Bárbara Rey descubre que Paquirri sólo jugó con Lolita
Bárbara Rey desvela, a su modo, aspectos inéditos de su relación con Paquirri.
23/03/07
Es buen tiempo para resucitar, aunque aún no estamos en Semana Santa. Preparan sus vísperas lo mismo exhumando cinematográficamente parte de lo más sórdido de Lola Flores que sacando al aire lo que de verdad hubo entre Paquirri y Lolita. Tema para más de una copla o pasodoble –¡ay pena, penita, pena!– como esa Pantoja siempre en el ojo del huracán y más ahora, con el agravamiento de Julián, su firmeza en no volver a visitarlo y tras recibir de golpe cuarenta discos de platino. Todo parece una estrategia relanzadora de marca y garbeo escénico siempre empujado por el José Luis Moreno que lo disfraza de fervor y admiración.
Porquería
La copla en carne viva, hasta yo me estremecí cuando la otra noche Bárbara Rey me desveló aspectos inéditos de su relación con Paquirri y también de alguna adosada tal Lolita. También daría para triángulo o casi cuadrilátero pugilístico, no hay que mirar para atrás porque nos salpicaría la porquería:
–Él sólo se entretuvo y jugó con ella, que lo acosaba. Y Francisco no admitía semejante persecución. Muchas veces cuando estábamos juntos telefoneaba la otra y él ponía cara de agobio. Cuando impensadamente, y para darle sorpresa, se le presentaba obsesiva en Cantora. Francisco era un hombre de los pies a la cabeza y le gustaba manejar la situación y relación, algo que Lolita nunca entendió. Él la consideraba como una hermana –curiosa manera de querer ésta de ir tras él cuando su íntima Carmina le dejó el camino, o más bien la cama, libre. Primero lo montó con el padre ya separado, pero quedó en intento. Luego también tonteó lo que pudo con su hijo Francisco, esa historia la sé bien por la propia Carmen Ordóñez que está en los cielos.
Consagración
Bárbara descubre historia a su modo y deja con el culo al aire a quien nunca fue rival, personajillo con que Miguel Hermoso cierra su película sobre La Faraona, auténtica consagración de Gala Évora, la sobrina de Sanlúcar y ex cantante de las un día rompedoras Papa Levante. Recrea con más propiedad y convicción que si fuera una de sus dos hijas, hasta tiene extraordinario parecido físico que incluso hace malpensar. El destino se divierte porque aunque esconde cómo Lola arrastró con Biosca cuando él estaba en su luna de miel y se lo llevó a México enzarzados en incontenible pasión, no obvia las maneras frívolas, deshumanizadas y trepadoras de Lola para colocarse. Lo hizo primero engañando al padre de Paloma Segrelles, socio del entonces marido de Nati Mistral, Joaquín Vila Puig, le pagaron el primer espectáculo con Caracol, y ya lo transformó en costumbre. Hubo hasta cinco ovaciones a la estrella recién aterrizada, a ver cómo encarrila su carrera después de trabajo tan personalísimo e irrepetible, en noche madrileña pródiga en famoseo; los repartos de series televisivas son la nueva mina aportadora de caras jóvenes. Aunque deslumbró la veteranía de Kiti Mánver, inefable encarnando a Mari Paz, la de “debajo de la capa de Luis Candela”, frente a un desamparado Luis Fernando, a quien ni saludó su ex Carolina Cerezuela de pechuga sobresaliente tras los tirantes de un pichi corto, mientras Sergio Peris-Mencheta hizo sonreír en su sobeo a un reportero de CQC:
–¡Basta de mariconeo y posar! –le urgió un gráfico ante el huidizo Manuel Alexandre, qué no sabrá tan veterano de glorias pasajeras, Teñu de Hohenlohe de vista recuperada tras desprendimiento de retina, una Paloma Gómez Borrero aterciopelada hasta de capa anunciando “que es muy rápido el proceso para santificar al Papa Juan Pablo; auguro que no habrá beatificación sino canonización y quizá sea santo antes de dos años”, anunció ante un Capi que entró receloso y acabó dándole vivas a Gala:
–Es una revelación –anda adelgazando y no porque Challo Mohedano no funciona musicalmente como imaginó. Ve peligrar los veinte millones invertidos en su disco. Lo contaba con un ay incontenible contrapunteando la entrega de cuarenta discos de platino, cuarenta a una Pantoja ejemplo de entereza y distanciamiento. En ningún momento de la rueda de prensa se citó a Julián Muñoz, acaso más por miedo o precaución ante posibles espantás que dándole respeto al caso judicial. Firme pero sin entrar al trapo, ignorando al encarcelado al que recordó sutilmente con un “los que no están siempre están porque no los olvido” –táctica evasora y nada comprometida–, Isabel dijo que su canción actual es Perfidia. Aquella de texto testimonial y oportuno. Un bolero que sonó a tango o casi réquiem:
“Nadie comprende lo que sufro yo canto, pues ya no puedo sollozar. Solo, temblando de ansiedad estoy todos me miran y se van...”
