español revisa medio siglo de luz y de color. Tómbola nació en los 60 del pasado siglo compitiendo con Un rayo de sol –de Los Diablos-, Help, Cuéntame, Mammy Blue o Las flechas del amor que sigue explotando Karina, con más kilos y decepciones encima. Y no se queja cual Marisol o esos semibiógrafos que la pretenden virgen y mártir. Público estrenista a tono con la melancolía escénica; desde una rutilante Mae Dominguín a la caza y captura de cuarto marido –su hija Diana acaba de casarse con el mayor del ex ministro Reguera Guajardo, son felicísimos, y ella repite tras acabar mal con un Trapote– a la Marily Coll que semanalmente arrepolla la indumentaria de Carmen Sevilla en Cine de barrio, siempre pródigo y aburriendo con tanto Manolo Escobar o Martínez Soria. Como si nuestro cine empezara y terminase con ellos. Luis Aguilé, autor de canciones del verano como El tío Calambres, impuso su nombre a una butaca del Reina Victoria, siguiendo el estilo de Enrique Cornejo. Perdió casi treinta kilos y parece el mozalbete argentino que llegó cantando Dile. Pero llovió, reconocían ante una Marlene Morreau adelgazada hasta de sentimientos: “Tras dos años felicísima, he roto con mi novio. Ya no nos soportábamos”, suspiró cual Betty Boop desde sus opulencias cárnicas, distanciándose de una aterciopelada Carmen Sevilla, parece que en horas bajas.

Lo apreciaron los duques de Aveyro, festejando trece años de felicidad conyugal, mientras sobresalió la capa madrileña ¡pero en lana blanca!, de la señora López Royo. La firmaba Seseña, constató un Juanito Navarro que no logró convencer a Lina Morgan para que retorne a los musicales, donde fue reinona insustituible: “He vuelto a formar compañía de revistas a la vieja usanza con Miguel Caicedo –me dijo–. Con risas no hay crisis es el título de nuestro espectáculo, pero no cejaré hasta lograr el sí de Lina. Tiene miedo a reaparecer y económicamente no lo necesita”, aseguró ante un Juan Losada, yerno de Esther Koplowitz, que mostraba en fotos a su hijo recién nacido. Insiste en su bohemia por encima del confort y seguridad matrimoniales. Admirable, encomiaron ante un Jaime Ostos pegado a Mari Ángeles Grajal con flequillo muy a lo Gelu. Emoción ante un ayer escenificado. Y mientras Carla Royo Villanova, Mari Ángeles y Marian Camino, Francine Gálvez y Mercedes Milá apoyan la campaña Avene contra el cáncer de piel en su décima edición –lucha promovida por Antonio Cano, que recomienda protección antisolar del 50-, Elena Furiase debuta como reclamo publicitario anunciando zapatillas y un coro de entusiastas aplaude la dedicación promocionadora de Fran Rivera Ordóñez anunciando cinturones y camisas, torero-anuncio que no gana orejas pero sí adhesiones y halagos ante su imagen recompuesta. Repeinado y encorbatado, apenas posó, más bien pasó para departir con Giovanna Marone, Ana Castor, las hermanas Amalia y Begoña Zunzunegui, José María Mohedano, Luis del Valle, Gloria y Ángel Barutell, Fernando Martínez de Irujo, Lulu y Miguel Quintanilla, Álvarez del Manzano, la embajadora marroquí, Paola Dominguín, la espléndida Kika Aparicio, David Delfín con su novio Gorka, Marta González Postigo, Cristina de Hohenlohe o Alejandro Ballester con Beatriz de Orleans. Es publicidad impensable en el lógicamente protestón José Tomás, también en maestros de pureza y arte como el abuelo Ordóñez, Curro Romero o Enrique Ponce.

Y mientras Rivera abarata su imagen llenándose el bolsillo, mantiene equívoco provechoso –o más bien aprovechado- sobre su relación o no con Elizabeth Reyes, una miss España de escaso impacto. Rebajón o caída en sus pretensiones sociales tras la duquesa de Montoro y Blanca Martínez de Irujo. Y esto precisamente era el cogollo de cuanto se comentó entre cinturones y camisas que eran de once varas.

Grupo Zeta Nexica