Eugenia reaparece para sir Elton John

28 / 07 / 2015 Jesús Mariñas
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La duquesa de Montoro mantiene una relación con el actor José Coronado, once años mayor que ella. A la aristócrata no se le conoce pareja estable desde su última relación con Gonzalo Miró. Es el romance del verano.

El ya clásico músico inglés convertido en sir por real decreto, y así lo anuncian aristocratizando el pop, atronó el majestuoso pero grisáceo Teatro Real. Aunque sentados en últimas filas de platea igual que Joaquín Prats, ensordeció a la estupenda Anne Igartiburu, inédita bajo gafas de miope, y a un Manu Fuentes desenfadado y cómodo con camiseta negra mientras otros –y sobre todo otras– aun estando a 36 grados se engalanaron de lentejuelas como para función operística habitual en este coliseo madrileño. Público despistado y vestimenta variopinta, oídos ensordecidos por un desaforado volumen más del Palacio de los Deportes o estadios olímpicos. La televisiva rubia –con el mismo pelo cortito pero de raya cambiada y variadora– se quejó: “Es insoportable”, reconoció molesta ante Joaquín Prats, que el 11 de agosto debutará como comentarista deportivo tal su inolvidable padre, rematando lo variopinto de su profesionalidad. “Él siempre me decía que, hagas lo que hagas, hay que entregarse. Lo intento”, admitió mientras le decían que en las mañanas de Antena 3 sustituyendo a Ana Rosa “se come” a una Sandra Barneda menos dúctil y comunicadora. Tal acierto hizo suspirar a la estupenda Cristina Cifuentes, hincha de sir Elton. Tarareó sus canciones asegurando que “este verano no haré vacaciones. En la presidencia comunitaria hay mucho que ordenar”. Y al subrayarlo arrancó suspiros de Marisa González, un ángel de la guarda que anteriormente ya ejerció de tal con el menos simpático Alberto Ruiz-Gallardón del que cuentan que, si se cabreaba, hacía volar las guías telefónicas.

Las memorias de Amador. Lo recordaban sonriendo como Rocío Carrasco los chascarrillos descalificadores que generan las memorias tan desmemoriadas de su tío Amador Mohedano. Ella se desmarca y no entra al trapo. Admirable postura viendo cómo la trincadora parentela se está cargando el mito de Rocío Jurado: “Es que Amador no dice una verdad en lo que cuenta para Semana”. “En el último capítulo exalta a tu tata y servidores de tu madre, pero ni nombra a Juan de la Rosa. Hay que ver...”, me indigno ante semejante menosprecio hacia quien tanto y tan bien tuteló el régimen interno, situaciones tensas, cuidado de la niña y secretaría de la más grande.

Ojalá el hermanísimo revele quién traicionó a la Chipionera la madrugada alegrísima de Ortega con el “estamos mu a gustito” o vendió a Rocío con rulos vistiéndose en Yerbabuena para segundo romance de valentía con el matador cartagenero. Rememoré repasando el despiste o contradicciones indumentarias del personal rendido a Elton como Ibiza no lo hizo hace tres veranos cuando, ante el Café del Sol y su crepúsculo tan admirado, solo logró vender un cuarto de las entradas al concierto organizado por Pino Saloquio. “Casi te arruinaste”, le recordé y minimizó tal perdida: “No era el sitio, fue en mala hora, al aire libre y en época equivocada”.

En el Real estremecieron hasta sus cimientos, fue enorme la resonancia como algunos desfases que iban del recargamiento de brillos al jean con chaqueta de Belén Rueda o el cómodo clasicismo del negro, en tarde asfixiante, como Nieves Herrero o una Maribel Verdú frustrada con actitud y postura de diva trasnochada porque, mientras hacía antesala para el photocall, apareció Eugenia Martínez de Irujo y concentró la atención periodística pasando de la actriz nunca afable con los medios, mientras Gemma Cuervo estuvo fácil y accesible. Marchaba de veraneo a su casa malagueña, comentó ante Bimba Bosé pasmada del entusiasmo levantado por la duquesita de Montoro. Lució delgadísima bajo conjunto de mini short y blusón bordeado en croché blanquiazul, diseño de Teresa Albing.

Pareja por sorpresa. Su romance con José Coronado, once años mayor, desbanca el casi anciano de Preysler y Vargas Llosa. Pero sobre enormes plataformas forradas en pitón –lagarto, lagarta– Maribel fingió no enterarse de cómo pasaban de su altanería de facciones huesudas. Se endurecieron más ante el bullicio por la reenamorada duquesita. Recibía ovaciones y se repetían las felicitaciones: “Es un regalo de tu madre desde donde esté”, la abracé y se conmovió más de lo que ya está bajo un envidiado estado de gracia. No se le conocía relación desde Gonzalo Miró. Entusiasmó, y no por llegar acompañada de su hermano Carlos, nuevo y adelgazado duque de Alba como Nieves Álvarez lo hizo con Nuria González. La modelo mantuvo estudiado gesto alicaído perenne tras su ruptura matrimonial después de once años y dos hijos con el fotógrafo italiano al que atribuyen relaciones con una bloguera. “Pero es que ella estaba harta de cargar con todos los gastos y responsabilidades”, comentan sus íntimas.