Rendición
Fijó en dos o tres años su posible retirada “para no irme ahora, cuando nos han dejado otras dos grandes”, clara alusión a Jurado y Dúrcal, a las que tampoco citó por sus nombres, y el mano a mano pareció pacto o devoción del club de fans, venga a lanzarle piropos y gritos de “¡Cómo te queremos, Isabel!”. Ella reía, más bien sonreía, ante semejante y casi bobina rendición, como en el Premio Mayte aplaudieron a la casi inédita Yolanda Ulloa, que superó a veteranos como Juan Echanove, que no pudo disimular enfado y eso que es actor, la resignada Julieta Serrano, la estupenda Blanca Portillo, que con Lola Dueñas es lo mejor de Volver por encima de la patética Carmen Maura o una Pene remendando lo de Jamón, jamón pero con más años. Aires renovadores en los más tradicionales galardones de la escena española, que también reconoció la exquisitez de Julia Gutiérrez Caba, ya le tocaba. Primero fue Mari Carrillo y ahora la última de una saga histórica. Maruja Díaz se mostró mitinera gritando incansable “¿Dónde está la ministra de Cultura?”, le faltó el matarile, rile, rile, cerca de la duquesa de Fernandina, una Eulalia Álvarez del Manzano fumando con nervios de finalista bajo gris y platas, Juanjo Alonso Millán anunciando nuevo estreno recuperador de Bárbara Rey tras veinte años lejos del tablado, el pasotismo de María Fernanda D’Ocón, Betty Missiego presumiendo de cumplir 70, Emma Penella revelando que su nueva serie no le parece tan buena como ¡Aquí no hay quien viva! porque nota mucho la ausencia de Luis Merlo. Olano quiere transformar a Maruja Díaz en Picasso con infancia coruñesa de 10 años –¡milagro, milagro!– y ella lo cree y acepta. Algo que sacó sonrisas de María Jesús Valdés que con Julia, Mari Carrillo, Lola Herrera y Amparo Rivelles ya retirada son el quinteto impecable de nuestras grandes damas escénicas. Concha Márquez Piquer bebió festejando el veinticinco aniversario de su conocimiento de un Oliveros, en silla de ruedas porque le han implantado rótula, mientras su hija Iris resplandecía de atuendo, juventud y luz propia, lo mismo que Leticia Sabater por bronceado de lámpara.
Valencia
Algo que también se vio pese al crepúsculo friolento en la recepción madrileña del American’s Cup ya en puertas, comienza en el aniversario de la República. Valencia como escenario y Rita Barberá de inmejorable mensajera que entregó a Ruiz-Gallardón “mi mar Mediterráneo, que es el mar de todos los españoles”, una manera política de hacer separatismo inteligente pero unidor. Espléndida con su mechón hacia atrás, la imparable alcaldesa valenciana, toda humanidad y simpatía, opacó a su rival presunta, la también vistosa Carmen Alborch refugiada entre las greñas reteñidas de rubio de Nacho Duato, que gana con los años, un Francis Montesinos como pasando del jolgorio y la rolliza Inés Ballester a quien riñeron por tocar la bicentenaria copa plateada de “las cien guineas”. Aunque no perdió ripio del elegante duque de Feria, ya paradigma de buenas maneras que no encuentran marco, Rafaelito se asoció para una camisería de supervips donde ya se apuntaron Manuel Cobo, Jaime Martínez- Bordiú, ahora asentado en Barcelona por cosas del amor o la recuperación, jaleados por Paloma Lago, reconvertida en esclava de pies semidesnudos, y una Mar Utrera Molina feliz de ver a la Barberá ofreciendo a Gallardón otro mar, porque él nada y guarda la ropa.
Primogénitos
Y dejando de mirar atrás con ira, Kalina y Kitín han sido padres de su primogénito, un niño de 50 centímetros al que llamarán Simeón Javier, un doble homenaje al rey búlgaro y al patrono de las misiones que tanto venera nuestro aventurero náutico o desértico. Entusiasmo en Bulgaria como en la Venezuela quintaesenciada extendida a lo mejor de Miami jalea el también primero de Luis Alfonso y Margarita Vargas mientras José Campos no acompañó a la nietísima en tal acontecimiento familiar porque el duque de Anjou mantiene postura, firmeza y dignidad en ignorar al nuevo de su cambiadora mamá.