Sir Elton John demostró que sigue siendo uno de los grandes, luciendo levita azul que lanzaba chispas y rebrillos superiores a los enormes diamantes que llevaba por pendientes: su repertorio iba desde el rítmico Bennie and the jets al melancólico Candle in the wind, homenaje a Ladi Di, su íntima. Impactó en su nostalgia y emocionó a una imponente Pilar Rubio recurrente al negro. Remarcaba su gravidez, en noviembre vuelve a ser mamá. Viene niño:

“Me habría encantado que fuesen gemelos, para así cerrar el cupo”, bromeó contando que llegaba de la Costa Oeste norteamericana. “La conozco muy bien porque voy cada verano, pero era nueva para Sergio. Le encantó en su despreocupada forma de vida. San Francisco le entusiasmó y se volvió, loco en el cañón del Colorado. Este verano apenas nos moveremos”. Evitó el tema Casillas. “Nos llegó de refilón, apenas sabemos qué pasó”. Demostró prudencia cuestionable como José Manuel Soto rendición ante la música genial y Boris atrevimiento indumentario con traje de Valentino de enormes florones sobre azul, superior incluso a la chaqueta de esmoquin blanco y cuello chal de Miguel Bosé, con sorprendente melena rubia resultado de su reciente gira hispanoamericana.

Chocó tanto como el encanecido pelo ondulado de Fernando Solís, marqués de Valencina. El mayor de Carmen Tello, con camisa vaquera por fuera del pantalón mientras su hermano Kike lució ritual blazer de granito blanquiazul. “Es un hombre a una chaqueta pegado, sin ella se siente desnudo”, observaron ante su apostura que encandiló a Tamarita Falcó mientras Vicky Martín Berrocal exhibió anchuras XXL. Desborda lo de “talla grande” o “king size” que la convierte en enorme morenaza de la copla para las supergordas de Mango. No se le escapó a Camen Lomana en piqué rosa contrastado con restos del bronceado caribeño de Supervivientes. Es consciente de cómo su prodigalidad trepadora le restó méritos, cavila entonar un inteligente mea culpa rehabilitador, prometió sin quitar ojo a la voluminosa falda acampanada de Marta Hazas ni al cuello halter salmón de Genoveva Casanova. José María Michavila pasó a recogerla pero evitó al tronante sir inglés: “Me voy con los niños de vacaciones a México. Mi madre ya está mucho mejor”, anticipó risueña superados sus años de condesa de Salvatierra cerca de un Ramón Freixa de moda en los fogones capitalinos. Estaba con Cecilia Gómez y Emiliano Suárez con sudada camiseta al lado de Mónica Martín Luque, envidiada por su transparente pijama de gasa similar a los volantes rosados de Fabiola Toledo.

El restaurante más caro. El cocinero pidió mi opinión de las cenas a 1.500 euros por persona que duran tres horas, para doce comensales por turno que Paco Roncero ofrece en esa loquilandia estival que es el Hotel Hard Rock ibicenco de los Matute, un invento de su hijo mayor, “mejor continente que contenido”, resumí. Están en el corazón de la alzaprimada playa de En Bossa y compite con Usuhaia donde el “chunda chunda” rítmico empieza a las cinco de la tarde. También es de la family, ya rival de Pachá y Amnesia y el inmediato Espace, donde a una redactora de TVE le prohibieron entrar porque rebasaba los cuarenta. Increíble. Roncero, apoyado por Land Rover, compite con lo ideado por Ferran Adrià asociado con el Cirque du Soleil. Aúnan gastronomía, show y música como Roncero con cuarenta camareros que crea como un ballet culinario con más entorno que contenido degustador. Ya son reclamo imprescindibles del verano isleño.

En una vitrina del inacabable vestíbulo del Hard Rock exponen un traje en terciopelo azul de mosquetero que Elton usó en 1970. Compite con una camisa floreada de Elvis sobre ancho cinturón de lamé dorado, la armónica de Bob Dylan, un colorista y cancanero emplumamiento de Bette Midler o el contraste de gasas de Rihanna en palabra de honor semejante al estampado de Rocío Carrasco sobre plataformas azules. Era muy de cóctel, adecuado al calor parejo al atuendo juvenil de Cristina Cifuentes en camiseta negra marcada con enorme 4, la emblemática coleta y unas maneras políticas y estéticas infrecuentes en el PP, generalmente tan rígidos y almidonados como algunos fans de Elton John.

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